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En lo que antes era una esquina olvidada del Colegio Delia Zapata Olivella, en el barrio Bilbao de la localidad de Suba, en Bogotá, hoy opera Amigos de Cuatro Patas, un espacio dedicado al rescate y cuidado de animales. Este refugio, que funciona dentro de una institución educativa pública, acoge a perros y gatos víctimas del abandono y el maltrato, quienes son atendidos y cuidados por estudiantes, docentes y personal administrativo hasta estar listos para encontrar un hogar definitivo.
Lo que comenzó como un gesto espontáneo de solidaridad se transformó con el tiempo en una propuesta pedagógica innovadora. Amigos de Cuatro Patas no solo ha sido reconocido por su impacto social, sino que se ha consolidado como un modelo educativo que promueve la empatía, la responsabilidad y el compromiso a través del cuidado y la protección de los animales.
El día que todo cambió
Todo comenzó en 2013, con un gesto sencillo, pero lleno de compasión. Una estudiante encontró a las afueras de la institución a un perro schnauzer herido. No podía dejarlo solo, expuesto y vulnerable en la calle. Sin pensarlo mucho, lo entró a las instalaciones del colegio. Pronto, otros compañeros se sumaron al intento por protegerlo. Lo escondieron, cuidaron y acompañaron durante toda la jornada escolar. Al día siguiente, el perro volvió, esta vez como un miembro más del grupo.
La profesora de informática, Andrea Murcia, notó la situación. En lugar de reprender a los estudiantes, eligió acompañarlos. Aunque el reglamento del colegio prohibía el ingreso de animales, esa norma quedó en segundo plano frente a algo mucho más profundo: la empatía. Así surgió la pregunta que lo cambiaría todo: “¿Y ahora qué hacemos con el perro?”.
Decidieron adoptarlo y lo llamaron Mickey. Ese primer rescate marcó el inicio de algo mucho más grande. “Nos quedamos con Mickey hasta el final. Murió en 2018 y los niños del colegio lo despidieron con mucho amor. Fue muy emotivo. La estudiante que lo rescató está ahora en grado 11 y sigue siendo una líder del proyecto, comprometida con salvar más animales”, recuerda la profesora Andrea.
A partir de esa experiencia, la profesora Andrea, junto a otros docentes, realizó un diagnóstico en la comunidad y confirmó lo que ya se sospechaba: el abandono animal en el barrio Bilbao y sus alrededores era una problemática grave. Urgía una respuesta concreta.
Con el respaldo de la entonces rectora de la institución y el compromiso de docentes, estudiantes e incluso padres de familia, nació oficialmente la iniciativa Amigos de Cuatro Patas, una fundación para animales rescatados dentro de una institución educativa.
La construcción de un refugio
Con el paso del tiempo, más animales comenzaron a llegar al Colegio Delia Zapata Olivella. Cada uno con una historia distinta, pero todos con algo en común: necesitaban un lugar seguro. En la institución recibían alimento, atención médica y, sobre todo, cariño. Pero pronto surgió un nuevo desafío: no había un espacio físico adecuado para alojarlos de forma permanente.
Durante los primeros años, la solución fue creativa y colectiva: los animales rescatados eran acogidos temporalmente en los hogares de los propios estudiantes. Francisco Paz, docente de educación física e integrante del proyecto, recuerda: “Pedíamos a los padres de familia que aceptaran cuidar al animal por ocho días, y así rotábamos esta responsabilidad de casa en casa mientras encontrábamos una adopción definitiva”.
Sin embargo, el anhelo de construir un refugio propio donde los perros y gatos pudieran pasar la noche tranquilos, sin frío y sin miedo se volvió cada vez más urgente. Ese sueño se hizo realidad en 2019, cuando el colegio ganó un reconocimiento por parte de la Secretaría de Educación de Bogotá. El proyecto “El colegio como escenario del barrio” fue premiado por su innovación pedagógica, y el premio obtenido fue destinado a construir ese refugio animal. El lugar elegido fue aquella esquina descuidada del colegio que antes funcionaba como depósito de desechos.
Allí nació el hogar Mickey, nombrado en honor al primer perro rescatado. Hoy, este espacio cuenta con guacales acondicionados, cobijas, una zona de baño, un área especial para felinos y todo lo necesario para garantizar el bienestar de los animales durante su recuperación.
