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Tras lo ocurrido el martes en Ecuador muchas personas han dicho “se veía venir”. ¿Está de acuerdo con eso?
Estoy de acuerdo, y no solo eso: en análisis que habíamos hecho en años anteriores estaba advertido, no el detalle por supuesto, pero sí en términos de tendencia general, debido a los factores que estaban interviniendo y que son visibles ahora. Para muchos de los que estamos especializados en el tema era una cuestión de tiempo. Los resultados, desde los medios y la academia, hay que analizarlos con precaución, sin ligerezas, porque eso genera más zozobra que certezas.
¿Cuáles fueron esas advertencias?
En 2008 fue advertida la inserción estratégica de Ecuador en el crimen organizado. La interdependencia compleja con Colombia, que en economías criminales, e incluso en las lícitas, es muy alta, nos tiene como país sujetos a que lo que haga o deje de hacer Colombia nos afecta. Por ejemplo, entre 2001 y 2003, cuando se acaban las conversaciones en el Caguán y llega el gobierno Uribe hay una arremetida militar, y eso genera un desplazamiento enorme, que para el Ecuador se convirtió en población refugiada que tenía que ser atendida y protegida.
Hoy casi nadie habla de la pandemia, pero para Ecuador fue importantísima porque una vez se reabrieron las fronteras, tanto las legales como las clandestinas, toda la producción de cocaína que se había incrementado en el sur de Colombia, que más o menos se duplicó y estuvo represada, tenía que salir por algún lado. La infraestructura que Ecuador había desarrollado en el gobierno de Rafael Correa y un poco al principio del de Lenín Moreno daba unas facilidades logísticas y de operatividad impresionantes para la producción en Nariño o Putumayo, en comparación con otros países como Panamá, Venezuela, Perú o Brasil.
De todo eso ya había antes, pero se dispara una barbaridad desde el año 18, cuando comienza el conflicto con el frente Óliver Sinisterra: se llega a poner una bomba y a destruir un cuartel de la policía en San Lorenzo. Luego pasó el asesinato de los periodistas (de El Comercio).
Las corporaciones criminales, en la dinámica interna de Colombia, se fracturan en la Nueva Marquetalia y otros que continúan la guerra, mientras que otros toman el camino político. Muchas de esas agrupaciones están en la frontera con Ecuador, y en medio de ese fraccionamiento, internacionalmente, en un par de años, tomaron contactos y se potenció el mercado criminal con la mayor presencia de los carteles mexicanos. Esa unión agarra con los “calzones abajo” al Estado ecuatoriano desde 2018.
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¿Por qué?
Moreno es uno de los primeros y mayores responsables de lo que hoy está sucediendo. Con la idea de reducir el Estado a su mínima capacidad, porque había que reducir presupuesto, burocracia, etc., desestructura el sistema de inteligencia y elimina el Ministerio de Justicia, que tenía toda la facilidad para el monitoreo, evaluación y rastreo en las prisiones. Es un quiebre brutal al quitarles planificación y presupuesto.
A los guías penitenciarios les bajaron los sueldos, eliminaron puestos, no se hacían pruebas de control semestrales, ¡les quitaron las armas!, incluso cachiporras, gases… Destrozaron el sistema de control interno. Se redujo el presupuesto de la Policía, nombraron personas que ahora están protegidas en Estados Unidos, como la exministra María Paula Romo. Asimismo, desapareció el Ministerio de Ambiente y los controles de los recursos energéticos y mineros.
Es una coincidencia de factores que desata este hombre. Todo eso facilitó la penetración de los carteles ecuatoriano-colombo-mexicanos en sus distintas economías criminales, con el control de las prisiones y la acción en las calles, comienzan a matarse entre ellos por la logística, el trasiego de armas y el bodegaje o camuflaje de toda la producción que se multiplicó en el sur colombiano.
¿Esa penetración del crimen se dio simultáneamente en el Estado?
