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Representantes de 60 países se reunieron este martes en Kabul para dar forma a un concepto que la OTAN y el gobierno de Hamid Karzai venden como una cesión paulatina del control del país a las autoridades locales y como la única solución posible a una guerra que ya lleva nueve años y ha causado miles de muertos.
La conferencia se había publicitado en los días previos como la “primera cumbre sobre Afganistán en Afganistán” y Karzai quería demostrar que es capaz de organizarla en el corazón de la ciudad y de garantizar la seguridad de las autoridades. Hakim, de 65 años, y electricista de profesión, se pasó la tarde en un taburete mostrando su poca confianza en la iniciativa: “He estado escuchando en los últimos años que el dinero llegaba desde todo los países; millones de dólares. Pero yo no sé dónde han llegado. Ni yo ni mi familia estamos mejor. Se lo queda el gobierno. Prefiero a un americano que ponga sólo cinco dólares y los gaste en Afganistán, que a un gobierno que dé 10 y sólo gaste uno en el pueblo”.
El presidente afgano inauguró la cumbre con una petición de mayor control de los fondos internacionales que recibe su país, y de apoyo para su plan de paz con los talibanes menos radicales. Karzai, visto con recelo en gran parte de los países donantes por las acusaciones de corrupción de su gobierno y de fraude en la reelección presidencial de 2009, no pidió más dinero, pero sí el control del ya destinado a desarrollo, US$13.000 millones.
“Sigo determinado a que las fuerzas de seguridad nacionales afganas sean responsables de todas las operaciones militares y de mantenimiento del orden público en todo el país en 2014”, dijo Karzai. No está claro cuándo se producirá la retirada de tropas extranjeras. La idea, según los participantes, es que no se trata de fijar fechas, sino de condiciones que permitan la salida.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, había fijado para julio de 2011 el inicio del repliegue de los soldados estadounidenses, con el propósito de traspasar los poderes a las fuerzas afganas antes de 2013. Desde el inicio de la guerra se han invertido cerca de US$40.000 millones en Afganistán, según la organización Oxfam. La mitad se ha destinado a entrenar y equipar al ejército y a la policía.
La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, dijo durante su intervención que el objetivo de 2011 subrayaba la urgencia de transferir más responsabilidades de seguridad al gobierno afgano. El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, anunció que las fuerzas internacionales, alrededor de 150.000 soldados, permanecerán en el país después del período de transición para garantizar el “apoyo” a las tropas afganas.
Al final, el comunicado de la conferencia atendía el pedido de Karzai: las fuerzas afganas asumirán algunas competencias de seguridad para finales de este año, y dirigirán las operaciones militares en todas las provincias a finales de 2014. También se dio el respaldo a varias iniciativas del gobierno afgano, como una nueva ley para crear una fuerza contra el crimen y un tribunal anticorrupción y compromisos en defensa de los derechos de la mujer.
Los partidarios de la guerra esperan que el anuncio descargue la presión que sufren muchos países europeos, donde el apoyo a la intervención se ha desplomado y los gobiernos piden una hoja de ruta. A finales de año, de acuerdo con lo recogido en el encuentro, se elaborará un esquema más detallado de la agenda de la transición.
La noticia, que dotaría a Afganistán de un más amplio margen de autonomía en el futuro próximo, se produce cuando la brecha entre la población y las tropas extranjeras presentes en el país se ha ido abriendo cada vez más. “Sólo le está sirviendo a la gente que trabaja en el mundo de la seguridad. Los demás no hemos recibido nada —explica Nasir, de 42 años—. Sería una vergüenza que después de tanta tecnología perdieran los extranjeros contra los talibanes”.
Una encuesta realizada por el Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo entre más de 500 afganos del sur de Afganistán, señalaba hace unos días que el 55% de los ciudadanos piensa que la OTAN está ganando la guerra. El 40% de los encuestados dijeron que la democracia era importante para ellos y el 72% decía preferir que sus hijos crecieran bajo el manto de un gobierno elegido que bajo el de los talibanes. Sin embargo, las cosas no se presentaban tan bien a la hora de valorar la presencia de las tropas extranjeras en el país. El 70% de los hombres afganos ven mal las operaciones militares. Más de la mitad consideran que las fuerzas extranjeras quieren destruir el Islam y el 68% cree que la OTAN no protege a la población local.