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México, un país secuestrado

Más del 50% de los raptos ocurridos en 2009 fueron cometidos en América Latina.

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“Me ofrecieron un buen trabajo en Ciudad de México, lo rechacé por miedo al secuestro; tengo dos hijos y me daba pavor  que les pasara algo”, confiesa P.L.N., de 45 años, un ingeniero que trabaja en una compañía española. Más del 50% de los secuestros ocurridos en el mundo en el último año, con rescates que superan los mil millones de euros, se localizan en América Latina; según las estadísticas disponibles y datos de la empresa británica Grupo Control de Riesgos, el año pasado se registraron en el continente americano cerca de 7.500 secuestros.

Es difícil cuantificar el número de secuestrados en América Latina y el dinero que se paga por liberarlos. La mayoría no se denuncian por temor a los delincuentes y por desconfianza en la policía.

Según la ONG holandesa Pax Christi, México ocupa el primer lugar en el mundo en secuestros, con un promedio de entre tres y cuatro casos denunciados al día (sólo se informa a la policía de uno de cada cinco secuestros). Esta cifra es corroborada por el recuento del diario mexicano El Universal.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, el secuestro en este país aumentó 35% entre 2006 y 2007, pasó de 325 a 438. Las cifras se duplicaron en 2009. En 2008 hubo 90 secuestros en la capital federal contra 50 en 2007. Estas cifras sólo incluyen los plagios de alto impacto que afectan a ricos y famosos; pero no los que se cometen contra gente de clase media y baja.

Las autoridades de estados y municipios son las principales responsables del aumento del secuestro en México, con su secuela de crueldad y terror. Esta suma de ineptitudes y mezquindades configura un Estado impotente frente a la delincuencia organizada, y ante la desorganizada también.

“Cuando secuestraron a mi hermano me fui a vivir a España en busca de seguridad”, nos cuenta el economista mexicano P.T., de 30 años, hijo de prósperos comerciantes. “Fui citado al lugar donde teníamos que dejar el dinero. Sin haber denunciado el secuestro, llegó un coche policial y un agente recogió la plata”, recuerda.

La mayoría de secuestros en América Latina no se denuncian, pero sí se pagan. Los millonarios rescates sufragan ilegalidades de todo tipo: ataques de los grupos insurgentes colombianos Eln y Farc, una telaraña de negocios de fachada o cuentas bancarias de cientos de bandas criminales y mafias policiales en México, Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela y Ecuador. Algunas víctimas son asesinadas o mutiladas para apremiar el pago del rescate.

El analista Diego Dattoli señala que alimentan el delito la inestabilidad política y económica de muchos países de Latinoamérica, la fragilidad del Estado de Derecho, y la corrupción de policías, jueces y fiscales: el secuestro frena la inversión al asustar a los ejecutivos y encarecer las operaciones con costosos planes de seguridad.

Venezuela es el segundo país americano con más plagios. Hace tiempo que sobrepasó a Colombia. Caracas es una trampa cuando oscurece. Según cifras del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), el secuestro se incrementó 41,53% en 2009; entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009 fueron denunciados 518 casos de este delito; en ese lapso del año pasado hubo 366 raptos.

Decenas de españoles son secuestrados en Venezuela. Agricultores, ganaderos y comerciantes denuncian una campaña de acoso para expulsarlos del país. Manuel fue secuestrado dos veces, Gerardo pasó 22 días en la selva, Rodrigo tuvo que pagar el rescate de su hermano. Los tres son españoles y han sido víctimas de la violencia que se extiende por Venezuela, casi siempre en la misma dirección. Emigrante, blanco, anciano y, de preferencia, español.

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