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El ex presidente Raúl Alfonsín, que promovió durante su gobierno el juzgamiento de los jerarcas de la última dictadura militar por violaciones a los derechos humanos, falleció el martes a causa de un cáncer de pulmón, confirmó su médico personal. Tenía 82 años. “Ha muerto tranquilo. Nos dejó quedándose dormido… Todo ocurrió en un marco de suma tranquilidad”, dijo el doctor Alberto Sadler a los periodistas que aguardaban frente al domicilio del ex mandatario.
Alfonsín, quien gobernó de 1983 a 1989, padecía un cáncer de pulmón desde hacía tiempo, agravado por una metástasis ósea. Pese a que en los últimos días su estado empeoró por una neumonía, quiso permanecer en su apartamento en un barrio céntrico junto a la familia hasta su deceso.
Su última aparición pública fue a principios de octubre, cuando la presidenta Cristina Fernández develó un busto en su honor en la casa de gobierno. Unos días después recibió un homenaje al cumplirse 25 años de su triunfo electoral, pero no estuvo presente.
Afiliado a la centrista Unión Cívica Radical (UCR) , Alfonsín fue elegido democráticamente en 1983 para conducir un país devastado por la dictadura iniciada en 1976, que dejó 30.000 desaparecidos, según organismos de derechos humanos.
Su gestión quedó marcada por dos hechos: el juicio a las juntas militares y una crisis hiperinflacionaria —un 3.079,5% en 1989—, circunstancia que lo obligó a entregar el poder seis meses antes al peronista Carlos Menem.
Alfonsín jugó un papel protagónico en la transición a la democracia que siguió a la derrota en la guerra contra Gran Bretaña por las Islas Malvinas (Falkland) en 1982. Conformó la coalición político-social conocida como la “multipartidaria” que preparó el terreno para las elecciones presidenciales de 1983, en las que se impuso con el 51,7% de los votos frente al 40,1% del peronismo, que por primera vez era derrotado en las urnas.
A pocos días de asumir, dio el aval político para que, por primera vez en la historia del país sacudido por seis golpes militares, se juzgara a los cabecillas del régimen militar instaurado en 1976. “Pienso a veces que he arriesgado demasiado porque lo que hicimos nosotros no conoce antecedentes en el mundo”, recordó Alfonsín en una entrevista.
Con ese objetivo, creó la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) para recibir las denuncias y pruebas para luego remitirlas a la justicia. Resultado de ese arduo trabajo fue el informe Nunca Más, el cual reveló que el régimen puso en práctica un atroz plan de exterminio de disidentes.
Después de nueve meses de agotadoras audiencias, 833 testimonios entre sobrevivientes, familiares de las víctimas, militares, periodistas, sacerdotes y extranjeros, un tribunal civil condenó a los dictadores a cadena perpetua.
Forzado por tres rebeliones militares entre 1987 y 1988, Alfonsín pidió al Congreso la sanción de dos leyes exculpatorias, que en un caso fijó la extinción de acciones penales contra militares y civiles por delitos cometidos durante la dictadura y en otro eximió de culpa a oficiales de menor rango.
La decisión le quitó popularidad a su gestión, ya castigada por una inflación fuera de control. Logró aplacar a los militares, pero no a los sindicatos ni al peronismo, que recuperó espacio hasta lograr la mayoría en el Congreso.
Su gobierno es recordado por su impronta social: en 1984 puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización, que redujo la tasa de analfabetismo, premiado en 1988 por la Asociación Internacional de Lectura de la UNESCO. Y se dictaron dos leyes largamente reclamadas: la de patria potestad compartida en 1985 y de divorcio vincular en 1987, pese a la fuerte presión ejercida por la Iglesia católica. “Es usted el símbolo del retorno de la democracia”, le dijo la presidenta Cristina Fernández en octubre, cuando se develó un busto en honor al ex mandatario en la Casa de Gobierno.
Nacido en Chascomús, una pequeña localidad en el sur de la provincia de Buenos Aires, realizó sus estudios en el Liceo Militar General San Martín, egresando como subteniente de reserva. Uno de sus compañeros de promoción fue el futuro dictador Leopoldo Galtieri, quien luego sería juzgado durante su gobierno.
Se recibió de abogado en 1950 y comenzó a militar en la UCR. Su carrera política —fue concejal, legislador y alcalde— sufrió tantas interrupciones como golpes militares el país. En 1973 creó una línea interna en la UCR conocida como Movimiento de Renovación y Cambio, con un programa de izquierda socialdemócrata que proponía la reforma agraria y el establecimiento de una democracia social.
Fundó con otros dirigentes políticos e intelectuales la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Tras el golpe de 1976, censurada la prensa, vedada toda actividad política y sindical y sometida la disidencia a una persecución implacable, Alfonsín asistía legalmente a opositores y presentaba hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos, aún a riesgo de perder la vida.
Aunque dejó el poder con altos índices de impopularidad, con el correr de los años su figura se reivindicó al punto de ser considerado hasta hoy el único presidente con rango de estadista desde 1983. Al cumplirse el 25to aniversario del retorno de la democracia, Alfonsín advirtió en su última aparición pública que aún está “coja e incompleta”.
“La intolerancia, la violencia, el maniqueísmo, la compartimentación de la sociedad, la indisponibilidad para el diálogo han sido maneras de ser y de pensar que echaron raíces y constituyen todavía hoy una de las principales rémoras y déficits (sic)”, advirtió. Casado, padre de seis hijos, Alfonsín se mantuvo como figura relevante de su partido y de la política argentina hasta su muerte.