Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La ampliamente laureada doctora Amanda Clinton quiere que la práctica psicológica se nutra con saberes de todo el mundo, pues opina que su ciencia se queda corta si no hay un diálogo intercultural. Como directora de Asuntos Internacionales de la Asociación Americana de Psicología, la más grande e influyente asociación de psicólogos del mundo, ha convocado una alianza global en la que profesionales en salud mental de todos los países se unan para abordar los aspectos de salud mental de problemas internacionales, como la guerra, la inequidad y el cambio climático. Esta última fue una de las principales preocupaciones que se abordaron en la Cumbre Internacional de Psicología y Salud Mental, que tuvo lugar en Bogotá y cuya organización lideró Clinton.
En entrevista con El Espectador, Clinton comparte los aprendizajes que le ha dejado una carrera como la psicóloga, que no conoce fronteras.
¿Cuáles lecciones le quedan tras trabajar como psicóloga en tantos países distintos?
Mi trabajo ha sido una oportunidad extraordinaria para, no solo viajar alrededor del mundo, sino conocer otros psicólogos, ver dónde trabajan, conocer a las personas con las que trabajan, los estudiantes que educan y, frecuentemente, los funcionarios del gobierno con los que se asocian para impulsar políticas. He dedicado horas enteras a enviar correos a países africanos, asiáticos y latinoamericanos pidiendo media hora para conversar sobre cómo se practica allá la psicología, qué tenemos en común, qué hacemos distinto y así enriquecernos mutuamente.
Creo que lo más importante que he aprendido es a ser curiosa. Donde quiera que vaya hay alguien que hace algo espectacular, sobresaliente o extraordinario de lo que podríamos aprender en la Asociación Americana de Psicología. He sido testigo de mucha creatividad, energía y posibilidades de acción en lugares inesperados. Por ejemplo, en Zanzíbar (Tanzania) se hacen terapias de rehabilitación de drogas en medio del campo, bajo un calor incómodo por el sol o en un ambiente pantanoso. En Nicaragua se trabaja con niños que viven literalmente en un basurero municipal. De todas esas experiencias he aprendido, y pienso que eso me trajo a ser la convocante de la Alianza Global de Psicología.
Ha insistido en la importancia de contar con la participación de personas del sur global. ¿Por qué es importante eso?
Históricamente ha habido un sesgo occidental en la psicología. Hay un énfasis excesivo en lo que los países “desarrollados” pueden aportar, pero tenemos que pensar en el mundo como un equipo, no como una jerarquía. Por mucho tiempo se ha representado la psicología como una práctica propia de los países industrializados, occidentales, ricos y desarrollados. Esto no es porque no haya ciencia ni práctica psicológica en otras partes del mundo, sino porque esos enfoques han sido excluidos. Pero la psicología es una ciencia sobre la humanidad.
Cuando comencé este trabajo, hace unos cuatro años, fui a una cumbre global y los asistentes eran de Estados Unidos, Australia, Canadá y Europa. Me sorprendió que pudiéramos llamarlo global. En el norte escuchamos muy poco y cerramos nuestras mentes rápidamente. Por eso no puedo enfatizar suficientemente cuán talentosos son mis colegas en el sur global y cuántas contribuciones han hecho. Creo que los países desarrollados debemos abrirnos al diálogo. Los problemas que estamos enfrentando, como el cambio climático y la desigualdad, son muy amplios y complejos, y no los resuelve unilateralmente una organización como la APA ni un país, por más industrializado que sea.
¿Cuáles son los logros específicos que la alianza global de psicología ha alcanzado?
Quise ampliar la perspectiva americana sobre lo que es la psicología. Esto comenzó en 2019, cuando acordé con la Orden de Psicología Portuguesa hacer por primera vez una cumbre internacional de psicología en su territorio. La APA funciona desde 1892, y en todo ese tiempo la única cumbre internacional que se había hecho fuera del país fue en Canadá, el país vecino. Eso me parecía decepcionante. Entonces invité a personas de todo el mundo y, en efecto, asistieron. Desde entonces nos concentramos en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13: Acción por el clima. Me interesaba que la psicología tuviese un rol más activo en temas de cambio climático, pero mientras trabajábamos en eso, llegó la pandemia de covid-19 y aumentaron a escala mundial los casos de violencia doméstica. Tuvimos que detenernos y desarrollar herramientas para tratar eso específicamente. Tradujimos estas herramientas a más de 25 idiomas, incluyendo dos indígenas, y nos aseguramos de adaptarlas con las asociaciones de psicología de cada país, a los respectivos contextos culturales e históricos. Lo que necesitan nuestros colegas en Tanzania puede ser distinto de lo que necesitan en Nueva Zelanda.