Y superpotente. Hace cerca de un mes un operativo de la fiscal general puso en evidencia toda la red de comunicación y contactos, de tráfico de influencias y de la gente comprada, de las corporaciones criminales, básicamente Lobos y Choneros, que son a su vez las conexiones del cartel Jalisco Nueva Generación, del de Sinaloa y otros más, al punto de que hoy está preso el presidente del Consejo Nacional de la Judicatura, así como el general Ramírez, de la Policía Nacional, ¡que durante más de año y medio fue el director de la División Antinarcóticos! También fue director de prisiones. Eso dice mucho.
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Dada la interdependencia, ¿cómo actúa Ecuador respecto a lo que hace Colombia? ¿Lo sigue de cerca?, ¿hay diálogo constante?
Afortunadamente hay diálogo; en el anterior gobierno también lo hubo, pero había mucha reticencia a aumentar el intercambio de información, sobre todo de inteligencia desde Bogotá, porque obviamente había desconfianza al saber que un general de la Policía, que es parte de la estructura criminal, está al frente del sistema de prisiones y que luego lo nombran como contraparte.
Noboa lleva solo dos meses, y hace un mes con información que nos pasó Colombia, ya con otras autoridades, tuvimos una interdicción marítima en la que cayeron como 100 fusiles R15; a los 15 días, un operativo en el puerto de Guayaquil de otra cantidad de armas, explosivos, municiones que venían de Sacramento; y en el último cayó un bus con fusiles, municiones, explosivos. Según mis fuentes, es gracias a la cooperación mediante la articulación estadounidense-colombiana.
Esta semana vimos el intercambio de mensajes entre gobiernos y la confusión a raíz de la supuesta expulsión de presos colombianos que están en Ecuador. ¿Esto podría escalar a un roce diplomático o es algo secundario?
En política exterior no es secundario, porque en la desesperación del joven presidente, con poca experiencia, cometió errores al nombrar personas que no son aptas, como la ministra de gobierno, que dijo esta semana dijo que no sabía mucho del tema. La conducción político-estratégica está fallando.
Fíjese la importancia de lo simbólico: el jefe del Comando Conjunto, el almirante Vela, sale a decir lo que debe decir el presidente: “Hemos decretado el estado de excepción, estamos combatiendo el terrorismo y las medidas son estas…”. Puede hacerlo en términos operativos, pero en términos de imagen política demuestra una debilidad.
Lo que menciona es parte de la demagogia discursiva, muletillas aprendidas de otro lado, como lo hacían Lasso y Moreno. Noboa se puso en contacto con la gente que construyó la megaprisión en El Salvador, y en campaña dijo que iba a comprar barcazas para tener a los presos en el mar, a kilómetros de la costa. Esa es la discursividad. Las acciones concretas son otras.
Sobre lo de 1.500 colombianos, aunque también hizo referencia a peruanos y venezolanos… ¿cómo recibe eso Colombia? Pues es otro error de asesoramiento, porque los podemos deportar, ponerlos al otro lado de la frontera, pero para que regresen, porque allá están libres. ¿En qué condición entrarían a Colombia?
Se nombró a una canciller que es experta en negocios internacionales, no de política exterior. Falta asesoría para que le digan: presidente Noboa, esto se habla con Colombia y se acuerda un protocolo, un procedimiento.Es falta de experiencia y demagogia.
¿No cree que los vaya a “mandar” a la frontera?
No sé, capaz que lo hace, pero lo dudo. Ojalá lo asesoren bien.
¿Qué se está haciendo con otros gobiernos que tienen que ver en este problema, como EE. UU., México, la Unión Europea…? ¿Hay señales de trabajo conjunto con Ecuador sobre estos problemas?
Hay mucha discursividad. La exportación de cocaína que está destinada a Europa ya pasó del 65 %, básicamente a Amberes, Rotterdam y otros de menor escala., porque hace unos cuatro años empezaron a operar acá las bandas criminales albanesas. Por cierto, según la fiscalía, se demostró que el cuñado del expresidente, el entorno de Lasso, “está hasta el cuello” con el tema albanés.
