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En una zona rural del municipio de Guamal, Meta, donde los sonidos de la naturaleza aún resisten la expansión industrial, se levanta un hogar silencioso para la fauna silvestre. Se trata del Hogar de Paso Antopa, un espacio fundado en 2022 por Magda Carrillo, abogada, empresaria y amante de los animales. Lo que comenzó como un sueño personal se ha convertido en un proyecto de recuperación y rehabilitación para especies víctimas del tráfico, el maltrato y la tenencia ilegal.
Magda creció en Barrancabermeja, Santander, rodeada de ríos, ciénagas y selvas del bosque húmedo tropical, un ecosistema rebosante de vida. Desde niña acompañaba a su padre a rescatar osos perezosos atropellados o animales extraviados que devolvían a su hábitat. Esa experiencia forjó un vínculo profundo con la fauna silvestre y una conciencia temprana sobre la importancia de protegerla. “Ahí aprendí, de forma empírica, a cuidarlos. Desde entonces los animales silvestres me conmueven profundamente”, recuerda.
Décadas después, esa vocación encontró forma y nombre en Antopa, una sigla que combina los nombres de su nieta de ocho años, Antonella Toro Padilla, quien sueña con ser veterinaria. “La idea del proyecto y su nombre nacen del cariño. Queremos sembrarle desde pequeña el respeto por los animales”, explica Magda.
Antopa hace parte de la Red de Amigos de la Fauna Silvestre (RAFS), una estrategia nacional de conservación impulsada por las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), como Cormacarena en el departamento del Meta. Esta red está integrada por organizaciones y personas jurídicas que, bajo autorización y vigilancia de la autoridad ambiental, colaboran en el rescate, cuidado, atención, denuncia del tráfico ilegal y, cuando es posible, la liberación de fauna silvestre. Su propósito es fortalecer la protección de estas especies a través de una acción conjunta y articulada con las instituciones responsables.
Es fundamental aclarar que en Colombia está prohibida la tenencia de fauna silvestre por parte de personas naturales, solo pueden recibir animales aquellas entidades que hacen parte formal de la Red y que hayan sido habilitadas por una CAR, como lo explica Sindy Hernández, médica veterinaria de especies silvestres de Cormacarena: “estos lugares no son zoológicos ni santuarios turísticos. Funcionan como espacios subsidiarios cuando no es posible liberar a los animales en su entorno natural. Todo funciona bajo lineamientos claros, supervisión técnica y permiso oficial”.
La Red de Amigos de la Fauna Silvestre, creada bajo la Resolución 2064 de 2010 del Ministerio de Ambiente, está diseñada para recibir temporal o definitivamente a ejemplares que, tras una evaluación profesional, se comprueban que no pueden sobrevivir en libertad. Esto puede deberse a discapacidades físicas permanentes, problemas de comportamiento como impronta o dificultades para cazar y convivir con otros animales, problemas de salud, o porque son especies exóticas sin posibilidad de reexportación ni ubicación en zoológicos.
Actualmente, Cormacarena cuenta con cinco aliados dentro de esta red, mientras que a nivel nacional existen 12 hogares de paso y centros de rehabilitación. “Estas estrategias no solo fortalecen el trabajo comunitario en favor de la conservación ambiental, sino que también son esenciales para la rehabilitación de animales que han estado años en cautiverio, ayudándolos a recuperar comportamientos naturales antes de una posible liberación. Por eso, estos aliados son fundamentales con nuestros objetivos misionales”, explica Hernández.
En el caso de Antopa, solo Cormacarena y la Policía Ambiental están autorizadas para trasladar animales al refugio, siempre bajo protocolos técnicos y tras una evaluación integral de cada caso. Esto garantiza que todos los ejemplares que llegan al lugar realmente no tienen otra alternativa viable.
Desde su creación, el hogar ha recibido más de 200 animales silvestres. Actualmente, alberga cerca de 60 ejemplares, incluyendo loros, búhos, tucanes, guacharacas, tortugas morrocoy, zarigüeyas, monos aulladores, coatís, nutrias y ciervos. Todos ellos viven en instalaciones diseñadas para garantizar su bienestar, rehabilitación y, cuando es posible, su retorno a la libertad.
