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Las cárceles de todo el mundo viven momentos complicados durante la propagación del nuevo coronavirus. Los reclusos denuncian violaciones a los derechos humanos y condiciones que los vuelven vulnerables de inmediato frente al virus. Hoy cinco personas resultaron muertas, dos de ellas carbonizados, en dos motines simultáneos ocurridos en centros penitenciarios de Argentina.
Ambos hechos ocurrieron en la provincia de Santa Fe donde los presos de las cárceles de Las Flores y Coronda se amotinaron el lunes reclamando mejores condiciones de detención. Tras varias horas de revuelta las autoridades retomaron el control de los predios este martes a la madrugada.
«No hubo toma de rehenes ni fugas» indicó en conferencia de prensa el secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, Walter Gálvez, sin dar mayores precisiones sobre heridos. Aseguró que el motín involucró a unos 300 de los 1.400 presos en el penal de Coronda y a unos 700 de los 1.200 alojados en Las Flores. Seegún su versión, los confinados «aprovecharon la situación» que se vive respecto a las medidas del gobierno para frenar la expansión del coronavirus.
El gobierno argentino ordenó el 20 de marzo el aislamiento obligatorio preventivo de la población hasta fin de mes a excepción de aquellas personas afectadas a actividades esenciales, como la atención de la salud y la distribución y venta de alimentos. Hasta el lunes se habían registrado 301 casos de coronavirus con dos fallecidos, según el parte oficial.
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En este marco, autoridades carcelarias reportaron en los últimos días otros intentos de motines en cárceles la provincia de Buenos Aires y en la de Chaco, en el norte argentino.
Una misión de Naciones Unidas debía iniciar a comienzos de marzo un relevamiento de las condiciones de detención en las superpobladas cárceles argentinas, pero la tarea debió ser suspendida debido a la pandemia.
Presos y coronavirus ¿Está en mayor riesgo la población carcelaria? De acuerdo con médicos argentinos, «el encierro conlleva un deterioro de la salud psicofísica de las personas privadas de libertad», Explican que, las condiciones de hacinamiento, los obstáculos para acceder a derechos fundamentales y la profundización de las malas condiciones materiales en que se desarrolla la privación de la libertad agrava la situación de emergencia en las cárceles».
Un informe, publicado por la revista The Lancet, coincide. Señala que las cárceles son epicentros de enfermedades infecciosas debido a la mayor prevalencia de infección de fondo, los niveles más altos de factores de riesgo de infección, el contacto cercano inevitable en instalaciones a menudo superpobladas, mal ventiladas e insalubres, y el acceso deficiente a los servicios de salud.
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«Las infecciones pueden transmitirse entre prisioneros, personal y visitantes, entre cárceles a través de transferencias y despliegues cruzados de personal, y hacia y desde la comunidad. Como tal, las cárceles y otros entornos de custodia son una parte integral de la respuesta de salud pública a la enfermedad por coronavirus», agrega el artículo.
De acuerdo con registros médicos, el primer brote de influenza en prisión ocurrió en la prisión de San Quentin en California, EE. UU., en 1918, cuando se desató una pandemia por influenza. «En tres casos separados, la infección fue introducida por un recluso recién llegado, y una sola transferencia a otra prisión resultó en un brote allí. El aislamiento fue fundamental para la contención», añade The Lancet.