
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El terremoto ocurrido el pasado 10 de agosto de 2026 en Colombia no solo generó afectaciones en la infraestructura física y en la población humana, sino que también dejó secuelas significativas en la salud física y psicológica de los animales de compañía.
Tras un evento de gran magnitud, la combinación de evacuaciones apresuradas, ruidos estruendosos, colapso de estructuras y vibraciones continuas genera en perros y gatos cuadros severos de desorientación, angustia y alteraciones fisiológicas.
Comprender la naturaleza del trauma en los animales domésticos resulta imprescindible para brindar una respuesta oportuna que proteja su integridad y promueva su completa recuperación emocional y física.
Manifestaciones clínicas del Trastorno de Estrés Postraumático
Para ofrecer una asistencia adecuada a las mascotas en la fase posterior a un desastre natural, es fundamental distinguir entre el miedo transitorio y el desarrollo de una alteración patológica crónica. Según explica el doctor Carlos Cifuentes, médico veterinario de Pet Food Institute Colombia, la diferencia sustancial entre ambas respuestas radica en la intensidad, la evolución y la duración de los síntomas.
Mientras que el miedo común constituye una reacción fisiológica adaptativa que cede gradualmente en cuestión de horas o pocos días hasta que el animal recupera su equilibrio psicológico, el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) representa un proceso patológico que se extiende por más de tres o cuatro semanas. Bajo este cuadro, el cerebro pierde la capacidad neurológica de procesar y extinguir la señal de amenaza, haciendo que el paciente permanezca en un estado de hipervigilancia y alerta permanente.
Las diferencias en la expresión del trauma entre caninos y felinos obedecen a sus respectivas características neuroanatomofisiológicas y a sus canales de percepción sensorial:
- Manifestaciones en perros: los perros poseen un sistema auditivo de gran alcance (capaz de percibir frecuencias de hasta aproximadamente 45 kHz) combinado con una alta sensibilidad somatosensorial a través de los receptores de sus almohadillas plantares. Esta capacidad les permite detectar microvibraciones del suelo y frecuencias de onda baja antes de que el ser humano perciba el movimiento telúrico.
- Manifestaciones en gatos: los gatos presentan una sensibilidad vibracional y auditiva aún más aguzada, alcanzando un rango de hasta 64 kHz. Su sistema auditivo es especialmente receptivo a frecuencias agudas como crujidos estructurales, fricción de materiales y colapso de superficies; además, su sistema vestibular registra con altísima precisión las variaciones en el equilibrio espacial. Ante una experiencia traumática, los gatos suelen replegarse y aislarse durante días en espacios estrechos o elevados, mostrar agresividad defensiva ante el contacto, rechazar el uso de la arenera, suspender el acicalamiento o desarrollarlo de manera obsesiva, y disminuir drásticamente el consumo de alimento y agua.
Más allá de los cambios en la conducta, la sobreestimulación del sistema nervioso simpático y del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal desencadena múltiples manifestaciones físicas. El doctor Cifuentes señala que el estrés agudo y crónico provoca alteraciones gastrointestinales significativas, como pérdida completa del apetito, vómitos esporádicos, sialorrea (salivación excesiva), diarrea o colitis aguda, que en ocasiones cursa con presencia de moco o hilos de sangre en las deposiciones.
En los felinos, la respuesta neuroendocrina al estrés afecta de forma directa las vías urinarias inferiores, propiciando el desarrollo de la Cistitis Idiopática Felina (CIF), una afección dolorosa que causa disuria, hematuria y modificaciones drásticas en la micción. De igual manera, las conductas repetitivas asociadas a la ansiedad derivan en dermatitis acral por lamedo en perros y alopecía psicogénica en gatos.
Asimismo, la hiperactividad del sistema endocrino debilita la respuesta inmunológica, favoreciendo la reactivación de patógenos latentes, infecciones secundarias o alteraciones dermatológicas preexistentes. Si un animal presenta alteración prolongada del sueño, cambios marcados de personalidad, letargo o trastornos digestivos recurrentes, se está ante un cuadro de ansiedad crónica que requiere la intervención de un especialista en etología clínica.
Abordaje, manejo ambiental y contención en el hogar
El objetivo prioritario de las intervenciones posteriores a un evento traumático consiste en devolver al animal la percepción de control y seguridad dentro de su hábitat. No obstante, al intentar reconfortar a las mascotas, los tutores suelen cometer errores metodológicos que, de manera involuntaria, intensifican y perpetúan el estado de miedo.
El doctor Carlos Cifuentes aclara que uno de los desaciertos más recurrentes es la sobreatención desproporcionada. Conductas como abrazar intensamente al animal, hablarle con tonos de voz agudos o acelerados y rodearlo entre varias personas son interpretadas por el paciente no como contención, sino como una confirmación de que el entorno continúa siendo peligroso.
Tampoco resulta conveniente forzar a la mascota a salir de sus lugares de resguardo, intentar distraerla con alimento o juegos mientras se encuentra en estado de hipervigilancia o congelamiento, ni someterla a una exposición forzada a los estímulos que desencadenaron la fobia. Bajo ninguna circunstancia se debe recurrir al castigo, la recriminación verbal o la corrección física frente a comportamientos derivados del estrés.
