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El reciente ataque de Georgia contra Osetia del Sur, al que Rusia respondió fuertemente, es un episodio de la paz caliente cuyo principal promotor es Estados Unidos. De hecho, el último estertor de la guerra fría se dio en 1991, al desplomarse la Unión Soviética (URSS). Desde entonces, E.U. se concentró en mantener su supremacía global, una paz caliente que depende de su preponderancia sobre Eurasia, el megacontinente donde tiene a sus potenciales rivales. Esta región también alberga las mayores reservas del mundo de gas y de petróleo, en las regiones de Asia Central y del Mar Caspio.
La política de supremacía de Estados Unidos en la región considera clave el control sobre tres países: Ucrania, por articular los espacios de Europa y Rusia; Azerbaiyán, la llave de los recursos energéticos del Mar Caspio y de Asia Central, y Uzbekistán, porque su independencia garantiza la del resto de Asia Central.
Pero Azerbaiyán, y la cuenca del Mar Caspio, además, tienen la presión de Rusia en el norte, de Turquía desde el occidente y de Irán desde el sur; igual que mantiene una disputa con su vecina Armenia por la región de Nagorno-Karabaj. Mientras Georgia, su otra vecina, disputa con Rusia su dominio sobre Abjasia y Osetia del Sur. Con los hechos del 11 de septiembre E.U., la única potencia ajena a la región, logró instalarse allí al intervenir en Afganistán, país este que mantiene diferencias étnicas con Uzbekistán en el norte.
Intereses y diferencias
La rivalidad entre Rusia y Estados Unidos se concentra entonces sobre el monopolio de los accesos a la región que hasta hace poco ostentaba Rusia. Valga recordar que Georgia (con 69.700 kilómetros cuadrados y 4,7 millones de habitantes), un país más pequeño que el departamento de Guainía, reivindicó su nacionalidad con Armenia y Azerbaiyán, los tres estados del Cáucaso, justo antes del desplome de la URSS. Lo mismo que hizo en 1989 Abjasia (8.600 km2, 300.000 habitantes), una república soviética autónoma, y en 1990 Osetia del Sur (3.900 km2, 60.000 habitantes), una región autónoma de Georgia.
Las disputas internas por el poder en Georgia pretendieron saldarse con el intento de someter a abjasios y a osetios; estos últimos resistieron hasta que en 1991 se acordó interponer una fuerza de paz rusa. Por su parte, los abjasios derrotaron a las fuerzas de Georgia y acogieron desde 1994 una fuerza de paz rusa monitoreada por Naciones Unidas.
La situación cambió desde 2004, cuando Mijail Saakashvili asumió la presidencia de Georgia. No es, como se ha dicho, un simple simpatizante de Occidente. Hijo de familia acomodada y liberal, se formó en Derecho con una beca del Congreso de Estados Unidos en universidades de este país; ejerció como abogado en un famoso bufete en Nueva York y cursó un énfasis en Derechos Humanos en Francia, en el que conoció a su esposa holandesa.
Sus biógrafos achacan a un carácter impulsivo su ataque sobre Osetia del Sur, aun a riesgo de provocar a Rusia. Luego de causar 1.400 víctimas osetias y 11 entre los soldados rusos, Saakashvili debió retirar sus fuerzas ante la contraofensiva de Rusia y anunció entonces el retorno del contingente georgiano en Irak.
Washington trasladó de inmediato tales tropas, a la vez que el presidente Bush agradecía la ayuda de Saakashvili en Irak y en Afganistán, prometiendo que aseguraría la integridad territorial de Georgia. Tres navíos estadounidenses debieron entregar “suministros humanitarios” en el Mar Negro. “El problema no es la integridad, sino que se acepte la voluntad de Abjasia y Osetia”, afirmó el presidente ruso, Dmitri Medvédev, en entrevista con la canciller alemana, Ángela Merkel. Sin embargo, el papel de Alemania ha sido controvertido en esta crisis, pues no sólo rechazó el ingreso de Georgia en la OTAN, sino que su ex canciller Gerhard Schröeder preside Gazprom, el gigante ruso de los combustibles.
Gazprom actualmente construye oleoductos en Osetia para recibir combustibles, como controla el 50% del suministro de gas para Europa. Pero con su acción contra Osetia del Sur, Saakashvili evidenció la fragilidad de Georgia como paso del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (BTC), que conecta el Caspio y el Mediterráneo.
Cerca de 62 millones de dólares anuales quedan para Georgia por el tránsito del oleoducto, que atraviesa Azerbaiyán, Georgia y Turquía, administrado por la BP, Unocal, Chevron y firmas locales, se inauguró en 2006 para evitar a Rusia, Armenia, y el oleoducto Blue Stream que envía gas ruso a Turquía e Italia.
Las acciones contra Osetia llevaron a Azerbaiyán a suspender las exportaciones petroleras por los puertos georgianos de Kulevi y Batumi, en el mar Negro. También la BP cerró el oleoducto Western Route Export Pipeline (WREP), que transporta petróleo desde Bakú hasta el puerto georgiano de Supsa; también cerró el gasoducto South Caucasus Pipeline (SCP), desde el Mar Caspio, a través de Georgia, hasta la frontera con Turquía. Así que BP sólo puede exportar crudo y gas por el puerto ruso de Novoroiisk, como los puertos georgianos de Batumi y Kulevi, todos en el Mar Negro.
No muy lejos, la secretaria de Estado norteamericana, Condo leezza Rice, y su homólogo polaco Radoslaw Sikorski acordaron el despliegue de partes del escudo antimisiles de E.U. en Polonia, proyecto que también incluye a República Checa. Tal despliegue es otro paso en la estrategia estadounidense de supremacía global, como también lo es la expansión de la OTAN.
Mientras para Rusia esa asociación con Polonia y República Checa, así como el frustrado ingreso de Georgia y Ucrania a la OTAN, constituyen una amenaza directa a su seguridad, a modo de comparación los rusos amenazaron con instalar bases de misiles en Cuba. También anunciaron el envío de una flota a Venezuela.
En síntesis, el conflicto Georgia-Osetia es un ejemplo de la paz caliente promovida por Estados Unidos. Para mantenerse como única superpotencia en la zona, necesita controlar Asia Central. Lo evidente es que Rusia no cederá fácilmente sin comprometer su propia supervivencia. Por eso, no se retirará de Osetia ni de Abajasia, como lo pidió la Unión Europea. El gran perdedor en la disputa estratégica fue Saakashvili, que terminó convertido en peón de Washington y perdió en todos los frentes.
*Catedrático de Geoestrategia. Universidad Javeriana.