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¿Mucho guayabo? Tómese un té con rayadura de cuerno de rinoceronte. “Eso sirve para todo”: para curar cáncer, para drogarse, como decoración o para que sus cercanos sepan que tiene plata. Al menos eso es lo que proponen culturas orientales. No obstante, estas propiedades “mágicas” de la cornamenta de fauna silvestre no han sido comprobadas por la ciencia y justamente estas creencias son el mayor riesgo que podría llevar a que toda una especie desaparezca.
Por eso, se pasó de tener 500.000 ejemplares de rinoceronte a principios del siglo XX a 27.000 en la actualidad. Para proteger a los pocos que quedan se han creado varias estrategias, desde un cuerpo militar armado, encargado de disparar a quien se acerque con malas intensiones a estas criaturas; hasta equipos veterinarios que se adelantan a los cazadores para retirar los cuernos quirúrgicamente y dejar al animal vivo.
Pero nada como la última propuesta que surgió para atrapar a quienes comercian con los huesos de este animal y asustar a las personas que desean comprarlos: hacer que los cuernos de rinoceronte sean radiactivos, una idea innovadora que debe contemplar los efectos de la radiación en la naturaleza, los animales y que ha generado preguntas sobre la posibilidad de que este método disminuya significativamente el tráfico de fauna silvestre, en especial en África y Asia.
Esta idea llegó a James Larkin en 2019, ya que un equipo en Sudáfrica investigaba la posibilidad de atrapar a traficantes. “Me preguntaron si podía inyectar componente radiactivo y mi mente empezó a trabajar. Pensé que en vez de poner una dosis letal en el cuerno, podría poner una pequeña cantidad y así usar el miedo natural de la gente a cualquier cosa radiactiva, para devaluar el cuerno del rinoceronte”, contó Larkin, creador del proyecto a El Espectador.
Luego, vino el descubrimiento más importante. El biólogo, especialista en protección y seguridad radiológica, vio que los niveles correctos de radiación podrían activar los monitores de rastreo que se han instalado en fronteras para prevenir el terrorismo nuclear a nivel internacional, lo que llevaría a las autoridades a dar con los responsables del este crimen al intentar pasar el gran hueso de un país a otro.
La radiactividad, en general, no solo la que llevarían estos animales, se produce cuando los átomos se inestabilizan, cuando su cantidad de protones y neutrones en el núcleo no es la adecuada para mantener las partículas juntas y se dice que “decaen” cuando emiten energía en forma de radiación. Algo que está presente en celulares, microondas y ahora, posiblemente, en fauna silvestre.
Críticas al proyecto
Como en todo, esta idea tiene pros y contras. Y por ello, la iniciativa ha recibido fuertes críticas, de acuerdo con lo que explicó Óscar Medina, coordinador de fauna silvestre del Parque de La Conservación, una entidad privada ubicada en Medellín que trabaja por el bienestar animal y la restauración de los ecosistemas. Por ejemplo, que los traficantes, sabiendo dónde están estos mecanismos de detección, no pasarían el material animal por lugares tradicionales y van a buscar otras vías de salida. Es decir, “lo mismo que sucede siempre con el tráfico ilegal de cualquier índole, ya que los comerciantes conocen diversas rutas”, según Medina.
Asimismo, el químico farmacéutico José Julián López, colombiano, miembro de la comisión revisora de medicamentos del INVIMA, habló de otro factor: el tiempo. La radiactividad tiene un lapso de vida “útil”, por así decirlo, dependiendo de su tipo. “Por eso toca preparar los elementos al momento de la administración, para que duren lo más que se pueda, porque después de cierto tiempo la radiación decae, ya no es detectable ni produce daño a nadie”.
En el caso de los rinocerontes, el equipo de Larkin deberá renovar los isotopos que se pongan en los cuernos cada cinco años, a pesar de que la esperanza de vida de uno de estos animales puede alcanzar los 50.
Por ahora, solo 20 ejemplares tienen radiactividad en su cuerpo, entre esos un rinoceronte negro macho y una hembra, para determinar en un futuro si hay alteraciones dependiendo de su sexo. Además, son adultos jóvenes, ya que, en esta etapa experimental, era necesario contar con una longitud de cuerno exacta. A final de este 2024, cuando hayan transcurrido seis meses, los veterinarios encargados de monitorearlos, tomarán a cuatro de ellos para analizar su sangre y su salud.
Sin embargo, que la radiactividad solo esté activa por determinados años, ya podría ser un indicio de que la estrategia no se podría replicar en mayor número de rinocerontes. Pues, la medida no sería económicamente sostenible y se requeriría de muchos especialistas para rastrear el tiempo en que “expire” la sustancia radiactiva.
