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La Casa Blanca aprovechó la conferencia anual del Consejo de las Américas, una asociación de multinacionales, para enviar un mensaje de dureza contra Cuba en un momento en el que en Estados Unidos y el extranjero se ha fortalecido la voz de los que piden el fin de un embargo que ya se acerca al medio siglo de duración.
En el departamento de Estado, donde tuvo lugar la conferencia, Bush y miembros de su gabinete machacaron también sobre los otros dos temas que centran su agenda con América Latina: Colombia y México.
Pidieron al Congreso que apruebe el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia, cuyo futuro es muy incierto por la oposición de los líderes demócratas.
Además, solicitaron la dotación de 1.400 millones de dólares en tres años para combatir el narcotráfico y el crimen organizado en México y América Central, un programa que se conoce como la Iniciativa Mérida.
No faltó tampoco la referencia a Venezuela, país al que Bush describió como “un vecino hostil y anti-estadounidense” de Colombia que “ha forjado una alianza con Cuba, ha colaborado con los terroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ha dado santuario” a ese grupo.
Otro objeto de críticas fue Irán. El encargado de América Latina en el departamento de Estado, Thomas Shannon, acusó al país persa de usar sus relaciones con América Latina como “una forma de mostrar que puede expresarse” en la arena internacional.
“Es una forma de actuar contra nosotros”, añadió Shannon. Venezuela en particular ha estrechado sus contactos con Irán.
Las palabras más duras de la jornada se refirieron, sin embargo, a Cuba. Bush pidió al Gobierno de Castro “unas elecciones libres y justas” , respetar los derechos humanos “de palabra y obra” y poner en libertad a los presos políticos.
Sobre el embargo, el mandatario dijo que “es la política de EE.UU. y no debe cambiar hasta que el pueblo de Cuba sea libre”.
“Cuba no será una tierra de prosperidad simplemente relajando las restricciones sobre las ventas de productos que los cubanos no se pueden permitir”, sostuvo el presidente.
Desde febrero Raúl Castro ha permitido a los cubanos comprar teléfonos móviles, quedarse en hoteles antes reservados para turistas y alquilar automóviles.
Carlos Gutiérrez, un cubano que ahora es secretario de Comercio de Estados Unidos, se mofó de esas medidas, que calificó como “muy superficiales y francamente un poco tristes y cínicas”, pues el cubano medio sólo gana 17 dólares al mes.
Desde que Raúl Castro se hizo cargo del poder el pasado febrero, después de que su hermano Fidel renunciara, “no se ha producido ningún cambio en absoluto”, declaró Bush.
La Casa Blanca confirmó que el presidente habló este martes por vídeoconferencia con tres disidentes cubanos, Bertha Soler, Jorge Luis García Pérez y Martha Beatriz Roque, que acudieron para ello a la Oficina de Intereses estadounidense en La Habana.
Se trata de la segunda ocasión en dos meses en que Bush dialoga con disidentes cubanos, después de que en marzo recibiera en la Casa Blanca a otros dos, Miguel Sigler y Josefa López Peña.
Colombia es el otro país en América Latina que ocupa la mente del mandatario, que no desperdicia una oportunidad para urgir al Congreso que ratifique el pacto comercial conjunto. Dijo que se trata de “una prioridad urgente de seguridad nacional”.
El texto está en el limbo después de que la presidenta de la Cámara Baja, la demócrata Nancy Pelosi, se negara a someterlo a votación.
Bush reconoció que si la legisladora de California no cambia de postura, “el acuerdo está muerto”.
El presidente también instó al Congreso a aprobar la Iniciativa Mérida, otra medida en el tintero legislativo.
Para vender la idea a los congresistas, la Casa Blanca ha cambiado el tono de su discurso sobre el narcotráfico y Shannon, por ejemplo, reconoció que Estados Unidos “es parte del problema”, por su demanda de drogas.