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Mientras millones de hinchas celebran con gritos, cornetas y pirotecnia, en la habitación de al lado la historia es otra. Para miles de perros y gatos, la fiesta del Mundial es una pesadilla.
El ruido extremo destruye la tranquilidad de los animales de compañía. Por eso, entender qué ocurre en su cerebro y saber cómo actuar es la única diferencia entre un festejo en paz y una crisis en el hogar. No espere al próximo pitazo inicial; proteger a su mejor amigo empieza por reconocer su miedo.
La genética en juego
Para comprender el impacto del bullicio futbolístico, primero debe entender que no todos los animales reaccionan igual. Jhon Buenhombre, docente de la Especialización en Bienestar Animal y Etología de UNIAGRARIA, aclara que este malestar, técnicamente llamado distrés, no depende únicamente de un oído sensible.
“La respuesta depende de cómo el individuo perciba e interprete ese estímulo. Si el ruido es evaluado como una amenaza o se asocia con experiencias negativas previas, puede desencadenar una respuesta de distrés. En cambio, un animal adecuadamente socializado y habituado durante su desarrollo a sonidos intensos probablemente mostrará una respuesta mucho más adaptativa”, afirma el especialista.
En este sentido, el doctor Carlos Cifuentes, médico veterinario de Pet Food Institute Colombia, coincide en que la falta de control, la intensidad y el factor sorpresa juegan un papel psicológico devastador. Aunque los perros y los gatos tienen una capacidad auditiva mucho más aguda que la nuestra, ambos expertos señalan que el verdadero detonante del miedo son los estímulos intensos, repentinos e impredecibles.
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Formas de sufrir la fiesta ajena
Cuando el ruido invade la casa, los perros y los gatos despliegan estrategias evolutivas completamente distintas para lidiar con la crisis.
Los caninos suelen manifestar su angustia de manera evidente y buscando apoyo externo. Según detalla Cifuentes, ellos optan por una respuesta activa y social; es decir, deambulan, jadean, ladran, rascan puertas o intentan huir mientras buscan el contacto directo con su cuidador.
Por el contrario, la naturaleza de los felinos los lleva a procesar el pánico de una forma mucho más silenciosa, pero no por ello menos grave.
“Los gatos suelen presentar respuestas más intensas de evitación y ocultamiento”, argumenta Buenhombre. “Esto se relaciona con su historia evolutiva como mesodepredadores que también actúan como potenciales presas. En este contexto, el costo adaptativo de ignorar un estímulo amenazante es elevado, por lo que tienden a ser más cautelosos y reactivos ante lo inesperado”.
A pesar de estas diferencias conductuales, existen síntomas fisiológicos comunes ante el estrés extremo que usted debe vigilar, tales como la pérdida del apetito, la caída excesiva del pelaje, las diarreas y los vómitos.
Señales para tener en cuenta
Con la atención puesta en el televisor, es muy común que pase por alto los indicios de que su compañero de cuatro patas la está pasando mal. Los especialistas advierten que debe aprender a leer el lenguaje corporal de sus animales para intervenir a tiempo.
En los perros, las primeras señales incluyen bostezar repetidamente sin tener sueño, lamerse de forma frecuente los labios y la hipervigilancia (abrir tanto los ojos que se expone la parte blanca o esclerótica). También notará rigidez corporal, caminatas ansiosas de un lado a otro o intentos discretos de alejarse.
En los gatos, las señales son aún más difíciles de detectar. La doctora Carolina Alaguna, médica veterinaria etóloga clínica, explica que debe prestar atención si su felino orienta las orejas hacia los lados (en postura de “avión”) o hacia atrás. Asimismo, la dilatación total de las pupilas (midriasis), mantener la cola pegada al cuerpo o mover rápidamente la punta de esta, y la piloerección (pelo erizado), son llamados de alerta antes de llegar al estado de congelamiento total.
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Reforzar el miedo
Existe una vieja creencia que afirma que si consiente o abraza a su mascota cuando tiembla de miedo, estará premiando y “reforzando” esa conducta negativa. La ciencia veterinaria moderna desmiente esto de forma categórica, el miedo es una respuesta emocional profunda, no un comportamiento voluntario.
