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La confirmación de Brett Kavanaugh para ocupar una silla en la Corte Suprema de Estados Unidos ha sido uno de los procesos más engorrosos en la rama judicial del país en las últimas tres décadas. Además de la ardua batalla política entre republicanos y demócratas por la aceptación del juez, a Kavanaugh ahora lo asedia una denuncia de acoso sexual que, además de dilatar su aprobación, manchó su expediente profesional de por vida.
Kavanaugh, de 53 años, se graduó de derecho en la Universidad de Yale, una de las más prestigiosas del país, y representa a la clase privilegiada de Washington. Ha sido uno de los juristas más respetados por los conservadores y también uno de los más polémicos. Durante su audiencia de confirmación para sentarse en la Corte de Apelaciones de Estados Unidos en 2004, el senador Richard J. Durbin le dijo en tono de broma: “Parece que usted es Zelig o el Forrest Gump de la política republicana… aparece en cada escena del crimen”. El comentario, que salió a flote de nuevo en 2018, hace referencia a que el juez ha figurado en varios de los eventos más dramáticos de la política moderna del país, al igual que el conocido personaje cinematográfico.
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Antes de ser parte de DC Kirkland & Ellis, uno de los bufetes de abogados más acreditados del país, Kavanaugh fue asesor asociado del equipo que dirigió la investigación al presidente Bill Clinton por el caso de Monica Lewinsky, donde el juez recomendó la destitución del demócrata. Años más tarde, Kavanaugh ayudó al equipo del presidente George W. Bush a bloquear la decisión de la Corte Suprema para hacer un recuento de las polémicas elecciones de 2000, que le dieron la victoria al republicano por votos del colegio electoral. Kavanaugh también hizo parte del equipo de Bush durante los fallos para respaldar la política de espionaje interno y de interrogación a criminales, altamente criticados porque conducían a torturas, así como del controvertido episodio por los fondos del Gobierno a la crisis del huracán Katrina.
Por su tendencia conservadora, el presidente Donald Trump nominó a Kavanaugh al Tribunal Supremo el pasado 10 de julio para ocupar la silla que dejó el juez Anthony Kennedy con su renuncia y batallar en el tribunal temas cruciales de su administración como el aborto, el porte de armas y regulaciones medioambientales. Con la confirmación de Kavanaugh, la Corte Suprema quedaría con una tendencia republicana con cinco jueces de línea conservadora en ejercicio. Por esta razón, el Partido Republicano ha pedido celeridad en la aceptación del juez, pues necesita aprovechar las mayorías que tiene en el Senado ante la latente amenaza de perderlas en las elecciones legislativas de noviembre. Entre tanto, los demócratas quieren dilatar el proceso, pues si ellos consiguen las mayorías tienen más posibilidades de rechazar a un juez que consideran muy conservador, y la denuncia de abuso que salpicó a Kavanaugh fue perfecta para esas intenciones.
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Una semana antes de la votación para confirmar al juez, Dianne Feinstein, la senadora demócrata de más alto rango en el Comité Judicial de la Cámara Alta, pidió a las autoridades investigar a Kavanaugh por presuntas denuncias de acoso, pues una mujer, Christine Blasey Ford, cuya identidad se reservó al inicio del caso, le informó que el juez trató de abusar de ella en 1982, durante una fiesta en los suburbios de Washington. Según la denunciante, Kavanaugh, junto con uno de sus amigos, la retuvo en una cama mientras trataba de desvestirla. Blasey afirmó que no denunció en su momento porque temía que sus padres descubrieran que estaba en una fiesta donde había alcohol. A raíz de su denuncia, la votación para confirmar a Kavanaugh se aplazó hasta que se conciba una audiencia para escuchar a las dos partes.
En principio, el Comité Senatorial citó a Blasey y a Kavanaugh para dar su testimonio sobre los hechos. La denunciante se había abstenido de testificar porque, según cuenta, se siente incómoda y amenazada con el foco que ha recibido el caso. El sábado, finalmente, ella accedió a hablar entre el miércoles y jueves de esta semana. Según reportes, Blasey pretende presentar un testigo de los hechos del día de la presunta agresión para sustentar su relato, además de solicitar una investigación formal al FBI sobre Kavanaugh. Como explicó Nancy Gertner, profesora de la facultad de Derecho de Harvard en una columna del diario The New York Times, “el FBI es responsable de realizar investigaciones de antecedentes de candidatos judiciales”.
Esta no sería la primera vez que el FBI investiga a un nominado a la Corte Suprema. En 1991, la abogada Anita Hill sentó un importante precedente al acusar de acoso al nominado a la Corte Suprema Clarence Thomas (actualmente en el cargo). En su momento, las intervenciones de Hill fueron rechazadas categóricamente por Thomas, en una sala que ni siquiera tenía un baño para mujeres, como recogió The Washington Post, una bancada conformada solo por hombres para juzgar alegaciones de acoso de una denunciante y un Senado con un bajo porcentaje de legisladoras.
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Como explica la profesora Gertner, sin el contexto y la solidez que proporciona una investigación, la audiencia de esta semana no tendrá mayor efecto, además de apaciguar las denuncias hechas por el movimiento MeToo. “El trabajo de la investigación es precisamente estudiar cada minuto, de manera que los detalles inclinen la balanza a favor de una parte”, indicó. Ahora, el Comité y el Senado deberán decidir si votan luego de que Kavanaugh y Blasey presenten sus testimonios o exigen una investigación más profunda del caso.
Ilya Shapiro, experto constitucionalista del Instituto Cato, opina que pese a la transformación social que trajo el movimiento MeToo, el sistema de interrogatorios sigue siendo ante un comité político en público, y no parece fácil que las acusaciones de Blasey tengan un efecto directo en la carrera de Kavanaugh. “No creo que el MeToo cambie las cosas mucho”, aseguró Shapiro, quien cree que se repetirá lo que pasó con el caso de Hill. La abogada , en un tono pesimistale explicó a en una columna de The New York Times que el hecho de que el panel “todavía carezca de un protocolo para investigar el acoso sexual y las acusaciones de ataques que emergen durante las audiencias de confirmación, sugiere que el comité aprendió muy poco de mi caso”.
Los republicanos continúan ejerciendo presión para agilizar la votación, pues el tiempo corre contra ellos. Con la incertidumbre viva en el debate, la pelea entre los dos partidos promete ser incisiva en las elecciones que se disputarán en noviembre. El proceso por poner un nuevo juez en la Corte ha estado rodeado de actos de mala fe. Tras el escándalo por la denuncia de Blasey, la senadora republicana Susan Collins afirmó estar presionada para votar en contra del juez por sus contribuyentes, quienes le dijeron que donarían dinero a la campaña de su rival en noviembre si votaba a favor de Kavanaugh. En cuanto a si la denuncia demuestra ser real y el juez mintió sobre el incidente, Tom Pavlinic, abogado de Maryland especializado en delitos sexuales, apunta que “el encubrimiento es peor que el delito”.