Pero no hemos dejado de trabajar en temas climáticos. En noviembre del año pasado estuvimos en Glasgow, en la cumbre climática, para hablar con líderes mundiales sobre los factores humanos de la crisis medioambiental. Ahora nos estamos preparando para la COP27 en Egipto, donde esperamos tener un evento paralelo. Además hemos hecho muchos eventos educativos orientados a temas climáticos. Hemos hecho eventos de justicia social y hemos influido políticas de la ONU y la Organización Mundial de la Salud.
¿Cómo ha sido su experiencia en contextos de conflicto armado?
Aunque no me considero una experta en conflicto armado, he trabajado en muchas zonas de guerra. Cada caso es distinto y de cada uno hay mucho por compartir. Las consecuencias psicológicas suelen ser muy severas en situaciones de conflicto armado, en especial cuando este se prolonga. En países como Irak, Israel o Colombia, donde hay períodos en los que el conflicto armado es intermitente, puede haber una sensación prolongada de inseguridad. Los síntomas del estrés postraumático aparecen, típicamente, cuando la vida no está en riesgo y la mente revive las amenazas. Este cuadro sintomático puede ser similar en los distintos países que han pasado por conflictos armados, pero eso no significa que la intervención clínica será la misma en Irak, Ucrania, Etiopía o Colombia. Deben tenerse en cuenta cuáles factores de protección existen en la comunidad o en la familia del paciente y cuáles servicios están disponibles cuando aparecen los síntomas.
Cuando llegué a Colombia por primera vez, hace más de 20 años, recién había acabado mi doctorado en neuropsicología. Tenía frescos los conocimientos de la universidad y creía saber mucho sobre cómo aplicar pruebas de memoria y luego escribir un informe sobre la base de lo que ya sabía. Pero me di cuenta de que no sabía nada. Las realidades de las personas que conocí en Colombia eran muy distantes de las de una Ph.D. estadounidense. Inicialmente intenté aplicar intervenciones muy estructuradas que eran incompatibles con el modo de ser de las familias colombianas. Las personas acá decían cosas como “mi amor, conversemos, no hagas eso”, tienen una aproximación diferente, y eso es genial.
He recibido docenas de correos electrónicos de expertos que quieren intervenir como psicólogos en el conflicto en Ucrania. No hablan ruso ni ucraniano, ni conocen el país, pero insisten en su experticia. Siempre las aliento a que hagan una pausa e intenten, al menos, tener una conversación los colegas ucranianos. Ha llegado a parecerme absurda la idea de que como soy una Ph. D. voy a aparecer de la nada en otro país a solucionar un problema porque de alguna manera sé más sobre el contexto de un grupo de personas que ellas mismas. Debemos prestar atención a dónde viene la gente, dónde están las personas y qué funciona en sus comunidades y apreciar esas diferencias como fortalezas. Los psicólogos pueden hacer daño si no tienen en cuenta el contexto específico del lugar y la historia de donde van a intervenir.
Sugerimos: La colombiana que apoya la salud mental de los evacuados en Ucrania
En la Cumbre Internacional de Psicología y Salud Global se firmó una resolución sobre psicología global para el periodo 2023-2025, ¿por qué es importante el acta que se firmó?
El momento en que firmamos el acta fue increíble. Yo estaba impresionada. Es el fruto de un trabajo en equipo. Es importante porque estamos muy comprometidos a implementar que den resultados tangibles con objetivos claros. La resolución describe la política en sí de las Naciones Unidas, resume la investigación psicológica relevante en lo que respecta a la salud mental global, los impactos del cambio climático en la salud mental y los impactos de la inequidad en la salud mental en el mundo. Luego establece específicamente lo que hemos acordado hacer. Las organizaciones que firman están dispuestas a compartir recursos materiales, recursos humanos, preguntas, ideas y transmitir políticas globales, regionales o locales. Dependemos mucho unos de otros para obtener herramientas educativas que permitan capacitar a los profesionales y otros mensajes para el público en general.
