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La luna de miel entre el millonario Elon Musk y los seguidores del presidente electo Donald Trump parece estar llegando a un final prematuro. Ni siquiera las celebraciones navideñas pudieron ocultar las tensiones que ahora amenazan con fracturar la coalición MAGA (Make America Great Again) del republicano.
Todo empezó con el nombramiento de Sriram Krishnan como asesor principal de políticas de inteligencia artificial de Trump. La designación de Krishnan, un inmigrante indio y defensor del programa de visas H-1B (el cual permite a empresas estadounidenses contratar trabajadores extranjeros altamente calificados, especialmente en tecnología), generó una fuerte reacción de figuras nacionalistas republicanas como Laura Loomer, quien calificó el nombramiento como una “traición” a los principios antimigratorios de la coalición y avivó retóricas racistas contra los beneficiarios de estas visas.
Loomer incluso invocó la teoría del “Gran Reemplazo”, una narrativa conspirativa que asegura que la población blanca está siendo deliberadamente reemplazada por personas no blancas. Aunque Musk ha coqueteado con las ideas supremacistas de la base MAGA en su plataforma X, no pudo tolerar un ataque a un programa del que él mismo fue beneficiario.
“La razón por la que estoy en Estados Unidos junto con tantas personas críticas que construyeron SpaceX, Tesla y cientos de otras empresas que hicieron a Estados Unidos fuerte es por el H-1B”, afirmó Musk en X. Además, advirtió a sus detractores que iría a la guerra por este tema “de una manera que no pueden comprender”.
Musk se enfrentó directamente con sus críticos en MAGA, a quienes llamó “tontos despreciables” y los acusó de ser “racistas irreconciliables”. El choque dejó evidenciada una tensión fundamental en el movimiento MAGA: las posturas del nacionalismo proteccionista, como las de Loomer, no pueden convivir en la misma habitación con la filosofía de libre mercado que promueve el sector tecnológico de Musk.
Mientras los tecnócratas consideran las visas H-1B esenciales para mantener el liderazgo global en innovación, figuras nacionalistas como Steve Bannon y Loomer las ven como una amenaza a los principios de “Estados Unidos primero”. Durante el fin de semana, Bannon también calificó las visas como una “estafa” y acusó a Musk de revelar sus “verdaderas intenciones” al defenderlas públicamente.
Musk continuó justificando el programa comparó la contratación de talento global con la estrategia de un equipo deportivo: “Si quieres que tu equipo gane el campeonato, necesitas reclutar talento de primer nivel donde sea que esté. Eso beneficia a todo el equipo”, escribió en X. Jack Posobiec, un provocador de derecha, le respondió a Musk que “el pueblo estadounidense no ve a Estados Unidos como un equipo deportivo o una empresa. Lo ven como su hogar”.
La postura de Musk no solo desafía las narrativas nacionalistas, sino que también pone a prueba la habilidad de Trump para mantener unida a su base. En una sorpresiva declaración, el presidente electo se puso del lado de Musk argumentando que el programa de visas beneficia a empresas estadounidenses y refuerza la competitividad del país.
“Siempre me han gustado las visas, por eso las tenemos”, declaró Trump recientemente al New York Post.
Para Ali Breland en The Atlantic, esa declaración de Trump ofrece un pronóstico de lo que pueda pasar en medio de estas fisuras: la influencia de Musk y otros millonarios en la administración de Trump es más importante de lo que se cree. No solo redefine la dirección del gobierno, sino que también señala un cambio en las prioridades del Partido Republicano, con un énfasis creciente en los intereses de los plutócratas sobre las promesas populistas.
“Los nacionalistas probablemente obtendrán la mayor parte de lo que quieren (Trump ya ha prometido deportaciones masivas, para su deleite), pero cuando se enfrenten con Silicon Valley, Trump probablemente cederá ante sus amigos más ricos”, escribió Breland.
El columnista recuerda que “así fueron las cosas durante su primer mandato. A pesar de la promesa populista de Trump en 2016 de que crearía una economía que beneficiaría a la gente común a expensas de las grandes corporaciones y los ricos (una posición popular entre el ala más nacionalista de la derecha), en gran medida hizo lo contrario, apoyando y firmando leyes de recortes de impuestos para las corporaciones y los ricos”.
Ahora, la influencia de los más ricos en la administración Trump es mucho más amplia que en su primer gobierno. La muestra principal es el propio Musk, quien desempeñará como copresidente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), un organismo creado para reducir costos y burocracia, aunque criticado por ser meramente simbólico.
La constante presencia de Musk en Mar-a-Lago, participando en reuniones y llamadas clave, ha generado tensiones. Algunos colaboradores de Trump lo ven como una figura intrusiva, comportándose más como un “copresidente” que como un asesor. La presencia de otros millonarios, como Vivek Ramaswamy y Marc Andreessen, quienes también tienen roles en DOGE, refuerza la posición de que en el duelo entre la identidad nacionalista de los republicanos y los intereses de los millonarios, son los segundos los que tienen las de ganar.
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