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La relación diplomática entre los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez Frías está clara. Según diversos analistas venezolanos y colombianos, no habrá intervención de expresidente —o de factor alguno— que pueda derrumbar lo que hasta ahora se ha venido construyendo. Desde el lado colombiano, Santos mide cuidadosamente cada movimiento. Desde el venezolano, miran la estrategia como una muestra de “desarrollo pleno”, en palabras del canciller Nicolás Maduro.
“Los consejos del expresidente Álvaro Uribe a la oposición venezolana más bien reforzarán las relaciones entre ambos países”, dice la internacionalista venezolana Giovanna de Michelle. “Uribe no está en el poder y Santos seguramente preferirá marcar distancia. Ha demostrado que obra a favor de la consolidación bilateral”.
La opinión es compartida por la también internacionalista caraqueña Elsa Cardozo. “Santos es Santos y Uribe es Uribe”, comenta. El historiador y escritor del libro El elegido presidente Chávez: un nuevo sistema político, Medófilo Medina, considera que la relación “avanza a pasos serios” y cuestiona la ira que probablemente pudo mover al expresidente a dar sus consejos a la representación de la oposición venezolana de visita en Bogotá.
“Uribe echa mano de la animadversión que él mismo estimuló desde la opinión en contra de Chávez y quiere volver a pulsar esa misma cuerda, pero creo que no va a ser exitoso. ¿Cómo un expresidente pone palos en la rueda a un proceso de normalización de relaciones en las que está interesado su país?”, se pregunta Medina.
En palabras de estos analistas, la relación personal discreta, de tú a tú, ha sido hasta ahora el punto de honor que ha mantenido a los presidentes sentados a la misma mesa, a pesar de que los acuerdos de Santa Marta (celebrados en agosto de 2010) tienen caídas poco favorables para Venezuela en lo que a seguridad se refiere y, en opinión de funcionarios de ambos gobiernos, en los otros temas “poco o nada se ha cumplido”.
El secretario ejecutivo de la opositora Mesa de la Unidad venezolana, Ramón Guillermo Aveledo, consideró que el punto de vista de Uribe tiene un “fuerte sesgo de política interna colombiana que a nosotros no nos incumbe”. Además, señaló que a la oposición venezolana le interesa en gran medida la buena relación entre los países.
Cuentas claras
Basta dar una mirada al balance del anterior gobierno colombiano. Los dos períodos presidenciales del presidente Uribe dejaron, según De Michelle, a una Colombia aislada, pagando un “costo político y económico muy alto como consecuencia de su forma de hacer diplomacia”.
Durante la campaña de Santos parecía que las cosas difícilmente mejorarían en vista de su desempeño como ministro de Defensa. Por un lado, Chávez declaraba al candidato como una “amenaza a la paz de este continente” y hasta lo comparó con la historia de “Caperucita roja y el lobo”. Por su lado, Santos admitía que ambos eran “como el agua y el aceite” y, a la vez, sugería que con respeto podrían entenderse. Santos ganó. Se encontraron en Santa Marta y se acabaron los impasses, al punto de que el primer mandatario colombiano catalogó a Chávez como un “factor de estabilidad en Venezuela”.
Para el analista colombiano Alfredo Rangel Suárez, no es la relación con Venezuela la que ha cambiado, es con América Latina. El propósito: que Colombia tenga un liderazgo significativo en la región. “La normalización de las relaciones con Venezuela debe verse en el contexto de una actitud pragmática que cambia el énfasis en la agenda en relación con el gobierno anterior”. Según Rangel, la prioridad de Uribe estaba en la seguridad. Si eso andaba correctamente, actuaba en otros temas. Santos piensa diferente. El análisis de Rangel Suárez es que la normalización de las relaciones es lo fundamental para el presidente. “El subproducto sería entonces la normalización de la seguridad fronteriza”, explica.
Elsa Cardozo piensa que la discreción en los desacuerdos y el manejo cuidadoso de los acuerdos ha sido la clave del éxito. “Se activaron los cancilleres —Maduro y María Ángela Holguín—, pero las decisiones son presidenciales. Se trata de una recomposición muy personalizada de las relaciones”.