Educar a través del cuidado animal
Quienes han hecho parte de la Fundación Amigos de Cuatro Patas coinciden en algo esencial: este proyecto no solo rescata animales, también transforma vidas humanas.
Como parte del fortalecimiento pedagógico del proyecto, el Colegio Delia Zapata Olivella implementó la asignatura formal Convivencia y Ciudadanía. En ella, los estudiantes no solo aprenden sobre el bienestar y la protección animal, sino que también desarrollan valores fundamentales como la empatía, el compromiso, la solidaridad y el respeto por todas las formas de vida.
Este espacio se ha convertido en mucho más que una clase. Allí los estudiantes pueden realizar su servicio social, participar como voluntarios y, en muchos casos, canalizar dificultades personales y emocionales. Jóvenes con problemas de conducta, desmotivación escolar o situaciones familiares complejas encuentran en el trabajo con los animales una vía para sanar, reflexionar y redirigir su camino. En lugar de castigos, muchos son vinculados al proyecto como una forma de restauración personal.
La profesora de danzas, María Genís Rojas, quien lleva ocho años vinculada al proyecto, ha sido testigo de estas transformaciones. “Amigos de Cuatro Patas ha logrado formar seres más felices, sensibles y solidarios. Son estudiantes que ya no son indiferentes ni con los animales ni con las personas. Se han convertido en líderes y promotores de nuevas formas de convivencia”, asegura.
El profesor Francisco Paz lo resume con claridad: “Muchos estudiantes llegan aquí diciendo que su vida no tiene sentido. Vienen de entornos difíciles, con problemas en casa, expuestos a la violencia o la drogadicción. Pero cuando se involucran en el proyecto, descubren que sí son útiles, que pueden hacer la diferencia. Empiezan a decir: ‘Si yo no vengo, los animales no comen. Si yo no estoy, ellos sufren’. Encuentran un propósito. Ese propósito que a veces uno tarda toda la vida en hallar, ellos lo encuentran acá”.
Uno de esos casos es el de Yimmi Barragán, estudiante de grado once. En el pasado, fue un niño problemático, sin rumbo claro. Hoy es uno de los líderes más comprometidos del proyecto y quiere estudiar medicina veterinaria. “Los animales curan heridas que ni sabíamos que teníamos”, dice.
Hasta hoy, según la institución, más de 580 animales han sido rescatados, rehabilitados y entregados en adopción a familias responsables gracias al trabajo del proyecto Amigos de Cuatro Patas.
Cada proceso de adopción es riguroso y refleja el compromiso con el bienestar animal. Quienes desean adoptar deben conocer previamente al animal, pasar por una entrevista psicosocial, diligenciar formularios, firmar un contrato de tenencia responsable y aceptar un seguimiento durante al menos un año. Cada adopción representa una nueva oportunidad, no solo para el animal que encuentra un hogar, sino también para otro que podrá ocupar su lugar en el refugio.
A diario, en jornadas de mañana y tarde, los estudiantes se turnan para pasear a los animales, limpiar los guacales, lavar cobijas, preparar alimentos, administrar medicamentos y, por supuesto, brindarles cariño. Otro grupo se encarga de conseguir los recursos para que la fundación continúe adelante: organizan rifas, bazares, campañas y gestionan donaciones, todo liderado desde la comunidad educativa.
Lo que comenzó con un perro ingresando a escondidas al colegio, hoy es un modelo de educación transformadora, una pedagogía centrada en el respeto por la vida.
En un sistema educativo donde a menudo se prioriza el rendimiento académico, este proyecto enseña a cuidar, a sentir y a vivir con propósito. En Amigos de Cuatro Patas, los animales no solo encuentran refugio. También lo hacen los estudiantes, docentes y todas las personas que llegan buscando una segunda oportunidad.
Amigos de Cuatro Patas ha demostrado que el amor por los animales puede ser una poderosa herramienta pedagógica, capaz de educar, transformar y ayudar a sanar seres humanos.
Quienes deseen apoyar este proyecto pueden hacer sus donaciones directamente en la portería del Colegio Delia Zapata Olivella, en la localidad de Suba, o contactarlos a través de sus redes sociales como @fundacionamigosde4patas.
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