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"En un momento le dije Álvaro García, el vicepresidente, después de declarar persona no deseable al embajador de Estados Unidos, ó después de tomar algunas políticas importantes, ahora quisiera morirme, hicimos historia y eso que hicimos junto al pueblo es imparable, va a continuar con Evo o sin Evo, con Álvaro o sin Álvaro", comentó Morales el domingo.
Su gobierno ordenó la expulsión en septiembre del embajador Philip Goldberg por sospechas de injerencia interna en momentos en que la oposición había iniciado duras protestas antigubernamentales en cuatro regiones que causaron la muerte de 15 personas.
Después de la expulsión de Goldberg, el presidente estadounidense George Bush recomendó la suspensión de Bolivia de unas preferencias comerciales que al país le han permitido crear unos 25.000 empleos y exportar por 153 millones de dólares al mercado estadounidense el año pasado.
Dijo también que las recientes negociaciones con los opositores que acabaron sin un acuerdo, le gustó porque escuchó por primera vez que sus adversarios lo llamaron "señor presidente" en presencia de veedores internacionales; mientras que en declaraciones públicas o en concentraciones "lanzan amenazas, ofensas públicas, me tratan de indio, animal, ignorante", dijo y atribuyó esos prejuicios a "pocas personas" que no aceptan que un indígena sea presidente".
La alusión al embajador de Estados Unidos vino a propósito de la reelección, propuesta que está contenida en el proyecto constitucional que impulsa y cuyo texto es rechazado por la oposición regional y política. Indicó que el asunto de la reelección "no le interesa" pero más adelante señaló que las reformas emprendidas por su gobierno como la nacionalización de los hidrocarburos, la política de tierras entre otros tienen que tener "proyección por muchos años, no siempre con la misma persona, puede ser otra pero que siga la línea".
Dijo que la política de la oposición acabó fortaleciéndolo y que después sus adversarios comenzaron a hablar de un golpe de estado, "yo siento que nunca habrá un golpe militar, tengo buenas relaciones con militares, también debatimos, hay diferencias", acotó.
La reforma constitucional es la última batalla política entre el gobierno de Morales y la oposición.