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Moyano, el cacique sindical

El líder de la mayor central obrera argentina tiene en jaque al gobierno de Cristina Fernández. Un pulso político en las calles.

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Poco queda de aquellas sonrisas que prodigaba Hugo Moyano cuando era uno de los principales aliados de Néstor Kirchner. Las imágenes que ahora se ven del jefe de la Confederación Gremial de Trabajadores (CGT) lo muestran con el ceño fruncido. Y sus palabras son desafiantes, lejos de los tiempos de pleitesía gubernamental. A los 68 años, el líder sindical es uno de los máximos opositores de la presidenta Cristina Fernández y hoy encabezará una movilización contra el Gobierno Nacional. A su vez, habrá un paro general de camioneros, que tendrá la adherencia de distintos sectores de la fuerza obrera. Y aunque el sindicalista aseguró a los cuatro vientos que el reclamo tiene que ver con las fuertes cargas tributarias a las que están sometidos los trabajadores y las asignaciones familiares, detrás de esta movida hay un claro interés de desestabilizar políticamente a la mujer que conduce los destinos del país.

El encuentro será en la Plaza de Mayo y Moyano brindará un discurso de espaldas a la Casa Rosada, sede presidencial. Todo un mensaje. Y ante la alerta de que Gendarmería Nacional podría impedir el ingreso de los microbuses a la Capital Federal, en ese caso los trabajadores tienen la consigna de dejar estacionados los vehículos en cualquier lugar y avanzar a pie. Se espera un caos de tránsito y dificultades para el traslado. Tampoco habrá vuelos de cabotaje.

Ayer, en cadena nacional, Fernández defendió el impuesto a las ganancias. “Sólo lo paga el 19% de los trabajadores registrados. Es para los altos ingresos y existe en todo el mundo”, disparó. Y cargó contra el dirigente gremial, aunque sin mencionarlo: “Están intentando pinchar el bote con la lógica del escorpión”.

¿Quién es este hombre que surgió con tanta fuerza en la escena política de la Argentina? ¿Por qué, de golpe y porrazo, dejó de ser un héroe para el aparato kirchnerista hasta transformarse en el peor de los villanos? Moyano es un capricorniano que nació el 9 de enero de 1944 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, pero creció en Mar del Plata, a pasos de la costa atlántica.

Desde joven tuvo intereses sindicales, una ambición que contrastaba con su humildad y el deseo de no ser un “don nadie”. A tal punto que a los 18 años fue elegido delegado de la empresa Expresos y Mudanzas de transporte automotor. Fue su plataforma gremial. A partir de ese instante comenzó a militar en el Sindicato de los Camioneros, su principal fuerza de choque hoy. En una década pasó del escalafón menor a transformarse en secretario general.

Moyano siempre estuvo ligado al poder. Apoyó a Isabel Martínez de Perón, presidenta luego de la muerte de Juan Domingo, y fue acusado de mantener lazos con la dictadura militar. De hecho, se sospecha que tuvo relación con la Triple A, la autodenominada Alianza Anticomunista Argentina, un grupo parapolicial de extrema derecha que cometió cientos de asesinatos contra militantes revolucionarios durante la década de los setenta.

Padre de siete hijos, uno de ellos Pablo, secretario adjunto de Camioneros, dos veces divorciado y actualmente casado con una empresaria que fue condenada a dos años de prisión en suspenso por defraudación, fue elegido secretario del Partido Justicialista en Mar del Plata en 1983, ya con la democracia reinstaurada, y luego de tres años como secretario adjunto del gremio de los choferes en Buenos Aires, logró ser elegido titular. Hasta 2003, claro, cuando Kirchner le devolvió la personería jurídica a la Confederación de Trabajadores del Transporte, la que el proceso militar le había quitado. Astuto, el fallecido presidente estrechó lazos con el ahora jefe cegetista y su gremio pasó de tener apenas 20.000 adeptos a 140.000 afiliados.

Pero Néstor murió. Y la relación con la viuda se fue deteriorando. A Moyano lo apartaron de la mesa política y eso no le gustó. Entonces presionó por la incorporación de sindicalistas en las listas del peronismo en los comicios generales de octubre pasado, pero Fernández optó por apoyarse en la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora, de la que hace parte su hijo, Máximo.

El enfrentamiento hizo eclosión en las últimas semanas, ante la decisión de Moyano de buscar su reelección al frente de la Central General de Trabajadores (CGT) en julio próximo, a pesar de una fuerte resistencia de los gremios aliados al Gobierno.

Por eso se encolumnó en la corriente opositora. Con un planteamiento que apunta a mejorar el bolsillo de los asalariados, desbordado por la inflación: el impuesto a las ganancias. Una familia que percibe US$1.300 debe destinar el 47% en cargas tributarias. El hombre del camión no tiene ese problema. Hace un año le bloquearon una cuenta en Suiza.

Algo que no le gustó al proletariado y que hizo que el cacique sindical entrara en declive. Pero de este conflicto, en donde puede capitalizar el malestar que ha generado el Gobierno por medidas como las trabas cambiarias y a las importaciones, la creciente inseguridad y la fuerte inflación, podría salir fortalecido. Explican analistas que si logra llenar la Plaza de Mayo, como lo ha prometido, será un fenómeno político.

Y no está lejos de conseguirlo, pues con el paso de las horas hay cada vez más adhesiones a la huelga general de hoy. Casi medio centenar de gremios prometieron sumarse a la movilización, aunque no todos harán un cese de actividades, mientras que hay cerca de 70 sindicatos que son opositores a Moyano y, de hecho, 19 de los 35 miembros del consejo directivo de la CGT pugnan por una renovación de las autoridades en la central obrera. El Gobierno, por su parte, denunció penalmente ante la Justicia a Moyano y a su hijo Pablo.

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