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Daniela Marcela Torres es una estudiante de medicina de 24 años de Cartagena. Se describe a sí misma como amante de las artes, los animales y el ejercicio. A pesar de que actualmente está en una mejor etapa de su vida, todavía recuerda su paso por el colegio y los comentarios de sus compañeros, quienes la tildaban de “introvertida, solitaria y rara”. Su escuela, repleta de niños extrovertidos y con familias adineradas, representó una tortura en su infancia.
“Mis papás no eran personas de apellido, pero me metieron en ese colegio para que me desarrollara bien académicamente. Yo vivo en un pueblo aledaño a la ciudad, y era una de las principales razones para que me hicieran bullying, porque comenzaban comentarios diciendo que era pobre, que no tenía plata, que era rarita, incluso que era lesbiana”, dice. Esta situación rememora los múltiples casos de acoso que se han vuelto virales en los colegios de Colombia, específicamente con situaciones de intimidación y maltrato físico.
Durante todo este tiempo, Daniela Marcela recuerda que siempre contó con el acompañamiento de múltiples perros (beagle, labrador, dóberman, rottweiler). Durante 11 años, tuvo una chihuahua que se llamaba Nina, que era la “psicóloga de la casa”, como ella la llamaba. “Tenía la capacidad de detectar cuando algo no estaba bien. En esos momentos, se acercaba y se sentaba a mi lado, simplemente acompañándome. Siempre creí que, para esta perrita, yo era la persona más importante”, afirma.
Isabel Cuadros, psiquiatra y directora ejecutiva de la Asociación Afecto Contra el Maltrato Infantil, explica que, evolutivamente hablando, los caninos se han desarrollado para construir un apego por los seres humanos. Por ello, los perros brindan un amor incondicional, lo que resulta esencial para construir la autoestima de niños que han sufrido por bullying. “El niño siente que es bastante importante para esta mascota. Varios animales pueden generar un gran apego con los niños y personas que los cuidan. El hecho de que alguien le dé amor incondicional evidentemente mejora la autoestima”, indica.
No obstante, la psiquiatra recalca que esto no debe ser un detonante para que los padres e hijos traten a las mascotas como objetos, que solo tienen como función el mejoramiento de la salud mental de los dueños. En sus palabras, es fundamental que los adultos comuniquen de manera clara a los menores que estas criaturas no son objetos y no deben ser tratadas como simples adornos. Los animales, especialmente los perros, requieren atención constante: paseos regulares, acceso a agua y comida adecuada, entre otros cuidados.

La experta asegura que el bullying es un fenómeno que causa un daño profundo en el desarrollo cerebral de los niños, equiparable al impacto del maltrato infantil. La experiencia clínica de Isabel Cuadros, con más de 15 años tratando casos de acoso escolar, revela situaciones alarmantes. Ella recuerda el caso de una paciente que llegó a considerar más importante a su mascota que a su propia familia o compañeros de escuela. Este testimonio resalta cómo un entorno hostil puede llevar a los niños a buscar refugio en relaciones con animales, en algunos casos, incluso por encima de sus vínculos humanos.
Es crucial, enfatiza Cuadros, intervenir no solo en apoyar a las víctimas, sino también en abordar el comportamiento de los acosadores. El simple hecho de proporcionar una mascota como apoyo emocional no resuelve la raíz del problema si no se aborda la conducta agresiva de quienes intimidan a los niños.
Las mascotas desempeñan un papel crucial en la facilitación de la expresión emocional, tanto en niños como en adultos, según explica Andrea Liliana Ortiz, magíster en psicología con énfasis en salud y doctora en psicología clínica de la Universidad de Salamanca y colaboradora del Colegio Colombiano de Psicólogos.
“Los perros, con su interacción de caricias, amor y compañía, pueden facilitar momentos de expresión emocional significativos”, apunta Ortiz. Sin embargo, subraya que el acompañamiento adecuado a niños que han sufrido bullying requiere más que la simple presencia de una mascota. “Es crucial que estos niños reciban un acompañamiento terapéutico profesional, no solo basado en la compañía de un animal”.
Ortiz señala la importancia de la formación especializada en terapia asistida por animales, donde el terapeuta capacitado trabaja en conjunto con perros entrenados para cumplir diferentes objetivos dentro del proceso terapéutico. “El perro no es la estrategia en sí misma, sino un apoyo valioso dentro del proceso terapéutico para alcanzar objetivos específicos”, aclara.
La colaboración entre psicólogos, terapeutas y perros especializados en terapia asistida es clave para brindar un soporte integral a los niños afectados por el acoso. “El perro puede ayudar a afrontar situaciones de ansiedad y estrés, siempre en conjunto con el acompañamiento y las indicaciones de un terapeuta”, afirma Ortiz.
En cuanto a los desafíos éticos y precauciones necesarias, Ortiz enfatiza en la importancia de informarse sobre los cursos de entrenamiento para animales de terapia, así como de trabajar siempre bajo la guía de profesionales en salud mental y personas con formación clínica. “Es fundamental mantener una apertura a nuevas herramientas y técnicas, siempre con el respaldo de una capacitación adecuada”.
Perros contra el acoso escolar
La psiquiatra infantil y adolescente Olga Albornoz ha observado cómo el uso de mascotas, especialmente perros de apoyo emocional, ha contribuido significativamente a mejorar el trastorno de ansiedad en niños. Según Albornoz, estas mascotas deben poseer características especiales y un entrenamiento específico en asistencia emocional para ser efectivas en su papel.
“Los perros de apoyo emocional deben tener un manejo muy especial y un entrenamiento en asistencia emocional para acompañar al niño a ciertos sitios y lugares”, explica Albornoz. También, destaca la importancia de que estos animales sean aceptados por toda la familia y así facilitar un trabajo conjunto entre el animal, el niño, el terapeuta y la familia en general.
Albornoz cuenta con varios pacientes que han experimentado mejoras notables gracias a la presencia de perros de apoyo emocional. Su propia perrita, entrenada en terapia y apoyo emocional, juega un papel fundamental en el tratamiento de los niños que atiende. “Es fundamental que el niño tenga un compromiso total con su mascota, encargándose de su cuidado diario y fidelizando así la relación entre ambos”.
La experta enfatiza que la elección del perro debe considerar la edad y las necesidades del niño, no siendo simplemente una decisión de llevar un peludo a casa para complacer a todos. Se requiere un criterio cuidadoso en cuanto a entrenamientos, manejo y compromiso por parte del menor y la familia.
Entre los beneficios psicológicos destacados por Albornoz se encuentran la responsabilidad que genera en los niños al cuidar a su mascota, la sensación de ser amados y necesitados, así como la influencia mutua entre el estado emocional del niño y el de la mascota. “Es un estamento de poder amoroso y cariñoso hacia alguien”, explica la especialista.
Sin embargo, Albornoz advierte que no todas las familias están preparadas para tener una mascota de apoyo emocional. Recomienda evaluar la disposición emocional, el tiempo disponible, la capacidad económica y la disposición afectiva hacia el animal antes de tomar esta decisión, ya que los perros de apoyo emocional requieren un entorno adecuado y una relación sólida con sus dueños para ser efectivos en su función.
La salud mental y el cariño que brindan los animales de compañía son dos herramientas que van de la mano para luchar contra un fenómeno cada vez menos silenciado en las aulas de clase. Sin embargo, es crucial que estos animales reciban un entrenamiento adecuado que les permita desempeñar su papel de apoyo emocional de manera efectiva, en colaboración con la orientación de un terapeuta. De esta manera, se evita que se conviertan en simples objetos para calmar a sus dueños.
