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Ante las acusaciones de tortura animal, el argumento de uno de los galleros es que: "tienen un propósito, "el desarrollo de la humanidad".
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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Las galleras, siguen contándose por decenas en Bogotá y por miles en Colombia, las sumas de dinero que allí se apuestan es incalculable.
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En la pizarra de la entrada, con una caligrafía casi perfecta, los dueños de la gallera van anotando los rivales de la noche: los gallos no tienen nombre, no es relevante, pero sí lo es el peso y el tamaño para enfrentarlos en "condiciones justas".
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"No hay sector más protector de los animales que los galleros". "Prácticamente en todos los países hay peleas de gallos, eso es parte del acervo cultural que nos dejaron los españoles y lo único que estamos pidiendo es que no solo lo respete, sino que también lo garantice el Estado colombiano", afirman varias de las personas dedicadas a este espectáculo.
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Andrea Padilla, impulsora del proyecto de ley que buscaba prohibir las peleas de gallos, asevera:
"El derecho al acceso a la cultura no se vulnera con prohibir prácticas culturales que puedan entrar en conflicto con otros valores", como la tortura y maltrato.
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En la gallera, de forma circular, los jueces hacen una especie de prueba de dopaje a los animales, los jueces enfrentan a los gallos, todavía en sus manos, acercándolos y separándolos, una ceremonia de reconocimiento previa a la pelea.
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En San Miguel, una gallera de Bogotá que acoge peleas desde hace 62 años, cuando a los gallos les llega el turno de entrar en acción los cuidadores los entregan a los jueces mientras sus dueños esperan y apuestan metidos entre el público.
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Los dueños de los gallos llegan con los ejemplares, los pesan y los miden para después meterlos en unos casilleros donde aguardan pacientes su turno de entrar en la riña.
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La reacción de los galleros a ese proyecto que buscaba prohibir las peleas de gallos y otros seis espectáculos con animales, ha sido de indignación y molestia ante una actividad que consideran "cultural".
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Los animales no se hacen daño de forma natural, cada uno de ellos es armado con afiladas espuelas, con las que les causan mortales heridas a su obligado rival.
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