Uno de los principales asuntos de discusión en la Cumbre Internacional de Psicología y Salud Global es la afección del cambio climático y la salud mental. El cambio climático afecta con más dureza a las poblaciones vulnerables. ¿Sucede de igual manera con la salud mental de esas poblaciones?
Hay investigaciones científicas muy preocupantes sobre la forma en la que la crisis climática está afectando a las personas de menos recursos económicos y menos acceso a escenarios para expresar sus necesidades en el mundo. Los niveles del mar están subiendo, hay tormentas frecuentes en todo el mundo, donde muchas personas mueren o pierden lo que han tenido durante toda su vida. Los indígenas muchas veces no tienen una voz fuerte en las instituciones políticas. Las personas más pobres y de minorías étnicas en cualquier parte del mundo, refugiados, negros e hispanos tienden a vivir en zonas geográficas más bajas, por lo que son los primeros en inundarse. Puerto Rico y Nicaragua son buenos ejemplos de esto. Aun si no están inundados, hay charcos y muchos mosquitos, factores que se suman al estrés que ya viene con la supervivencia.
Pero hay otro enfoque interesante: el clima y la nostalgia. Crecí en Alaska, y cada vez que voy a casa encuentro una experiencia fascinante en términos psicológicos, porque mi casa ya no es el mismo lugar. Puedo ir a Alaska en enero y no hay nieve ni peces, lo cual es insólito. Pienso en cómo es esto para los indígenas nativos de Alaska o para un esquimal. Los lugares que aman y conocen están cambiando, y ligado a ese cambio hay una sensación de pérdida, de nostalgia climática. Para una persona que crece en el estrecho de Bering, la naturaleza puede ser su sustento, entonces el cambio medioambiental es como perder una parte de sí mismo. Es una situación de inseguridad alimentaria y se ha considerado causal de conflictos armados.
¿Cómo modificar el comportamiento de las personas para que actúen de manera más ecosostenible?
Estuve escuchando la radio estadounidense antes de venir a Colombia. Estaban hablando sobre cómo en Chicago se promueve el uso del transporte público. Me sorprendió que las personas llamaban a la emisora para hacer contrapuntos como “en el tren no puedo maquillarme ni subir el volumen de mi música al máximo, por eso prefiero usar un carro particular”, a lo que los expertos respondían preguntando por qué no usar audífonos o tomarse unos minutos para maquillarse antes de ir al transporte o simplemente no usar maquillaje, que de por sí es contaminante. Esto me lleva a preguntarme como psicóloga cómo cambiar el comportamiento de las personas. En mi vecindario he tratado de motivar a la gente a pagar por el servicio de compostaje, que tiene un impacto ambiental muy positivo, pues disminuye el tamaño de lo que se desperdicia y genera abono. Son US$100 al mes, si los dividimos en 10 casas, cada uno paga US$10. Les he dicho a mis vecinos que así ahorrarían US$35 mensuales en emisiones de CO2, pero no quieren pagarlo. Les resulta demasiado US$10 a cambio de US$35 imaginarios. Aquí la psicología cumple un rol importante. Les dije a mis vecinos que gastarán US$120 al año a cambio de ahorrar US$420 y con eso los convencí. Si algo sé de la conducta humana es que somos muy dependientes de recompensas.
¿Los Estados y las empresas se toman en serio su agenda?
El cambio siempre es de pequeños pasos. Entiendo que las empresas deben ganar dinero y los gobiernos necesitan apoyar a sus comunidades. Trabajé en el Senado estadunidense por un tiempo. Desde el día en que cualquier político comienza en el cargo se postula para la reelección. Hay políticos que creen en el cambio climático, pero si representan un área donde la gente no lo hace, lo dejan de lado. Diría que sí, hay progreso. ¿Es lo suficientemente rápido? Hay datos claros que muestran que no, pero la psicología puede resolver ese problema.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Le invitamos a verlas en El Espectador.