
“Donny, siempre supe que lo arruinarías. Siempre fuiste un tonto, una broma. Tus hijos te odian, en especial Ivanka”, se le escucha decir al empresario Fred Trump sobre su hijo y expresidente estadounidense, Donald Trump. Todo parece genuino acá: su molestia, sus palabras, su voz y su imagen, pero no se trata de él. Nada de esto es real.
El video que ha circulado de los supuestos ataques de Fred Trump a su hijo y actual precandidato republicano es producto de una campaña del Proyecto Lincoln, un comité de acción política conservador, pero que se identifica como anti-Trump, que utiliza los avances de Inteligencia Artificial para hacer que este montaje parezca auténtico. Su objetivo es persuadir a los votantes republicanos para que duden sobre la capacidad del candidato, a partir de las supuestas palabras de su padre.
“Donald Trump acaba de perder el imperio que construyó su padre. Puede que Fred no esté con nosotros ahora, pero en este lugar imaginamos cómo reaccionaría ante el historial de décadas de fraude de su hijo”, señala el Proyecto Lincoln, justificando su campaña.
De todo el comunicado, lo que más destaca es la palabra “imaginación” y cómo ahora esta se puede traducir en algo “real” con las nuevas tecnologías. Si bien antes se podían ejecutar campañas de este tipo, también realizando montajes, la capacidad de diferenciar entre lo que es ficticio y lo que no ha cambiado de manera asombrosa. Ahora es mucho más difícil detectar cuándo un contenido es construido desde una computadora, y estas tácticas se usan con cada vez más frecuencia.
“La inteligencia artificial hace que la información errónea sea más generalizada y persuasiva. Sabemos que la gran mayoría de las historias de desinformación simplemente no son vistas por más de un puñado de personas, a menos que ‘ganen la lotería’ y repercutan en el panorama mediático. Pero con cada historia, imagen y video falso adicional, ese escenario se vuelve más probable. Y la matemática es brutalmente simple: si compras suficientes billetes de lotería, eventualmente ganarás”, señala un análisis de Zeve Sanderson, Salomon Messing y Jusué Tucker, expertos den medios y redes sociales del Instituto Brookings.
Los riesgos frente a estas campañas son altísimos, considerando que no todos los comités y grupos políticos que están usando estas herramientas digitales advierten al público que sus videos son creados con esta inteligencia artificial. El Proyecto Lincoln lo deja claro: “el anuncio tiene descargos de responsabilidad claros en pantalla y dice que el diálogo es nuestra visión creativa de cómo reaccionaría Fred”.
En primer lugar, eso no es garantía de que las audiencias puedan fácilmente captar que el video es falso. Pero hay casos peores. Un video publicado por la campaña del gobernador de Florida, Ron DeSantis, en el que se ve a Trump abrazando al responsable del plan de vacunación de covid-19 durante la pandemia, no tenía ningún descargo de responsabilidad. Expertos en seguridad electoral y analistas de tecnología han hecho el mismo llamado: se necesita una regulación urgente sobre estas herramientas. El problema es que, aunque el calendario electoral avanza velozmente, el Congreso sigue estancado frente a un proyecto que controle los llamados “deepfakes” o materiales sintéticos.
La iniciativa para una regulación la tuvo el líder de la mayoría en el Senado, el demócrata Chuck Schumer, a mediados de 2023. Schummer convocó a los líderes de las empresas de tecnología a abordar el debate en el Capitolio para “promover la innovación segura de la inteligencia artificial”. Pero aunque ambos partidos políticos reconocen la necesidad de hacer algo, pocos quieren participar activamente de un proyecto ambicioso debido a que se están celebrando primarias internas.
Ante la inoperancia del Congreso, varios estados han empezado a tomar medidas por su cuenta. Wisconsin, por ejemplo, aprobó el 15 de febrero una ley que exige a los candidatos y grupos políticos incluir exenciones de responsabilidad en los anuncios que utilicen inteligencia artificial.
“Es un primer paso importante que brinda claridad a los votantes. Con la inteligencia artificial, cada vez es más difícil saber qué es verdad”, dijo el representante estatal Adam Neylon, quien impulsó el proyecto que fue apoyado por varias organizaciones de votantes bipartidistas y medios de comunicación.
El Senado de California, por otro lado, implementó el proyecto de Ley 1047, el cual ha sido catalogado como el más ambicioso en el país frente a esta problemática, pues exigirá que las empresas que construyen estos modelos de inteligencia artificial realicen más pruebas de seguridad antes de que sean lanzadas las herramientas al público. Si la tecnología demuestra ocasionar un daño crítico, el fiscal estatal podría demandar a la compañía.
Otra veintena de estados, como Alabama, Texas y Dakota del Norte, han tomado medidas para regular esta tecnología, como delegar las obligaciones de investigación que tiene el gobierno sobre órganos de monitoreo que miden el impacto de la inteligencia artificial. Según la Software Industry Alliance (BSA), una alianza de empresas que defiende los intereses de la industria de los softwares ante los gobiernos, hay unos 400 proyectos de ley relacionados con regulaciones a la inteligencia artificial en unos 44 estados. Estos esfuerzos son importantes, pues la historia indica que la legislación estatal a menudo presagia soluciones federales.
“La ventaja de la regulación estatal es que ejerce más presión sobre el gobierno federal. actuar para que no terminemos con una regulación caótica de la tecnología estado por estado”, le dijo Hany Farid, profesor de la Escuela de Información de UC Berkeley, a la NPR.
Por ahora, el único gran avance a nivel federal ha sido el que tomó la Comisión Federal de Comunicaciones hace dos semanas, cuando prohibió las llamadas automáticas que utilizaban voces generadas por inteligencia artificial. Esta decisión llegó luego de las alertas que surgieron por una llamada en la que una voz que imitaba la del presidente Joe Biden invitó a no votar en las primarias demócratas. La Casa Blanca, por otro lado, emitió una directriz el año pasado para abordar el problema, pero sus objetivos son a largo plazo, y con solo nueve meses por delante para las elecciones generales, la incidencia de la inteligencia artificial demanda acciones inmediatas. Toda la responsabilidad, entonces, recae en cada estado.
“Un año después, todavía celebramos sesiones de escucha y conferencias de prensa. Parece probable que nada se mueva”, lamentó Paul Gallant, analista de política de la firma Cowen Inc, en CNN.
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