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La cuestión de las islas Malvinas reaparece en la opinión pública cada vez que una declaración, un referéndum, un reclamo de soberanía, un proyecto de exploración o explotación de recursos naturales o una operación unilateral altera las tensiones que mantienen Reino Unido y Argentina sobre este archipiélago, ubicado en el Atlántico Sur. Esta vez fue el gobierno británico el que empezó con el vaivén de acusaciones, al anunciar un despliegue militar en la zona para prevenir “futuras amenazas”.
Fue el ministro de Defensa británico, Michael Fallon, quien en una entrevista con la BBC anunció el despliegue y la modernización de los dispositivos militares marítimos y aéreos, teniendo en cuenta que, según él, los reclamos de Argentina siguen planteando una amenaza. Más concretamente, se reforzará la base militar del archipiélago con dos helicópteros Chinook, que hasta hace poco fueron utilizados en la guerra de Afganistán, y una inversión de alrededor de US$267 millones en diez años, que incluye la renovación del sistema de defensa antiaéreo de misiles Rapier.
Fallon aseguró que “la amenaza a las islas se mantiene, pero también nuestro compromiso de ser absolutamente claros en que los isleños tienen el derecho a seguir siendo británicos y el derecho a la protección adecuada de nuestras fuerzas de seguridad”.
Si bien es cierto que en 2013 los habitantes de las islas se pronunciaron mediante un referéndum a favor de seguir siendo un territorio británico, por 1.513 votos a tres (la inmensa mayoría de los habitantes son colonos británicos), las aseveraciones sobre la “amenaza argentina” parecen un poco exageradas.
¿Amenaza argentina?
Es muy poco probable que, en medio de la crisis económica que atraviesa, el país suramericano decida destinar recursos para un enfrentamiento bélico contra el Reino Unido. Esto no sólo amenazaría su economía ya deteriorada, sino que correría un serio riesgo de volver a perder la batalla que perdió en 1982.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina emitió un comunicado en el que reiteró que el diálogo y la negociación, y no las armas, son el único camino para resolver la cuestión de las Malvinas. También consideró “absolutamente injustificable que se agite el fantasma de una presunta ‘amenaza argentina’ para aumentar el presupuesto militar británico y consolidar la creciente militarización de las islas”.
Ante versiones publicadas por el diario sensacionalista The Sun sobre un presunto plan argentino de invasión a las Malvinas, el propio ministro de Defensa del país suramericano, Agustín Roozzi, aseguró que esa posibilidad es sencillamente “una locura” y no existe ninguna política armamentista por parte de su país.
Argentina, una vez derrotada en la Guerra de las Malvinas de 1982, se ha enfocado en reclamar la soberanía sobre las islas en el marco del diálogo, la política y el derecho internacional, y ha tenido, según su propia Constitución, como un objetivo permanente e irrenunciable la recuperación de las islas.
El Estado suramericano ha conseguido que la ONU declare la cuestión de las Malvinas como un asunto “colonial especial” cuya soberanía se debe determinar mediante negociaciones entre las partes. Lo mismo han dicho una mayoría de organismos regionales y países de Latinoamérica y el Caribe. No obstante, las posibilidades de un diálogo entre ambos estados son muy remotas. En particular, claro, por la falta de voluntad de los británicos, que poseen la soberanía sobre el territorio desde hace casi dos siglos.
Aniversario
Más que la posibilidad de un enfrentamiento bélico, las declaraciones del ministro Fallon sirven para anunciar el 33 aniversario del desembarco, el 3 de abril de 1982, de tropas argentinas en las islas Malvinas, que para entonces ya llevaban 149 años bajo administración británica. Ese histórico desembarco derivó en un conflicto bélico que duró hasta el 14 de junio de 1982 y en el cual perdieron la vida 655 soldados argentinos y 255 soldados británicos. Un enfrentamiento que ni argentinos ni británicos quieren repetir.
dsalgar@elespectador.com