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El momento en el que María Fernanda Amaya, una paciente con fibrosis quística de la Fundación Cardioinfantil, en Bogotá, se reencuentra con su perrita Sasha es realmente conmovedor. La mascota corre hacia ella, moviendo su cola con entusiasmo, mientras la joven, de 27 años, la recibe con una sonrisa que había quedado eclipsada por los largos y difíciles días de hospitalización. El solo hecho de volver a estar cerca de su fiel amiga le proporciona calma y le da un impulso anímico clave para continuar con su tratamiento.
Gracias a este encuentro, el hospital, que antes parecía frío y hostil, se transforma en un espacio cálido y acogedor. La preocupación por la enfermedad de María Fernanda se desvanece, aunque sea por unos minutos, dando paso a la distracción, la alegría y a un alivio palpable que rompe con la rigidez del entorno médico.
Este es precisamente el propósito del programa Peluditos de Corazón: ofrecer acompañamiento emocional a los pacientes hospitalizados a través de la presencia de animales, promoviendo su bienestar, favoreciendo una recuperación más rápida y mejorando su experiencia durante la estancia médica.
Peluditos de Corazón nace de una iniciativa de la Fundación Cardioinfantil de humanizar la atención médica y de hacer un manejo integral de sus pacientes, considerando también su salud emocional y no solo la física. Juan Gabriel Cendales, director ejecutivo de la institución, comenta: “Este programa surge de los esfuerzos que hemos hecho para reforzar el humanismo en la medicina (…) no todo se trata de los medicamentos y los tratamientos quirúrgicos, también es importante la salud mental”.
Los beneficiarios son niños y adultos con enfermedades terminales, hospitalizaciones prolongadas o cuadros de dolor severo, condiciones que suelen generar depresión, ansiedad y sensación de soledad. La presencia de animales en estos casos ha demostrado, según estudios científicos como Entendiendo el papel de los perros de terapia en la promoción de la salud humana, publicado en PubMed Central, que contribuye a mejorar el estado de ánimo, reducir síntomas de los trastornos mentales y promover la independencia, la autoestima y la socialización, lo que favorece una recuperación más completa y emocionalmente equilibrada.
Claudia Buitrago, médica especialista en Medicina del Dolor y Cuidados Paliativos de LaCardio, y principal impulsora de esta iniciativa, explica: “Cuando interactuamos con una mascota, se elevan los niveles de oxitocina, la hormona de la felicidad, y de endorfinas, que genera tranquilidad. Al mismo tiempo, se disminuye el cortisol, la hormona del estrés”. Esto ayuda significativamente a reducir la sensación de dolor y a sobrellevar las emociones en los días de hospitalización.
“Hemos tenido pacientes muy deprimidos que, cuando les preguntamos qué necesitan, responden: ‘Quisiera ver a mi peludito’”, cuenta la especialista. “Al otro día de la visita, el paciente está más tranquilo y con un semblante completamente diferente, incluso su apetito aumenta y podemos reducir la medicación”.
Los beneficios del acompañamiento de animales no solo se reflejan en los pacientes, sino también en el personal médico. La presencia de los animales proporciona un respiro y un alivio frente a la tensión interna de los largos y agotadores turnos de trabajo. Leidy Sánchez, enfermera líder de la entidad, lo confirma: “para las enfermeras es muy reconfortante ver llegar a las mascotas, esto ayuda a que nuestro trabajo se aliviane, ya que trabajamos en medio de la enfermedad, el dolor y la muerte”.
No obstante, estas visitas “inusuales” plantean ciertos desafíos. No todo el personal médico y administrativo está familiarizado con los beneficios de los programas. Según la entidad, para garantizar una integración adecuada, se han coordinado talleres y capacitaciones para que el personal aprenda a interactuar con los animales, protegiendo la seguridad de todos los pacientes.
Desde su inicio en 2022, el programa Peluditos de Corazón ha beneficiado alrededor de 100 pacientes, y actualmente cuenta con dos modalidades: la primera permite que los pacientes reciban la visita de su propia mascota en su habitación o en el jardín del hospital. Este proceso se realiza bajo estrictos protocolos de bioseguridad, que incluyen autorización médica, coordinación con el equipo de experiencia y revisión de vacunación y desparasitación del animal. La segunda modalidad consiste en visitas programadas con animales entrenados de apoyo emocional.
Si bien ambas modalidades han demostrado ser efectivas, la posibilidad de reencontrarse con su propio amigo de cuatro patas es la que deja una huella más profunda en los pacientes. Incluso, en algunos casos, se ha convertido en la última voluntad de personas en estado crítico: “hemos tenido pacientes en fin de vida cuyo último deseo es ver a su mascota. Tras ese reencuentro, logran descansar en paz”, comparte la doctora Buitrago.
La conexión emocional entre pacientes y mascotas
María Fernanda Amaya fue diagnosticada con fibrosis quística a los meses de nacida. Esta enfermedad crónica, hereditaria y degenerativa afecta principalmente a los pulmones y al sistema digestivo, lo que ha llevado a la joven a pasar gran parte de su vida en hospitales, enfrentando crisis de salud que la ponen en riesgo. Sin embargo, hay algo que la motiva a seguir adelante cada día: el vínculo con su perrita Sasha, quien ha sido su compañera fiel durante los últimos siete años.
Uno de los momentos más difíciles llegó en mayo de 2023, cuando los médicos le dieron un pronóstico desalentador. Su salud se deterioraba y, con cada día que pasaba, la tristeza y la sensación de soledad aumentaba. La doctora Buitrago, consciente del vínculo entre María Fernanda y su perrita, le hizo una promesa: “Te vas a mejorar, vas a salir de UCI y vamos a traer a Sasha”. Para ayudarla a sobrellevar este duro momento, le entregó un muñeco de un perrito y le pidió que pensara en su fiel amiga cada vez que sintiera ansiedad.
Esa promesa le dio un impulso emocional para seguir luchando y marcó un antes y un después en su tratamiento. Cuando su salud mejoró lo suficiente para salir de la Unidad de Cuidados Intensivos, finalmente pudo vivir el reencuentro que tanto había esperado. “Ese momento fue una recarga de energía”, dice María Fernanda, recordando la emoción de volver a abrazar a Sasha.
Desde entonces, no ha tenido una recaída tan fuerte en su salud. Aunque sigue en hospitalización recurrente, cada vez que necesita afrontar nuevos procedimientos, el equipo médico permite una nueva visita de su perrita para ayudarla a mejorar el estrés y la ansiedad previa.
Pero Sasha no solo es su apoyo dentro del hospital. En casa, su compañía es su refugio diario. “Ella es un motorcito para mi vida, me ha ayudado mucho y ha estado conmigo cuando nadie más está”, dice María Fernanda. En esos momentos de soledad, cuando las llamadas no son suficientes, su mascota está allí, brindándole la calma que necesita.
Programas como Peluditos de Corazón demuestran que la salud emocional es un pilar fundamental en la recuperación de los pacientes y que el vínculo con una mascota puede marcar una diferencia significativa en su bienestar y recuperación. Con esto, la Fundación Cardioinfantil se suma a la creciente lista de hospitales que están humanizando la medicina, reconociendo los beneficios de alternativas como estas. Si bien su implementación requiere de estrictos protocolos de bioseguridad y coordinación médica, los resultados en términos de reducción del estrés, alivio del dolor y mejora de la estabilidad emocional refuerzan la importancia de integrar este tipo de programas en los centros médicos.
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