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Este refugio en Bogotá está dando una nueva vida a los perros que nadie quiso

Paola Castillo empezó sola, abriendo las puertas de su casa a animales heridos y abandonados. Hoy, esa iniciativa se ha transformado en la fundación Doggy in Home, que acoge y rehabilita perros y gatos marcados por la discapacidad o el maltrato.

28 de junio de 2025 - 12:00 a. m.
Doggy in Home, una fundación en Bogotá que se niega a dejar atrás a los animales con más necesidades, los que casi nadie adopta.
Foto: Paola Castillo
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En Bogotá, una ciudad donde la sobrepoblación y el abandono de animales forman parte del paisaje diario, Paola Castillo decidió dejar de ser una espectadora más. Llevaba años ayudando por su cuenta: rescataba animales de la calle, los cuidaba en su casa, costeaba tratamientos veterinarios y gestionaba adopciones entre personas cercanas. Con el tiempo comprendió que, aunque valioso, ese esfuerzo individual no bastaba.

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En 2018 fundó Doggy in Home, una organización dedicada al rescate, rehabilitación y adopción de perros y gatos, que también trabaja en educación y prevención del maltrato animal.“Después de tantos años actuando sola, supe que esto no podía seguir siendo una acción aislada. Había que construir algo colectivo”, dice Castillo.

Esa necesidad de estructura llevó a la formalización legal de la fundación en mayo de 2018. Un año después, se acogieron al régimen especial, lo que les permitió acceder a beneficios tributarios y establecer alianzas con clínicas veterinarias, adoptantes y otras organizaciones. Desde entonces, el crecimiento, más que en número de sedes o volumen de animales, ha sido en claridad de misión, capacidad operativa y red de apoyo. Hoy, Doggy in Home no solo responde a emergencias, sino que actúa con criterios definidos sobre cuándo y cómo intervenir.

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Un punto de partida y una red en expansión

Bogotá fue el inicio por razones tanto personales como prácticas: es la ciudad donde vive Paola y también donde identificó una de las problemáticas más visibles de abandono animal. Según el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), en la capital hay más de 60.000 animales sin hogar. A eso se suman los casi tres millones de perros y gatos que, según el último censo, habitan la ciudad, muchos de ellos sin registro ni atención veterinaria.

Aunque en regiones como la costa la situación puede ser incluso más crítica, Doggy in Home ha logrado extender su alcance a otras zonas del país gracias a campañas móviles, redes de voluntarios y hogares de paso.

“Bogotá tiene una problemática seria, pero también personas que están empezando a involucrarse”, afirma Castillo. Esa mezcla de necesidad y posibilidad ha permitido construir una red sólida de apoyo, basada en el trabajo colaborativo.

Actualmente, Doggy in Home cuida a 87 animales, entre perros y gatos. Cerca del 30% tiene alguna condición especial o discapacidad. Pero más allá de lo físico, muchos llegan con secuelas emocionales tras pasar por situaciones de abandono, encierro o maltrato.

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La rehabilitación, entonces, no es solo médica. En algunos casos, los animales tardan semanas o incluso meses en volver a confiar en una persona. Por eso también se trabaja en su adaptación emocional, con acompañamiento profesional cuando es necesario.

Las adopciones no se hacen a la ligera. Cada caso se evalúa con entrevistas, visitas y seguimiento posterior. “La idea no es adoptar por volumen, sino garantizar hogares definitivos donde los animales no vuelvan a sufrir lo mismo”, indica Paola.

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Uno de los casos que marcó a la fundación fue el de Hope, una perrita samaria que llegó en febrero de 2024, con cuatro años, tras haber sido arrojada desde un puente. El impacto le provocó una fractura de columna y una lesión en el carpo, por la que recibió una platina para estabilizar los huesos. A raíz de estas lesiones, perdió la movilidad del cuerpo y desarrolló una profunda desconfianza hacia las personas. Hope ha sido, dice Paola, uno de los mayores retos de amor, paciencia y rehabilitación.

Según el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), en la capital hay más de 60.000 animales sin hogar.
Foto: Paola Castillo

Voluntariado que transforma

Para muchas personas que se suman a la causa, ser parte de Doggy in Home va mucho más allá de “ayudar”. Así lo vive Ana María Romero, voluntaria desde hace más de dos años y medio en el equipo de activismo. Para ella, el compromiso no se limita a bañar o alimentar perros: es una forma de transformar realidades.

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“Buscamos evitar el sufrimiento. No se trata solo de donar, sino de cambiar mentalidades”, dice. Desde su experiencia, muchos de los animales rescatados no solo presentan heridas físicas, sino también cuadros emocionales complejos como depresión, ansiedad, o miedo.

En Doggy in Home ha sido testigo de cómo una silla de ruedas puede cambiar no solo la vida de un animal, sino también la percepción de quienes lo ven. Campañas como Pisar el Freno son, para ella, una forma de despertar conciencia. “Toda vida importa, incluso la que corre al borde de la carretera”, afirma.

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La fundación opera con recursos limitados. Su sede principal está ubicada en la localidad de Engativá, en Bogotá. Allí han adecuado un espacio dividido por clanes: cachorros, adultos, especiales y geriátricos. Además, cuentan con una zona de cuarentena. Todo ha sido construido con esfuerzo, donaciones y trabajo voluntario. A futuro, sueñan con un espacio propio a las afueras de la ciudad, donde puedan ampliar su capacidad de atención.

La demanda supera con frecuencia lo que pueden atender. “No se trata de querer salvar a todos, sino de hacerlo bien con los que sí podemos”, explica Paola. En ocasiones deben rechazar rescates, incluso cuando los casos son graves. Hay animales que llegan demasiado tarde, o adoptantes que no cumplen con los compromisos asumidos.

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Frente a ese tipo de decisiones, la fundación ha construido protocolos que les permiten actuar con responsabilidad, conscientes de que cada rescate implica una inversión emocional, económica y logística que no siempre se ve desde afuera.

Actualmente, el funcionamiento depende en buena parte del trabajo colectivo. Una base operativa pequeña coordina esfuerzos con una red de apoyo que incluye a 15 mujeres cabeza de familia contratadas y 30 voluntarios. Muchos se vinculan después de adoptar, otros lo hacen tras presenciar un caso de maltrato. Lo que comparten es el deseo de actuar más allá de una publicación en redes.

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El siguiente paso para Doggy in Home es fortalecer su capacidad operativa. Paola Castillo espera, en el mediano plazo, consolidar un centro físico de rehabilitación y formación. También quieren ampliar los convenios con universidades, clínicas veterinarias y organizaciones aliadas, e incidir más activamente en la política pública. El objetivo es generar propuestas concretas que mejoren los marcos normativos y hagan cumplir las leyes existentes.

“No nos interesa crecer en volumen, sino en impacto”, dice Paola. Cree que el verdadero éxito será cuando ya no sea necesario rescatar animales de la calle. Mientras ese día llega, seguirán trabajando desde lo concreto: un perro, un gato, una historia a la vez.

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Por Mariana Álvarez Barrero

Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador. malvarez@elespectador.com
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