Una dosis de radiación perfecta para los rinocerontes
Chernóbil, Fukushima, Hiroshima y Nagasaki, en gran parte, son los responsables de la imagen que se tiene hacia la radiación, pues un mal uso de esta es un peligro inmensurable. Sin embargo, lo que comentó López es que, en el caso de los rinocerontes, todo depende de la cantidad en que se suministre, ya que lo mínimo para estos gigantes animales, que pesan fácilmente 800 kilos, podría ser tóxico para un humano que pesa en promedio 70.
Como en este experimento se está depositando una cantidad estándar de contenido radiactivo, que no es muy alta para dañar a los animales, pero tampoco muy baja para esquivar las medidas fronterizas que hay a nivel internacional, la probabilidad de que algo malo ocurra, tanto a los traficantes, las especies y el personal en las fronteras es muy baja. Además, porque la sustancia estaría en un lugar tan difícil de perforar o corroer como lo es un hueso, es decir, el cuerno de rinoceronte.
Aun así, para tener éxito en el proceso, se determinó la dosis exacta. Para ello, se tuvo en cuenta a físicos de la salud, especialistas en seguridad nuclear y física médica, que expusieron varias herramientas de software, entre ellas una que escaneó la cabeza de un rinoceronte, para crear una imagen digital de la misma y evaluar diferentes porciones hasta que las computadoras, que procesan datos, indicaran la cantidad perfecta que fuera compatible con la vida y con los detectores de radiactividad que hay por todo el mundo.
“Después les pedí a colegas de laboratorios estadounidenses que hicieran algunas pruebas, monitorean los resultados hasta que me dijeran: sí, esta es la dosis estándar que necesitas”, contó Larkin. “Un colega de la Universidad Texas A&M creó su propio modelo y usaron un software diferente para ejecutar las mismas pruebas. Llegamos a respuestas muy similares. Cabe aclarar que el trabajo de Texas A&M fue revisado por un colega de la Universidad Estatal de Colorado. Así que estamos seguros de que no dañaremos a los animales”, agregó el experto.
Sin embargo, estas investigaciones no se encuentran publicadas oficialmente en lugares confiables como Web of Science, Scopus o ScienceDirect que son bases de datos de alto impacto que recopilan estudios científicos y no hay nada sobre el proyecto que empezó su fase inicial a finales de junio del 2024. “Realmente no encontré nada. Los medios decían que había muchísima investigación sobre esto y por eso lo hicieron, pero realmente eso me dejó con dudas, al no verlo en los mayores portales de publicaciones científicas”, dijo Medina.
Lo que explica Larkin es que el proyecto se ha hecho de la mano de la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica, es financiado por la Agencia Internacional de Energía Atómica y en él también ha trabajado la Corporación de Energía Nuclear de Sudáfrica. Así que, además de su equipo, varias organizaciones están al pendiente de lo que pueda suceder y de los ensayos que certifican que los rinocerontes no se verán afectados por la concentración de material radiactivo.
Un pequeño e innovador (pero cuestionado) paso para conservar especies
Los tres expertos coinciden en que esta medida es descomunal, incluso extremista. Porque ha requerido de muchos estudios, se necesita sedar al animal, montarlo a camiones, incluso, se han transportado en helicóptero un par de los 20 animales tomados para el experimento inicial. Tras esto, perforar el cuerno, que es puro hueso, y posteriormente poner el material radiactivo.
Pero, para Larkin es necesario, porque al parecer es la única otra alternativa que ha surgido, luego de optar por cercenar el hueso del animal, por medio de programas de conservación. “No sabemos si lograremos salvar la especie, creemos que es necesario esforzarnos por hacerlo. Eso me haría muy feliz”, dijo el científico radicado en Sudáfrica.
Quien agregó que esta puede no ser la medida perfecta, pero sí una buena estrategia para disminuir la caza furtiva y empezar a descubrir diferentes formas de trabajar por la conservación de la fauna silvestre en el mundo. Pues, inicialmente se ha trabajado con rinocerontes, pero en un futuro no se descarta usar esta idea para mitigar otros problemas ambientales, como la tala ilegal, entre otras.
Muy probablemente esta no sea la respuesta para salvar a todas las especies que son víctimas de caza furtiva, porque no es una alternativa que se pueda contemplar a largo plazo. Pero, es un avance que demuestra que la creatividad y la ciencia pueden estar dispuestas a experimentar lo inimaginable para rescatar a los animales y puede ser el punto de partida para plantear otras iniciativas que concienticen sobre los riesgos por los que pasa la vida silvestre o logren salvar a especímenes que están al borde de la extinción.

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