Una rehabilitación silenciosa sin fines de lucro
El Hogar de Paso Antopa está ubicado en el mismo predio donde opera Emporio Ingeniería, empresa fundada y dirigida por Magda, que además financia en su totalidad este proyecto. Emporio Ingeniería se especializa en el montaje y mantenimiento de infraestructura para el sector de hidrocarburos. Aunque para algunos resulta contradictorio que un proyecto de conservación ambiental conviva con una empresa vinculada a una industria con impactos ambientales históricos, Magda afirma que esta realidad plantea un complejo contraste entre las actividades industriales y los esfuerzos por proteger los recursos naturales.
“Somos conscientes de los desafíos ambientales y sociales que enfrenta el sector de hidrocarburos. No buscamos justificar ni minimizar esos impactos, pero creemos en la posibilidad de construir un modelo diferente, donde el crecimiento empresarial se dé en armonía con el territorio y la conservación de la fauna local”, dice.
El recinto ha evolucionado a medida que ha crecido la necesidad de atender distintas especies. Las primeras estructuras fueron cubículos de ladrillo con malla, pensados como solución temporal. Sin embargo, pronto se evidenció la necesidad de espacios más amplios y especializados.
Así se levantaron corredores de más de 60 x 40 metros, jaulas elevadas para aves, zonas acuáticas y recintos diferenciados según las especies. Actualmente, el espacio cuenta con más de 800 metros cuadrados adaptados como hábitats seguros para las distintas especies.
“Tenemos áreas grandes para los monos y aves, donde pueden moverse con libertad y comportarse como lo harían en la naturaleza. También hemos adecuado zonas más pequeñas para animales en proceso de adaptación”, explica Carlos García, profesional social de Emporio Ingeniería.

De acuerdo con sus fundadores, Antopa no recibe financiación externa, ni busca lucro ni reconocimiento. No es un zoológico, ni acepta visitas del público. “Nos han pedido abrirlo a colegios, pero si los animales se habitúan al contacto humano, ya no pueden ser liberados. Esto es un espacio de recuperación, no de exhibición”, insiste García.
La alimentación se maneja con el cultivo de árboles frutales en el predio, complementado con productos frescos comprados en mercados locales. “Vamos a los fruver para comprar frutas y verduras. También adquirimos carne y pescado fresco para especies carnívoras como búhos, halcones o nutrias”, explica Magda. Además, estudiantes de veterinaria han colaborado en el refugio como parte de sus prácticas, aportando a los cuidados básicos.
En al menos una ocasión, el hogar ha sido escenario de liberaciones controladas bajo protocolo de las autoridades, como las de búhos y zarigüeyas, directamente desde sus terrenos. Aunque normalmente estas se realizan en sitios especializados, esta experiencia demostró la efectividad del proceso de rehabilitación.
En Colombia, el tráfico y la tenencia ilegal de animales silvestres representan un problema grave y creciente. Según un informe presentado en la COP16 el año pasado, solo entre enero y octubre de 2024 se incautaron más de 200 animales o partes de animales en el aeropuerto El Dorado de Bogotá. En los últimos ocho años, esta cifra asciende a más de 8.200 casos, aunque a nivel nacional no existen datos precisos que permitan dimensionar completamente la magnitud de este delito.
Frente a esta problemática, iniciativas como el Hogar de Paso Antopa demuestran que la conservación de la fauna no es responsabilidad exclusiva del Estado, ni únicamente de biólogos o científicos. La protección de la vida silvestre puede nacer en cualquier espacio donde haya un compromiso sincero y un vínculo genuino con el cuidado y respeto por los animales y su hábitat.
Cualquier persona puede contribuir, siempre que lo haga con el acompañamiento de expertos y dentro del marco legal. Las buenas intenciones no son suficientes: proteger verdaderamente a los animales silvestres requiere preparación, responsabilidad y un enfoque riguroso que garantice su bienestar.
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