La doctora Alaguna introduce un concepto clave para entender la gravedad de una crisis por Miedo Ambiental Intenso (MAI): “Cuando un animal experimenta una fobia de este tipo, entra en un estado biológico de shock. Ocurre lo que en medicina se denomina el ‘atrapamiento de la amígdala’ cerebral. En este modo de supervivencia, el cerebro del animal está bloqueado y solo piensa en sobrevivir”.
Debido a este bloqueo, la etóloga explica que el animal pierde temporalmente su capacidad de aprendizaje, por lo que es biológicamente imposible que el afecto refuerce su fobia. Al contrario, su rol como figura de apego seguro funciona como un amortiguador que reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en su organismo.
Sin embargo, la forma de ofrecer ese apoyo debe ser cuidadosa. Jhon Buenhombre aclara que no se deben forzar los abrazos físicos invasivos, ya que restringir el movimiento de un animal asustado puede hacerlo sentir atrapado y empeorar su ansiedad.
Ofrezca una presencia tranquila y predecible, deje que el animal decida si se sube encima suyo o busca apegarse a su cuerpo, y evite a toda costa el exceso de drama o los gritos de compasión, que según el doctor Cifuentes, solo validarían ante el animal que algo terrible está ocurriendo.
Preparación del refugio y manejo del entorno
La prevención es su mejor herramienta antes de que empiecen los partidos. Crear una zona de calma dentro de la casa puede marcar una gran diferencia, y los expertos coinciden en que este refugio debe quedar listo con bastante anticipación.
Para estructurarlo adecuadamente, siga estas pautas respaldadas por los especialistas:
- Ubicación estratégica: escoja la habitación más interna de la vivienda, idealmente aquella que cuente con la menor cantidad de ventanas que den hacia la calle.
- Aislamiento acústico: cierre por completo las ventanas y cortinas. Puede utilizar música clásica, ruido blanco o dejar el televisor a volumen moderado con videos de la naturaleza para enmascarar las explosiones y gritos del exterior.
- Escondites tridimensionales: coloque cajas de cartón o deje los guacales y transportadoras abiertas. Para los gatos, es indispensable que estos refugios estén ubicados en zonas elevadas, puesto que las alturas les devuelven el sentido de control sobre su entorno.
- Olores familiares: acondicione el espacio con mantas y prendas de ropa usadas que conserven su olor, lo que les proporcionará un extra de seguridad emocional.
- Herramientas de apoyo: la doctora Alaguna menciona que las feromonas sintéticas son un excelente aliado para matizar el ambiente, sugiriendo el uso de formatos en difusor por encima de otras opciones comerciales como los collares, los cuales resultan poco eficaces en situaciones de crisis extrema.
Paseos, juguetes y alimentación: ¿qué sirve y qué no?
Modificar la rutina de su mascota horas antes del evento, mediante caminatas largas donde olfatee bastante o sesiones de estimulación mental, resulta una estrategia muy eficaz, ya que ayuda a gastar energía y liberar endorfinas y serotonina, elevando su umbral de tolerancia al estrés. No obstante, Buenhombre matiza que, si bien esto aporta al bienestar general, no eliminará mágicamente la fobia si el animal ya la tiene instaurada.
En cuanto al uso de juguetes interactivos (como los dispensadores de comida congelada) u objetos de roer, la regla de oro es evaluar el nivel de estrés de su compañero.
Si el estrés es leve a moderado, la masticación y el lamido activarán su sistema nervioso parasimpático, ayudándolo a relajarse y desviando su atención del ruido.
Si el estrés es alto o llega al pánico, retire cualquier estímulo. Bajo el efecto de bloqueo cerebral por miedo, el organismo inhibe el interés por el alimento. Forzar al animal a comer o jugar en ese estado es inútil; lo correcto es respetar su decisión de ocultarse y vigilarlo discretamente.
Finalmente, es importante mantener una nutrición equilibrada que aporte los nutrientes esenciales, pues un animal enfermo siempre se sentirá más indefenso ante el entorno. Además, evite dar premios o comida casera de forma descontrolada con el afán de calmarlos, ya que esto podría alterar su salud digestiva y empeorar su condición general.
Si las celebraciones desbordan la estabilidad de sus animales de compañía, recuerde que los difusores y la música son solo paliativos del momento. La solución definitiva para vivir los torneos deportivos en paz consiste en planificar a futuro terapias de modificación de conducta guiadas por un médico veterinario especialista en etología clínica.
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