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Luis Aníbal Sepúlveda Villada es ingeniero sanitario con una maestría en medioambiente y gerente de EarthGreen Colombia, una empresa dedicada al aprovechamiento de residuos orgánicos y reciclables en el país. Él considera que la gran cantidad de mascotas y animales callejeros pueden representar una amenaza para el ambiente de las ciudades, especialmente en los barrios periféricos y en condición de pobreza. “El estiércol que generan las mascotas genera varios impactos en la salud de las personas y la afectación de la naturaleza. La contaminación en este caso se presenta con el riesgo de que las heces o la orina de varios perros lleguen a una corriente de agua, lo que ocasionaría una difusión alta de bacterias en el espacio”, le contó Sepúlveda a La Red Zoocial.
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El experto asegura que este tipo de afectaciones al medioambiente pueden ser desproporcionadas cuando se presentan en centros que se encargan del cuidado de varios animales. Por ejemplo, el Centro de Atención de Animales La Perla, en Medellín, tiene bajo su cuidado a 2500 animales, 85% caninos y 15% felinos, que están generando cerca de una tonelada de heces al día en el sector, según comenta Sepúlveda. El experto asegura que este volumen de excrementos puede afectar la naturaleza, pues en algunos centros de animales existen las prácticas de lavar corrales y descargar este excremento en la quebrada, lo que genera profundos daños en el agua del río, pues se contamina el líquido con una carga bacteriana que puede ser riesgosa para las personas que quieran usar el agua en el futuro.
Fredy Manrique es un veterinario y máster en etología clínica y bienestar animal de la Universidad Complutense de Madrid. En medio de su trabajo, él se ha percatado de la contaminación que pueden generar los animales. “Algunos perros pueden generar entre 200 y 350 gramos de material fecal al día. En un año, esto representa una cantidad importante de heces”, explica Manrique.
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La alta producción de excremento de perros puede ser preocupante, según un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Gante, ubicada en Bélgica. El artículo explica que las heces y la orina de los perros añaden cantidades de fósforo y nitrógeno a los ecosistemas, que pueden llegar a afectar negativamente la biodiversidad de la naturaleza. Esto se debe a que los suelos de los ecosistemas en las reservas naturales de Bélgica, Europa Occidental y parte de Estados Unidos dependen de suelos de bajos nutrientes. Por ello, la sobre nutrición causada por los excrementos de perro puede afectar la vida silvestre, al atraer plantas como las ortigas, las algas y la cicuta, que pueden propagarse rápidamente y afectar la biodiversidad, como puede leerse en el estudio.
De hecho, el estudio comprobó que en cuatro reservas naturales de Gante, ubicada al norte del país, los perros aportaron en promedio 11 kilos de nitrógeno y 5 kilos de fósforo por hectárea, lo que implicaría grandes perjuicios para el funcionamiento del ecosistema.
Del mismo modo, investigaciones realizadas por Pim Martens, experto en medioambiente e investigador principal de varios proyectos relacionados con el desarrollo sostenible, también sostienen que los impactos ambientales negativos del consumo de alimentos para mascotas podrían aumentar en los próximos años. “Además de la comida, los animales necesitan agua, entretenimiento, atención médica, entre otros recursos y servicios que pueden afectar de forma dramática su impacto ambiental”, puede leerse en la investigación.
Además del riesgo de contaminación de agua, existe una alta amenaza para las personas por contraer enfermedades y patologías que vengan de las heces de las mascotas. “Las fecales caninas y felinas son portadoras de zoonosis (enfermedades que pueden transmitirse de animales a humanos), como el parásito toxocara canis, E.Coli, las giardias o el campylobacter”, explica Luis Aníbal Sepúlveda.
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No mantener un manejo adecuado de los animales de compañía también puede generar contaminación. Por ejemplo, perros o gatos que no estén desparasitados adecuadamente pueden generar problemas ambientales en ellos, además de generar un riesgo de salud, especialmente para los niños. “El toxoplasma en los gatos u otros parásitos pueden afectar profundamente a las personas”, comenta Manrique.
“La huella ecológica” se refiere a la cantidad de recursos que demanda la atención de un perro y un gato. Según Manrique, el consumo de recursos de un perro puede ser incluso mayor que el de una camioneta a lo largo de un año, por la producción de concentrado, comida y juguetes terminan generando residuos en la naturaleza. “Se debe armonizar la tenencia responsable con el cuidado del medio ambiente”, enfatiza Fredy Manrique.
