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Fue una de las leyendas de la Guerra Fría: un escritor de la disidencia búlgara, Georgi Markov, moría en un hospital de Londres a consecuencia de una misteriosa fiebre luego que le hubieran inyectado un perdigón envenenado, disparado con una sombrilla adaptada especialmente, mientras caminaba al trabajo e iba cruzando el Puente de Waterloo.
Prominente novelista en su tierra natal cuando desertó hacia Occidente en 1969, Markov se había convertido en periodista del servicio búlgaro de la cadena BBC y en un inflexible crítico del mandato comunista y de Todor Zhivkov, el líder de Bulgaria por largo tiempo.
Su muerte en 1978 recibió una sensacionalista cobertura en Occidente, ofrecida como una prueba más de los nefastos actos de los servicios secretos del bloque soviético. Cuatro días antes de su muerte, Markov le dijo a uno de sus colegas que había sentido un agudo dolor en la pierna mientras caminaba al trabajo, dándose vuelta en ese momento para ver a un desconocido recogiendo un paraguas de la acera.
Ahora, 30 años después, un nuevo misterio gira en torno a la muerte, una figura de la cual se sospecha en el caso y la perspectiva de darle claridad algún día, así como una resolución, a los crímenes del comunismo. Un periodista búlgaro, Hristo Hristov, acaba de publicar un libro, "La doble vida del Agente Piccadilly", del cual dice que muestra cómo la dirigencia comunista eliminó a uno de sus opositores más elocuentes.
Con base en la primera mirada externa de lo que anteriormente habían sido documentos confidenciales del servicio de seguridad de estado de Bulgaria, Hristov llega a la conclusión que Markov fue asesinado por Francesco Gullino, danés de
origen italiano que trabajaba ocasionalmente de traficante, detenido dos veces en Bulgaria, al cual le dieron la alternativa entre ir a prisión y convertirse en agente.
Con base en Copenhague y al amparo de su frente como corredor de arte, Gullino estuvo activo hasta 1990 y recibió dos medallas del Estado búlgaro "por servicios a la seguridad y el orden público", destacó Hristov. En 1993, Gullino fue detenido brevemente e interrogado por los británicos y la policía danesa en Copenhague, y desde entonces no se ha sabido absolutamente nada de él.
El lector pudiera pensar que este caso está más bien cerrado. Sin embargo, ahora el investigador en jefe de Bulgaria sobre la muerte de Markov, Andrei Tsvetanov, dice que las autoridades locales mantendrán abierto el caso tras la expiración del estatuto de limitaciones este jueves, en el 30 aniversario de la muerte de Markov. "Necesitamos más tiempo para encontrar al perpetrador y organizador", dijo Tsvetanov, jefe de investigadores desde 1999, en una entrevista.
Aunado a lo anterior, dijo que las autoridades búlgaras habían ampliado oficialmente la averiguación en el caso de Vladimir Kostov, desertor búlgaro en París que sufrió un ataque con un perdigón envenenado dos semanas antes del caso de Markov, y logró sobrevivir.
La investigación de Scotland Yard sigue abierta, al tiempo que la policía británica ha viajado al extranjero para conducir varias averiguaciones en este año. Sin embargo, los 30 años de investigación por parte de los británicos y 18 de Bulgaria tras la expulsión de Zhivkov en noviembre de 1989 no han logrado generar respuestas, así que el escepticismo en Bulgaria es profundo. El sistema judicial a menudo es criticado por corrupción e ineficiencia, particularmente si se compara con las normas de la Unión Europea, la cual incluye actualmente a Bulgaria.
Al referirse a los investigadores y la decisión de mantener con vida el caso, Lyuben Markov, primo en primer grado del escritor disidente, dijo: "Yo no tengo la más mínima fe en estas personas". "No creo que ellos lo estén haciendo a partir de cualquier deseo por encontrar la verdad, sino más bien para ganar tiempo y prolongar la investigación hasta que ya no quede interés popular", dijo.
Tsvetanov ha abrigado desde hace ya largo tiempo la teoría de que Georgi Markov pudo haber muerto debido a un diagnóstico equivocado del médico. âl y otros funcionarios dicen que el perdigón alojado en su cuerpo pudiera haber sido demasiado pequeño para contener una dosis mortífera de ricino, veneno que, dicen los investigadores, fue usado para matarlo.
Este tipo de interpretaciones están "politizadas" y son "absurdas", en las palabras de Karayotov, quien encabezó la primera investigación búlgara, lanzada en 1990. Los detractores en Bulgaria y en el extranjero notan que muchas personas en el país siguen interesadas en una imagen más limpia para el pasado comunista.
El nuevo libro de Hristov se fundamenta en 97 volúmenes de documentos provenientes de la división de inteligencia exterior del servicio de seguridad del Estado Búlgaro un periodista en Dnevnik, diario búlgaro, obtuvo acceso después de una batalla legal de seis años. "Es normal mantener cerrados los archivos de la era comunista durante tantos años en un país de la OTAN y la UE?", preguntó. "Esta situación es totalmente absurda".
Entre las ideas que su libro intenta descartar como mitos está la misma "sombrilla búlgara". Hristov dice que la sombrilla que Markov vio no era un arma, sino meramente una distracción. Hristov cita un documento de 1972 en el cual se muestra que la KGB soviética le había dado a Bulgaria un aparato para inyectar con la forma de una pluma, capaz de disparar un diminuto
perdigón de metal que atravesaba la ropa y la piel, llegando a la corriente sanguínea. Un médico forense que examinó a Markov le dijo a Hristov que el perdigón era tan pequeño que no había dejado una sola marca visible en la pierna de su calzón.
Otro documento de 1972 revela un acuerdo con la KGB para ayudarle a agentes de inteligencia de Bulgaria en "operaciones extremas" como asesinatos, secuestros y actos de sabotaje. Kostov, actualmente de 77 años de edad, fue agente de los servicios de inteligencia búlgaros en París, presentándose como un corresponsal de televisión cuando desertó. Fue condenado a muerte en ausencia.
Cuando le preguntaron si los ataques en contra suya y de Markov estaban relacionados, Kostov dijo: "Yo no soy un especialista en estas técnicas. Pero, a partir de todo lo que he leído, pienso que se ha demostrado categóricamente". Dijo que Markov había estado planeando la fundación de un periódico para disidentes búlgaros en el exterior y en Bulgaria. Habría sido la única oposición organizada del país bajo Zhivkov.
Rostov sigue convencido de que las presiones políticas han obstruido de las detenciones en relación al caso. "Soy de la opinión que la primera investigación de Karayotov había reunido suficiente información para 1999", dijo. Hristov también comentó que esperaba que la exposición de los detalles acerca de la muerte contribuyera a que los búlgaros apreciaran a Markov y vieran los males del viejo sistema comunista.
"El Sr. Markov es un clásico del comunismo búlgaro", dijo, notando que los escritos de Markov se habían olvidado en Bulgaria; su nombre fue borrado de la vida pública tras su deserción a Occidente. Como uno de los pocos escritores búlgaros que dijo la verdad con respecto al comunismo de la época, dijo Hristov, se debería enseñar sobre Markov en las escuelas búlgaras. "âl tiene el talento de un Solzhenitsyn, pero en escala búlgara".