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El problema de Guantánamo

Según el Pentágono, uno de cada siete ex detenidos ha regresado a sus actividades terroristas.

16 de junio de 2009 – 06:20 p. m.

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“En Guantánamo me llamaban ‘número 10.005’. Era mi nombre, mi apellido y mi dirección. Todo”, recordó el argelino Lakhdar Boumediene sobre su vida en la prisión militar estadounidense. El hombre le contó a la emisora Radio Francia Internacional que sufrió, entre torturas, unas 120 sesiones de interrogatorios durante cinco años; en una de ellas, cuando le preguntó a un soldado de qué se le acusaba, éste le respondió: “El tuyo es un caso político, no eres un terrorista”.

Las torturas siguieron repitiéndose incluso después de noviembre de 2008, cuando un juez de EE.UU. lo declaró inocente y exigió su liberación inmediata. Él y otros cinco argelinos, capturados en Bosnia en 2001 bajo la acusación de atentar contra la embajada estadounidense en Sarajevo, llegaron hace un mes a Francia, convirtiéndose en el primer grupo de ex prisioneros de Guantánamo en ser entregados a un país europeo.

Y todo indica que no serán los únicos. El pasado lunes se acordó el borrador entre Washington y la Unión Europea para que ese continente acoja a los prisioneros de la base estadounidense declarados inocentes. Según el texto, EE.UU. se compromete a pagar los gastos de los detenidos y a enviar toda su información a las autoridades de los países receptores. De momento, sólo siete naciones han mostrado su intención de aceptar el pacto: España, Francia, Irlanda, Gran Bretaña, Italia, Portugal y Bélgica.

El descontento comienza a sentirse desde ya entre los ciudadanos europeos: “Los Estados receptores se verían obligados a crear un estatuto específico para estos refugiados. La fórmula presos por dinero es un parche inaceptable”, fue uno de los tantos comentarios en contra publicados por el periódico madrileño El Mundo.

El suyo no es un miedo infundado. El Pentágono reveló que uno de cada siete ex detenidos de Guantánamo han regresado a sus actividades terroristas. La estadística contrasta con los problemas de Washington para ubicar a otros reos: el envío de cuatro uigures (musulmanes chinos) a Bermudas generó roces políticos entre Londres y la isla (una de sus posesiones en ultramar), además del pedido expreso de Pekín por el regreso de sus nacionales. Por otra parte, la población de Palaos, un archipiélago de Oceanía, se opuso a la posibilidad de recibir hombres sindicados de terrorismo.

El acuerdo firmado con Europa tiene una historia escondida. El borrador final anuló la posibilidad de que EE.UU. recibiera a los presos declarados libres por una petición expresa de la Casa Blanca. La omisión tiene una explicación: según una encuesta del diario USA Today, tres de cada cuatro estadounidenses se oponen a que las cárceles de sus condados alberguen a cualquiera que haya sufrido los excesos de la guerra contra el terrorismo en Guantánamo.

El dilema estadounidense poco le importa a Boumediene. “Sólo quiero olvidar esta pesadilla y vivir en paz”, aclara. Esa es la misma suerte que les desea a los 60 prisioneros de Guantánamo considerados inocentes por la justicia norteamericana.

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