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En la noche del miércoles, a la salida de la cárcel La Papuda, de Brasilia, unos 50 seguidores de Césare Battisti, aplaudían su regreso a la libertad. Había pasado cerca de cuatro años en prisión, desde que en una tarde calurosa de Rio de Janeiro fue detenido por un grupo de agentes brasileños e italianos, en cumplimiento de una orden internacional de captura. La justicia romana le imputaba crímenes cometidos a mediados de la década del 70. El tiempo había pasado, pero las cuentas seguían pendientes.
Battisti fue un miembro reconocido del grupo de Proletarios Armados por el Comunismo. Vivía bajo los dogmas de la extrema izquierda, en medio de una limitada facción de jóvenes que luchaban por la una revolución en Italia, con pequeños atentados en las ciudades y grandes acusaciones de terrorismo del gobierno. Lo acusaron de 36 cargos, entre los que figuraban cuatro homicidios y, mientras se refugiaba en Francia de la presión penal de su país, fue condenado a dos cadenas perpetuas como reo ausente.
Las condenas daban pie a una orden de captura internacional. Por eso, en 2007, Brasil fue escenario de su captura y Brasilia su centro de reclusión. No obstante, el ministro de Justicia de entonces, Tarso Genro, del gobernante Partido de los Trabajadores en cabeza del presidente Luiz Inácio Lula, le otorgó el estatus de refugiado político a pesar de estar en custodia. Sin embargo, la petición de extradición se sustentaba en una dura condena a Batistti, un precedente que en 2009 llevó al Tribunal Supremo de Brasil a dar su aprobación para el traslado del prisionero a su país de origen, no sin antes aclarar que todas las bases legales estaban en orden para la extradición. Sólo faltaba la voluntad política de Brasil, que recaía en manos del presidente. Y Lula, el último día de su gobierno –el 31 de diciembre de 2010- dijo no a la petición italiana, que ya era una solicitud de toda la Unión Europea.
Desde esta semana, Batistti es un hombre libre en Brasil. De poco sirvió la demanda que interpuso el gobierno de Silvio Berlusconi pidiendo la entrega del exactivista. El Tribunal Supremo determinó que “Italia no puede poner en tela de juicio un dictamen del Tribunal Supremo de Brasil”. De otro lado, el ministro de Justicia de Italia, Angelino Alfano, dejó en claro que su gobierno había agotado todos los recursos legales y políticos del caso y el propio Berlusconi afirmó que el paso siguiente, todavía en estudio, será recurrir al Tribunal Penal Internacional de La Haya.
La reacción a la libertad de Batistti fue inmediata en Italia. El viernes, el ministro de Relaciones Exteriores, Franco Frattini decidió “llamar a consultas temporalmente” al embajador en Brasilia, Gherardo La Francesca, con el fin de «profundizar, conjuntamente con las autoridades competentes, en los aspectos técnicos y jurídicos relacionados con la aplicación de acuerdos bilaterales existentes”. Las víctimas también se manifestaron, y rodearon la sede diplomática de Brasil en Roma repudiando la decisión.“El partido no se ha terminado. Aunque en el primer tiempo ganó el terrorismo», sentenció Frattini.
Silvio Berlusconi ironizó sobre el tema diciendo que su país no va a declararle la guerra a Brasil. No obstante, desde hace tres años la figura de Battisti viene entorpeciendo el diálogo entre las dos naciones. “Es una venganza absurda y tardía” del gobierno italiano, según palabras del abogado del acusado, Luis Roberto Barroso.