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Los 538 miembros del Colegio Electoral, elegidos por los estadounidenses en las pasadas elecciones generales, se reunieron este lunes en las cámaras estatales de todo el país para emitir sus votos por Joe Biden o Donald Trump. Este proceso oficializó la victoria del candidato demócrata en los comicios. Sin embargo, un asesor del presidente Trump, que se rehúsa a reconocer su derrota, dijo que una “lista de electores alterna” también había votado, y espera que el Congreso valide esos votos para que su jefe continúe en la Casa Blanca. ¿Eso es posible? El Espectador le explica.
Primero lo primero: ¿Qué es eso de los votos de los electores y el Colegio Electoral?
Estos son los votos que importan realmente. Recordemos que, en estos comicios, los ciudadanos no eligen directamente a su próximo presidente, sino a un grupo de personas – conocidos como los electores- a quienes les encomiendan la tarea de votar en el Colegio Electoral por uno u otro candidato. Así es como funciona el sistema en Estados Unidos.
Los electores, elegidos por la ciudadanía, se comprometen a votar en el Colegio por la boleta presidencial que ganó el voto popular en su estado. Eso es lo que pasó este lunes.
¿Y ya terminó todo? ¿Biden ya es el presidente sin dudas?
Una vez finalizada la votación, los votos de los electores se envían al Archivero, y este los envía más tarde al Congreso en donde son contados en la primera semana de enero. El vicepresidente del país, como presidente del Senado, es el encargado de anunciar al ganador y próximo presidente de los Estados Unidos tras el conteo de estos votos. Así que no, todavía no acaba esto. Pero la victoria de Biden ya es casi oficial, solo falta que el vicepresidente Mike Pence lo diga en enero.
Todo este proceso, que en otro momento habría sido una mera formalidad, se siguió de cerca este año porque el presidente Trump presionó a los legisladores estatales en estados claves para que no respaldaran las listas de electores elegidas por el pueblo, como debería ser, sino que les pidió que respaldaran unas listas alternas de electores que iban a votar por él. Es decir, el presidente buscaba saltarse todos los procesos democráticos para quedarse cuatro años más en el poder y exigir electores que solo se comprometieran a elegirlo de nuevo, aunque la ciudadanía no los hubiera elegido a ellos.
¿Eso es posible?
No. Trump fracasó en su intento de dinamitar el proceso democrático en Estados Unidos. En los estados disputados, como Pensilvania, las legislaturas locales se negaron a aceptar una nueva lista de electores. Y eso que los legisladores eran en su mayoría republicanos. No se atrevieron a hacerlo porque era un atentado a la democracia.
El proceso continuó como debería. Los votos fueron certificados porque las demandas del presidente contra los resultados no prosperaron. Y hay que resaltar que no fueron exitosas porque carecían de pruebas. Después de la certificación vino la votación del lunes, y esta dilapidó las intenciones del presidente por silenciar la voluntad del pueblo. Pero esto no ha detenido su campaña de desinformación. Para nada.
El lunes, mientras los electores votaban, el asesor principal del presidente Trump, Stephen Miller, dijo que un “grupo alternativo de electores en los estados en disputa” estaban enviando sus votos al Congreso a favor del republicano, y que el equipo de Trump está a la espera de que el Congreso valide esos votos para que oficialice el segundo periodo del republicano en la Casa Blanca.
Bueno, esta estrategia es un gran engaño para que el público seguidor del presidente crea que todavía hay una mínima oportunidad de cambiar los resultados. No la hay.
¿Puede el equipo de Trump presentar una lista alterna de electores para que voten por él ante el Congreso y siga como presidente?
Nada en la Constitución ni en los procesos electorales estatales permite una lista de electores “alternos” o una lista alternativa como la propone Miller.
Primero, la Constitución establece los números de electores, el cual debe ser igual al tamaño de la delegación de un estado en el Congreso. Luego a las cámaras estatales les corresponde proponer los nombres de estos electores para que la ciudadanía los vote. Así el sistema es democrático. Después de esto la ciudadanía vota y los votos son certificados.
Estos electores que votaron el lunes fueron elegidos en las urnas. Sus votos fueron certificados y oficializados. Por todo esto la derrota de Trump es oficial. Los electores alternos que dice Miller que votaron por Trump pueden enviar sus votos al Congreso, pero este nunca los tendrá en cuenta porque ni siquiera tienen el sello de los secretarios de Estado correspondientes. Por lo tanto, esos votos de electores alternos no son y nunca serán válidos.
Entonces, ¿por qué continúa negándose a reconocer que perdió?
Toda esta campaña de Trump para desconocer y deslegitimar los resultados, presentando demandas sin futuro en varios estados porque carecen de pruebas, quizás no le haya conseguido una permanencia en la Casa Blanca por otros cuatro años. Sin embargo, fue todo un éxito para él y sus bolsillos.
El equipo del presidente asedió a sus seguidores solicitandoles dinero para pelear en las cortes por unos resultados que creía eran fraudulentos. Así, el equipo de Trump consiguió cerca de US $207 millones después de las elecciones. Esta cifra es mucho mayor que la de las recaudaciones mensuales de su campaña antes de los comicios. Sin embargo, el dinero recaudado, en su gran mayoría, no fue para demandas, sino que fue a parar al Comité Nacional Republicano y a Save America, un comité político que el presidente fundó apenas en noviembre. En estos comités, que casi no tienen regulaciones, Trump puede hacer lo que quiera con ese dinero.
Como sugiere Jordan Libowitz, director de comunicaciones de Ciudadanos por la Ética y la Responsabilidad en Washington (CREW), Trump buscará alargar el reconocimiento de su derrota el mayor tiempo que le sea posible, mientras esto le permita continuar sacando cada dólar que pueda de los bolsillos de sus partidarios. Es por eso que él y su equipo continuarán vendiendo la idea de que hay otra posibilidad de que el republicano se quede en la Casa Blanca, aunque estas ideas estén alejadas de la realidad. Trump ha construido una realidad alternativa que solo él y sus seguidores se creen, pero que no aplica en la realidad en la que vivimos.
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