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Luis Aníbal Sepúlveda asegura que en los barrios populares, en donde no existe una buena condición sanitaria ni cuidados especiales, esto puede representar una amenaza todavía mayor para la salud de las personas y la contaminación del espacio. “Esto puede ser un riesgo moderado o grave, no es un riesgo menor, especialmente las poblaciones pobres que no tienen redes de alcantarillado, no hay sistemas de recolección de basuras, la educación sanitaria es muy baja”, explica el experto.
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Fredy Manrique también afirma que las bolsas plásticas que se usan para recoger las heces de perros y gatos pueden generar contaminación. “Las bolsas que usamos para recoger la materia fecal son hechas en plástico, lo que puede generar un problema de acumulación de plástico en el entorno del ambiente. Se recomiendan utilizar ahora bolsas desechables, que puedan ser procesadas en el ambiente”, comenta Manrique.
Esta problemática puede ser todavía mayor por parte de animales callejeros. Por ejemplo, los felinos que están en las calles pueden generar conductas depredadoras y terminar acabando con una parte importante de la población de las aves. “En Australia, los gatos ya han sido catalogados como plagas, porque han acabado bastante con la población de aves del país. Es importante mantenerlos en el interior del hogar”, explica Fredy Manrique.
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De acuerdo con cifras del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), más de 66.000 perros que deambulan por las calles de Bogotá. Esto también puede representar una gran problemática por la deposición de heces y la difusión de bacterias ocasionadas por los caninos. “Yo creo que los perros pueden contaminar más que los gatos, porque generan mucho mayor cantidad de materia fecal. Entre más tamaño tiene el animal, más heces produce”, comenta Manrique.
¿Cuál es la solución para esta problemática?
Luis Aníbal Sepúlveda ha dedicado su vida a fortalecer los procesos de compostaje en el país. Este procedimiento se refiere a la mezcla de materia orgánica en descomposición que se emplea para mejorar la estructura del suelo y proporcionar nutrientes, lo que permite que se usen las heces de los perros para beneficiar al medioambiente. “Canadá y Estados Unidos han estudiado los beneficios del compostaje, para resolver y prevenir los problemas asociados con estiércol de mascotas”, afirma Sepúlveda.
El experto asegura que para determinar una solución, se debe determinar cuál es la población urbana que vive en un estado de saneamiento inadecuado. Por ello, considera que se debe dar prioridad a los sectores pobres, como los estratos 0, 1 y 2, que no tienen redes de alcantarillado, sistemas de recolección y en donde las mascotas están en condiciones de tenencia deficientes, pues los perros y gatos salen a las calles como si fueran callejeros y tienen contacto posteriormente con las personas. “Se deberían poner centros de mascotas en todos los escenarios, pero especialmente en los sectores de recursos económicos bajos”, comenta el experto.
En segundo lugar, Sepúlveda considera que se deben realizar censos para determinar la población de roedores y mascotas que hay en la ciudad, además de la identificación de botaderos. Esto para poder analizar cómo funciona la cadena de transmisión de enfermedades. “Las redes de aguas negra están corriendo por el suelo. Ahí están los botadores, en donde se dirigen las mascotas y roedores. Este animal que vuelve a la casa se vuelve un vector mecánico de enfermedades”.
Por ello, el experto considera que se deben establecer programas de prevención, asociados a la eliminación de botaderos, además de colocar centros de reciclaje y compostaje que pueden instalarse en todos los barrios periféricos de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, según afirma Sepúlveda. “Los vehículos que van a recoger residuos de una manera convencional están lejos de verse, pero no nos podemos cruzar de brazos y esperar a que pasen los problemas. Los barrios periféricos no tendrán ni en el corto ni en el mediano plazo infraestructura sanitaria y vial para solucionar el problema”, afirma el ingeniero sanitario.
En tercer lugar, es necesario organizar centros de compostaje para manejar los estiércoles de las mascotas, que resultan más económicos que pagar a personas encargadas de recoger un dispensador y que limpie las heces. “Hay que educar, más allá de hablar solo de prohibición y sanción”, concluye Sepúlveda.
En cuarto lugar, Fredy Manrique recomienda desaparasitar a los animales de compañía, para evitar la transmisión de enfermedades a humanos. Además, se debe mantener vigilados a las mascotas, para cuidarlas de los virus y parásitos en el entorno.
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