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Las calles de Caracas fueron escenario del malestar social que crece entre los venezolanos. “La gente está cansada. La situación está malísima, esto en cualquier momento revienta”, declaró a la AFP Lilimar Carrillo, una enfermera de 39 años, que hacía cola para comprar comida en Guarenas, a 45 km de Caracas, donde se registró una protesta por falta de alimentos. Manifestaciones como estas se presentan, en promedio, siete veces cada día.
En otro lado de la ciudad, en la Avenida Libertador, un grupo de opositores intentó llegar al Consejo Nacional Electoral para exigir la realización del referendo. No lo lograron. Policías y militares les impidieron avanzar, lanzaron gases lacrimógenos y detuvieron al menos a cuatro personas. Los detenidos, según datos que entregó el líder opositor Henrique Capriles, fueron 17 en todo el país.
La protesta, convocada por la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en varias ciudades, es el primer pulso bajo el estado de excepción que declaró el viernes el presidente para enfrentar la severa crisis económica y cerrar el paso a los intentos por sacarlo del poder.
Pero la confrontación esta vez tiene otros matices. El oficialismo está jugando una estrategia arriesgada en un país que ocupa los primeros lugares de los peores escalafones: el más violento, con la inflación más alta, con el mayor descontento ciudadano… Los indicadores del gobierno son los peores de la historia. “Retrasar el referendo en medio de la actual tensión social, para no abandonar el poder, ha hecho que el chavismo pierda su máscara democrática”, explica el director del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, Ronal Rodríguez. De acuerdo con el experto, “por primera vez dentro de la revolución bolivariana se están proponiendo salidas al estilo Fujimori, algo que en su tiempo criticó Hugo Chávez, quien siempre se cuidó de mantener una imagen de demócrata”.
Se refiere a la amenaza de Maduro de disolver el Parlamento. “La Asamblea Nacional perdió vigencia política. Es cuestión de tiempo para que desaparezca. Esa Asamblea está desconectada de los intereses nacionales. Quieren acabar con la vida económica del país”, dijo el mandatario.
El 5 de abril de 1992 el entonces presidente de Perú, Alberto Fujimori, anunciaba: “He decidido disolver temporalmente el Congreso. Después intervino el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, la Contraloría General y el Tribunal de Garantías Constitucionales. De esta manera imponía su denominado Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional.
El presidente Maduro ha insistido –sube el tono cuando la situación en elpaís empeora– que todo se debe a un complot internacional. “El golpe de Estado en Brasil es una señal grave y muy peligrosa para el futuro de la estabilidad de todo el continente (…) yo tengo plena conciencia de qué se trata este golpe de Estado y no voy a callar, y sé que ahora vienen por Venezuela”.
Un error de percepción de Maduro. “Lo que pasó en Brasil fue que la presidenta perdió el apoyo político, la voluntad de varios partidos y le adjudicaron un delito de responsabilidad, que con otros presidentes que sí tenían apoyo, era un simple trámite administrativo. Caso diferente vive Venezuela, en donde el juego democrático está en peligro si el ejecutivo pretende quitarle su papel al brazo legislativo”, agrega el director del Observatorio. Eso, sumado a que el chavismo usa la Constitución a su acomodo.
¿Un golpe?
Los escenarios que se avecinan, sin embargo, dicen analistas en Caracas y Bogotá, no contemplan un golpe militar. Basta mirar la historia: los tres últimos intentos golpistas no tuvieron éxito, así que el país parece haber entendido que el camino no es ese. El peor escenario que analistas en América Latina ven es un estallido social. “Con un gobierno presionado nadie puede ganar. Chávez nunca dejó que la situación escalara a tales puntos”, explica Marina Demartis, analista brasileña.
El sábado habrá ejercicios militares, Maduro quiere demostrar que cuenta con el respaldo de la Fuerza Armada y quiere disuadir cualquier intento de levantamiento, sobre todo en algunas regiones de Venezuela, en donde el nivel de descomposición es grave. ¿A qué apostar? A la presión internacional, a que los expresidentes Rodríguez Zapatero y Martín Torrijos logren bajar la tensión y presionar el referendo. “Chávez tampoco quería hacer el revocatorio en 2004, pero cedió por presión de la OEA y el Centro Carter. Él, contrario a Maduro, tenía la sartén por el mango, ganaba por ese tremendo respaldo con el que siempre contó”.
Luis Almagro, secretario general de la OEA, lo resumió así: “Negar la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más, como los tantos que ha tenido el continente”.