La mejor prueba es el incidente del 2 de agosto de 2011, cuando el comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, almirante Édgar Cely, planteó en Caracol Radio la posibilidad de que en Venezuela hubiera células de las Farc y recibió de inmediato un desmentido del entonces ministro de la Defensa, Rodrigo Rivera. De hecho, coinciden expertos en materia internacional, sea Chávez u otro quien ocupe la silla de Miraflores, la estrategia de Santos seguirá siendo la misma.
Acuerdos que duelen
Timoleón Jiménez, Timochenko, sin embargo, es el alias de quien probablemente generará el próximo tema álgido entre los presidentes. Por ahora, el primer mandatario colombiano declaró que Venezuela tiene total disposición para colaborar con la captura del cabecilla de las Farc, en el caso de que se encuentre de ese lado de la frontera. De Michelle considera que, para Santos, el nombramiento de Timochenko como líder máximo de la guerrilla generó un punto de inflexión: “Colombia va a agudizar su investigación para determinar si este miembro de las Farc recibe colaboración del Estado venezolano”.
Socorro Ramírez, profesora de la Universidad Nacional y experta en temas de Venezuela, tiene sus dudas sobre tal disposición, a pesar de que el Acuerdo de Santa Marta prioriza la acción conjunta para enfrentar los problemas de seguridad. “No es un tema fácil de resolver (…). El presidente Chávez tiene todo el margen de maniobra en este tema, pero hay una parte del movimiento bolivariano que se opone a la entrega de guerrilleros. Más que poner contra la pared al gobierno venezolano, hay que concretar con su presidente cómo hacerle frente común a los problemas de seguridad compartida”, explicó.
A pesar de lo anterior, Bogotá agradeció en su momento el esfuerzo venezolano en la captura de varios cabecillas de la insurgencia colombiana
La presunta vinculación del gobierno venezolano con la guerrilla colombiana ya tuvo su historia en el mandato de Uribe, desde el 22 de noviembre de 2007, cuando el entonces presidente colombiano desvinculó a Chávez de la negociación en el intercambio humanitario para la liberación de rehenes en manos de las Farc. Luego de ese incidente, dos veces se rompieron las relaciones entre los mandatarios.
Hay otros temas en los que aunque hay acuerdos sin mayores riesgos, se ha avanzado a paso muy lento. El comercial, por ejemplo: a la fecha, aproximadamente unos 400 millones dólares se adeudan aún a los empresarios colombianos que invirtieron en Venezuela.
“Estamos al final de este ejercicio”
El último encuentro bilateral se dio a finales de octubre pasado, cuando el canciller venezolano, Nicolás Maduro, visitó Bogotá para reunirse con su homóloga María Ángela Holguín. Además de abonar el terreno y de definir la fecha de mañana para el encuentro de los mandatarios Juan Manuel Santos y Hugo Chávez, los ministros ultimaron acuerdos comerciales, entre los que se encontraba un convenio entre Pdvsa y Ecopetrol para explorar la posibilidad de conectar el Pacífico con el Atlántico a través de un oleoducto binacional.
Tras la reunión, la canciller Holguín aseguró que éste resultó fructífero para la recomposición de las relaciones bilaterales: “Estamos ya al final de este ejercicio que hemos hecho en este largo año, lo que agradecemos al pueblo venezolano”.
Los números comerciales entre Colombia y Venezuela
US$1.634 millones fue el intercambio comercial de los dos países entre enero y septiembre pasado.
61,1% de las exportaciones colombianas a Venezuela en 2010 fueron del sector de manufacturas.
US$1.198 millones en productos han sido exportados a Venezuela desde Colombia.
Deuda con empresarios
Con la ruptura de relaciones entre Colombia y Venezuela, a mediados del año pasado, el gobierno de Hugo Chávez quedó debiendo cerca de US$800 millones a empresarios colombianos. La deuda aún no ha sido saneada en su totalidad.
Comercio de capa caída
La hostilidad de las relaciones diplomáticas entre los gobiernos, exacerbada desde finales de 2007, causó un daño enorme al comercio. De los US$6.092 millones de intercambio en 2008 se pasó a US$1.423 en 2010. Este año, tras el restablecimiento, se aprecia un leve crecimiento, aunque bastante distante aún al de años anteriores.