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¿En dónde está mi hijo?

Mañana, desde la frontera entre Guatemala y México, comienza la “Caravana de madres centroamericanas buscando a sus migrantes desaparecidos”, una protesta en la que un grupo de mujeres reivindican a las personas que se extraviaron buscando el sueño americano.

Panorámica de las vallas que marcan la frontera estadounidense, en el estado de Texas, con México. / EFE
Panorámica de las vallas que marcan la frontera estadounidense, en el estado de Texas, con México. / EFE
Foto: EFE - Jesus Alcazar

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La entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio para América del Norte —México, Estados Unidos y Canadá—, el 1º de enero de 1994, trajo consigo la nueva modalidad de acuerdos comerciales. El paquete completo incluiría pactos de seguridad no explícitos.

En aquel entonces, uno de los motivos no evidentes de la firma del Nafta, como se llamó el acuerdo, era que éste vinculaba a la seguridad nacional de la nación americana. Era urgente que Estados Unidos detuviera la migración proveniente de Centroamérica hacia su territorio. No obstante, aún no se hablaba del muro de la posguerra fría.

En 2001, Estados Unidos aprobó la construcción de un muro con una extensión de 1.200 kilómetros en una frontera de 3.500 kilómetros. Hasta el momento, hay 560 kilómetros (350 millas) de valla construida; sin embargo, en junio de 2013, el Senado estadounidense aprobó la propuesta para fortalecer la seguridad en la frontera con México: más guardias fronterizos y la terminación del muro de 1.200 kilómetros de valla.

Al intentar cruzar el muro de Berlín —la Cortina de Hierro—, murieron cerca de 300 personas. En el muro al sur de río Bravo mueren de 300 a 500 personas por año, las cuales entierran en México la esperanza del sueño americano.

Por esta razón, el 2 de diciembre saldrá de Ceibo —frontera México-Guatemala— una caravana integrada por 45 madres y organizaciones sociales que las acompañarán en el doloroso recorrido por el vasto territorio mexicano hasta llegar a Guadalajara el 18 de diciembre. Se trata de la “Caravana de madres centroamericanas buscando a sus migrantes desaparecidos”, que reúne a mujeres de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Según Marta Sánchez Soler, representante del Movimiento Migratorio Mesoamericano, la caravana tiene objetivos claros: “Visibilizar el drama de los migrantes a los ojos del mundo entero para ver si las cosas cambian. Disminuir la xenofobia, lograr la solidaridad de los mexicanos, porque nadie puede resistir la mirada de dolor de esas madres”. Para Sánchez, una de las escenas de la doble moral con la que se trata a los migrantes fue cuando un alto funcionario mexicano, en una de las caravanas anteriores, ingresó al local en donde estaban las madres, les preguntó cómo las trataban y si no les faltaba nada. Una madre, con total frialdad, lo miró y le dijo: “A nosotros nos han tratado muy bien, pero a nuestros hijos los tratan muy mal”.

Es casi imposible no sensibilizarse con madres inmersas en un vacío por la ausencia de sus seres queridos desaparecidos, reconstruyendo la ruta que los llevó a la muerte, mediante una migración forzada. “Primero desbaratan la economía local, comunitaria y tradicional, les obligan a que migren, los maltratan, y en México los matan”.

Qué pesar que México lindo y querido se haya vuelto la patrulla fronteriza de Estados Unidos. ¿Es esta otra expresión más del modelo insostenible?

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