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Nicaragua se encuentra inmersa en una profunda crisis política que prácticamente ha dividido a la sociedad en dos bandos. Managua registra un ambiente de tensión con grupos simpatizantes del oficialismo y la oposición enfrentados con garrotes, machetes, piedras y hasta balas en las principales avenidas de la ciudad, exigiendo cada bando el triunfo en las elecciones municipales celebradas el domingo, que le dan una abrumadora victoria al Frente Sandinista de Liberación Nacional y que la oposición desconoce, denunciando un “gigantesco fraude electoral”.
La violencia comenzó desde el lunes por la mañana después de que el Consejo Supremo Electoral (CSE) anunciara los resultados preliminares de los comicios. La madrugada del miércoles fue agredido a navajazos el periodista Nicolás Berríos, de la Nueva Radio Ya, afín al gobierno, a quien además incendiaron la camioneta en que se trasladaba y amenazaron con “cortarle la lengua” si continuaba con sus transmisiones. La tensión es tal, que la policía nacional envió brigadas antidisturbios a custodiar los principales medios de comunicación del país, críticos con el gobierno, tras conocerse que supuestos grupos afines al oficialismo amenazaron con asaltar sus sedes.
La oposición, encabezada por Eduardo Montealegre, candidato a la Alcaldía de Managua por la Alianza Partido Liberal Constitucionalista (PLC), exige al CSE que revise los resultados de las municipales a nivel nacional, al considerar que hubo fraude en los comicios. El CSE aceptó hacer el cotejo, pero sólo en Managua, lo que fue rechazado por Montealegre.
El presidente del órgano electoral, Roberto Rivas, ofreció el jueves por la tarde una conferencia de prensa para informar sobre el resultado del recuento, que se realizó sin la presencia de fiscales electorales de la oposición. El cotejo mantiene la victoria del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional, que en el caso de la Alcaldía capitalina le da una ventaja de 51,32% al candidato de esa agrupación, el ex boxeador Alexis Argüello, mientras que Montealegre obtendría el 46,58% de los votos. El oficialismo también gana otras 98 alcaldías, de las que 146 que estuvieron en disputa en los comicios.
Montealegre rechazó el recuento del CSE, porque, explicó, el órgano electoral sólo revisó las actas que dan como triunfador al oficialismo. “No voy a perder la Alcaldía”, dijo Montealegre, quien asegura poseer las pruebas que le dan como triunfador y que muestran que el CSE “cambió” los números a favor del candidato sandinista.
Las denuncias de fraude que pesan sobre el órgano electoral han sumido a esta institución en una profunda crisis de la que le será difícil reponerse. El CSE es controlado en su mayoría por magistrados afines al partido de gobierno gracias a un acuerdo político pactado en 1998 entre el entonces opositor Daniel Ortega y el presidente liberal Arnoldo Alemán. Críticos del gobierno como la ex guerrillera Dora María Téllez han exigido la destitución de todos los magistrados del organismo electoral.
La oposición ha denunciado que el CSE permitió que en la gran mayoría de las Juntas Receptoras de Votos (JVR), las mesas electorales fueran presididas por miembros del FSLN o sus aliados, por lo que la oposición sólo contaba con sus fiscales para cuidar los votos. En algunos casos se denunció que técnicos del CSE, presidentes de mesas electorales y fiscales sandinistas, sacaron a los fiscales del PLC a la hora del recuento de las boletas.
El CSE no entregó cédulas de identidad a miles de nicaragüenses, que no pudieron votar. La noche de la elección muchas personas se quedaron sin votar porque no aparecían registradas en el padrón electoral, y a pesar de que sus cédulas mostraban que pertenecían a esas circunscripciones, los presidentes de las mesas electorales no los dejaron ejercer su derecho.
Muchas JRV cerraron tres horas antes de lo previsto por la ley, a pesar de que todavía quedaba gente afuera esperando votar. Además, el CSE prohibió la observación electoral a instituciones independientes. El domingo por la noche, cuando parte de las actas electorales habían sido trasladadas a los centros de cómputos, los fiscales sandinistas, con el aval de los técnicos del CSE, sacaron a los fiscales liberales de los centros, quedándose solos haciendo el recuento final. La oposición denunció que el CSE archivó las actas en las que ellos ganaban y que sólo contaban aquellas donde el FSLN había triunfado.
Para los analistas, las anomalías en los comicios electorales son parte de una estrategia del presidente Daniel Ortega para obtener mayores cuotas de poder que le permitan reformar la Constitución, aprobar la reelección continua e instaurar en el país un régimen autoritario. Dora Marta Téllez afirma que la discusión de las reformas iniciará a finales de noviembre en la Asamblea Nacional –donde la oposición está dividida– y podrían aprobarse “a más tardar” el 15 de enero.