Para estructurar un plan de manejo ambiental adecuado en el hogar, se recomienda adoptar las siguientes medidas:
- Habilitación de zonas de refugio seguras: disponer de espacios tranquilos, oscuros y de libre acceso donde el animal pueda resguardarse voluntariamente. En los gatos, es vital permitir el acceso a puntos elevados o rincones resguardados (como áreas bajo las camas o armarios) desde los cuales puedan monitorear su entorno sin sentirse vulnerables.
- Control y mitigación del entorno sensorial: reducir drásticamente la exposición a ruidos estridentes, evitar la música a volumen elevado, moderar el tránsito de personas ajenas al hogar y mantener una iluminación tenue que favorezca la relajación.
- Implementación de terapias complementarias: utilizar difusores de feromonas sintéticas (fracción F3 de la feromona facial felina en gatos o feromona de apaciguamiento canino en perros) para enviar señales químicas de tranquilidad. Asimismo, la aromaterapia supervisada puede contribuir a la pacificación del ambiente.
- Restablecimiento gradual de rutinas: reintroducir progresivamente los horarios fijos de alimentación, paseos y momentos de descanso. La predictibilidad en las actividades cotidianas constituye la herramienta más eficaz para devolver el equilibrio psicológico al animal.
Protocolos de rescate
Los movimientos sísmicos y sus posteriores réplicas generan escenarios de alto riesgo en los que un número considerable de mascotas se extravía o resulta lesionado por colapsos estructurales, vidrios rotos o atropellamientos.
Ante este contexto, Diego Alexander Hernández Pulido, docente de Medicina Veterinaria de UNIAGRARIA y experto en gestión del riesgo y atención de animales en situación de desastres, destaca la importancia de actuar bajo protocolos rigurosos de seguridad personal y bienestar animal.
Al ver a un animal desorientado o suelto en la vía pública tras un sismo, el primer paso consiste en evaluar las condiciones del entorno, verificando la ausencia de cables de alta tensión, estructuras inestables, fugas de gas o tráfico vehicular. El profesor Hernández enfatiza que jamás se debe perseguir o acorralar de forma brusca a un perro o gato asustado, ya que la respuesta instintiva de conservación puede desencadenar huidas intempestivas o ataques defensivos por miedo o dolor.
Por otra parte, un impacto traumático puede generar lesiones internas graves que no se manifiestan de forma evidente en los primeros minutos. El profesor señala que se debe buscar atención veterinaria de absoluta urgencia ante la presencia de los siguientes signos clínicos de alarma:
- Dificultad respiratoria severa: frecuencia respiratoria acelerada (polipnea), respiración superficial, boca abierta o boqueo.
- Alteraciones hemodinámicas y signos de shock: encías y mucosas pálidas, blanquecinas, grisáceas o cianóticas (azuladas); pulso débil o imperceptible; debilidad extrema o pérdida del conocimiento.
- Trauma neurológico y musculoesquelético: desorientación severa, imposibilidad para mantenerse en pie, convulsiones, abultamiento o dolor abdominal agudo, incapacidad para movilizar extremidades, o huesos expuestos.
- Hemorragias y quemaduras: sangrado continuo que no cede a la presión, quemaduras de segundo o tercer grado, o la presencia de objetos incrustados en cavidades o tejidos.
En materia de primeros auxilios prehospitalarios, el objetivo primordial consiste en estabilizar al paciente y evitar que las lesiones progresen, sin que esto reemplace la evaluación profesional.
Si el animal presenta un sangrado activo, se debe aplicar presión directa sobre la herida con gasas o paños limpios. Si el material se impregna de sangre, no debe retirarse, sino colocar capas adicionales encima para no romper los coágulos en formación. En caso de sospecha de fractura o trauma en la columna vertebral, es necesario mantener al paciente completamente inmóvil y trasladarlo sobre una superficie rígida (como una tabla) o una cobija tensa, manteniendo el eje de su cuerpo alineado.
Bajo ninguna circunstancia se deben retirar objetos incrustados, intentar acomodar huesos fracturados, administrar medicamentos de uso humano ni inducir el vómito.
Por último, es fundamental resaltar que Colombia cuenta con un avance significativo en la integración de los animales dentro de las políticas de gestión del riesgo. Mediante la Resolución 1295 del 19 de diciembre de 2024, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) adoptó el Protocolo de Atención para los Animales en Situaciones de Emergencia.
Este marco normativo dispone que las acciones de rescate, la atención médica veterinaria, la provisión de albergue temporal, la alimentación y la reubicación con sus familias forman parte de las obligaciones institucionales ante un desastre.
Ante el hallazgo o emergencia de una mascota, el ciudadano debe activar los canales institucionales: reportar a la Línea 123, acudir al Consejo Municipal o Distrital de Gestión del Riesgo, solicitar el apoyo de la Policía Nacional (Carabineros y Protección Ambiental) y coordinar con los Centros de Bienestar Animal de la localidad (como la ruta de urgencias vitales del IDPYBA en Bogotá).
La articulación entre el reporte oportuno, el manejo ambiental respetuoso y la atención veterinaria especializada resulta vital para mitigar los impactos del desastre y salvaguardar la vida de los animales de compañía.
🐾 ¿Quiere estar al día y conocer las últimas noticias sobre el mundo animal? Lo invitamos a verlas en La Red Zoocial. 🐶🐱
Comentarios