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El conflicto del Cáucaso ya no enfrenta solamente a Georgia y Rusia. Los tintes diplomáticos que ha tomado, llevan al recuerdo de la Guerra Fría, que enfrentó silenciosamente y con estrategias de influencias en distintas zonas del mundo a los bloques estadounidense y soviético.
Lo que primero parecía una posición apática por parte del gobierno de Bush -quien tenía que escoger entre apoyar a Georgia, su mayor aliado en la zona, o a Rusia, para conseguir su apoyo en las Naciones Unidas frente a temas como el de Irán- se ha convertido en el transcurso de esta semana en un enfrentamiento diplomático entre ambas potencias.
Desde el anuncio del plan de paz por parte de los presidentes Sarkozy y Medvédev, de Francia y Rusia, respectivamente, Georgia y Estados Unidos se empeñaron en decir que Moscú no cumple con su promesa de retirar las tropas a las posiciones iniciales antes de empezar el conflicto. En ese sentido, el Secretario de Defensa norteamericano dijo en rueda de prensa que “si Rusia no retrocede en su postura agresiva y sus acciones en Georgia, las relaciones entre EE.UU. y Rusia podrían verse dañadas durante años”.
Según los expertos, el tema de Georgia puso al descubierto los deseos de Rusia de volver a figurar en la geopolítica internacional como un actor importante, pero también hay que entender la realidad política interna de EE.UU.
Para Jesús Agreda-Rudenko, profesor ucraniano de Estudios Europeos en la Universidad del Rosario, el gobierno de George W. Bush está a punto de terminar y “quiere demostrar que sigue luchando por los intereses de la democracia y libertad
económica. Pero es claro que se metió en un conflicto que no entiende”.
Además, según el experto, el hecho de que en medio de la crisis Estados Unidos firmara un tratado con Polonia para instalar en el país unas lanzaderas de proyectiles interceptores como parte de su escudo antimisiles, “complica más las relaciones entre Washington y Moscú, porque se entiende que el escudo es para proteger a Norteamérica y sus países aliados frente a posibles ataques de otros bloques, incluida la posibilidad de uno proveniente de Rusia”.
Así las cosas, “Rusia responde porque ve sus intereses vulnerados y Estados Unidos aprovecha la situación para tomar decisiones sin contar con Moscú”, agrega Agreda-Rudenko.
Para la profesora búlgara Aneta Ikonomova, historiadora de la Universidad Externado de Colombia, todo apunta a que “el conflicto no se va a calmar, sino a durar. Además, Rusia va a ser cada vez más agresiva, porque tiene interés de demostrarle a la OTAN que esto no es su región (el Cáucaso), sino del poderío ruso”.
De este modo, “la relación entre Rusia y EE.UU. ya no será la misma. En la medida en que Moscú se sienta debilitada y Washington continúe con el escudo antimisiles, las fuerzas del Kremlin harán arsenal que pueda penetrar el escudo y se regresará a la era de la carrera armamentista. Sin embargo, es improbable que lleguen a agredirse directamente”, afirma Agreda-Rudenko.