En todo caso, esa reorientación de los mercados tendría que ir con una lectura crítica de los TLC. Cada año se van desgravando productos, procesos, inversiones, y eso implica más exportación, pero no hay una correlación con el control, el monitoreo y la evaluación de puertos y contenedores, servicios tecnológicos e inteligencia criminal.
Nos colaboran Colombia y EE. UU.; de la UE hay mucha discursividad, se ve muy poco, en parte por la falta de liderazgo de este gobierno, que lleva dos meses, pero no da señales de proactividad en la política exterior.
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¿Y cómo es la relación con México?
Recién López Obrador hace una mención al Ecuador. En general no ha habido una buena relación con él. De hecho, AMLO se opuso a que Ecuador entre a la Alianza del Pacífico. Los acuerdos comerciales con México bajaron mucho en intensidad por oposición del mismo López Obrador respecto a la producción nuestra de atún, banano, café, camarón… muchas restricciones. En concreto, con México, muy poco.
¿Para usted la declaratoria del estado de excepción y reconocer un conflicto armado interno fueron las medidas adecuadas? ¿Le preocupa algo?
Es otro estado de excepción, ya ni recuerdo qué número es este. Se generan unos operativos que bajan la violencia en ciertas zonas unos días y luego volvemos a lo mismo. Lo nuevo es el decreto donde se reconoce el conflicto interno y el terrorismo como amenaza. Para eso procede el liderazgo de las Fuerzas Armadas, que tienen buena legitimidad, pero no cuentan con los recursos suficientes porque tenemos un gran déficit fiscal producto de todas la improvisaciones que mencioné, y la crisis económica que ya venía. Esto nos cae en el peor momento.
Nos preocupa que haya mucho aspaviento discursivo, hay medidas, pero los resultados no se ven de la noche a la mañana. Esto empodera a los militares, sí, pero eso no les interesa, no son una guardia pretoriana. Les preocupa la infiltración que empezó a haber de las corporaciones criminales en ciertos sectores militares, sobre todo de frontera y del cuerpo naval en las islas Galápagos.
No veo una solución de corto plazo. Y se suma una polarización sobre la propuesta punitivista tipo Bukele, que la gente va a aplaudir, pero la necesidad es otra, de legitimidad del presidente, pero sobre todo con su movimiento ADN, que no llega ni al 20 % en la Asamblea. En este momento las fuerzas incluso de oposición, hasta el expresidente Correa, manifestaron apoyo a las medidas; Noboa tiene el apoyo de la gente, del empresariado, y tendría que aprovechar esto. Y la única manera no son discursos demagógicos como “vamos a echar 1.500 colombianos”, sino acciones. El mensaje que espera la gente es la caída de cabecillas
¿Qué puede hacer Noboa entonces en tan poco tiempo, con un círculo que no parece idóneo y con toda la corrupción enquistada en el Estado?
Una limpieza en las instancias estatales de los malos elementos vinculados a las corporaciones criminales. Pedir el apoyo del Legislativo, que lo va a tener, para depurar la porquería en las instancias de administración de justicia. Necesita una orientación estratégica en su política exterior para que se enfoque en la cooperación con los países vecinos, fundamentalmente en términos tecnológicos, asistencia en inteligencia con EE. UU. y llamar la atención de la colaboración de Europa. Todo enmarcado en derecho internacional humanitario y derechos humanos.
¿Cómo allanar el camino para que, si se toman esas medidas, tengan continuidad en el próximo gobierno?
Debe analizar si el éxito, así sea momentáneo, que puedan tener estas medidas le va a servir para la convocatoria al referendo que quiere plantear, porque hay mucha gente ya diciendo que si esto no funciona que [Noboa] dé un paso al costado.
Mi temor es que entremos en una desestabilización política más temprano que tarde; afortunadamente la Conaie y otros movimientos sociales han manifestado su apoyo, pero la gente necesita resultados. Es cuestión de tiempo. Si él quiere participar [en la campaña] el próximo año, porque está joven, tiene ganas y mucho dinero, para el 2025 tendría el escenario para presentarse con buenas castas a su favor.
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