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El ex candidato a la Presidencia de Nicaragua Edmundo Jarquín desestimó este miércoles el presunto plan para asesinar al gobernante venezolano, Hugo Chávez, durante su frustrado viaje a El Salvador, denunciado por el mandatario de ese país, el sandinista Daniel Ortega.
Jarquín, coordinador del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), dijo que tanto Chávez como Ortega, aliados en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que promueve Caracas, “constantemente” caen en la teoría de la conspiración para evadir sus responsabilidades. Ambos dignatarios “viven viendo conspiraciones en todas partes”, apuntó el dirigente opositor.
Jarquín, candidato presidencial en los comicios generales de 2006 por los disidentes sandinistas, sostuvo que tanto Chávez como Ortega tienen la costumbre de “sus errores y las consecuencias de sus errores las atribuyen a acciones de sus adversarios”.
Ortega dijo el lunes pasado que Chávez no asistió ese día a la ceremonia de investidura de Mauricio Funes como gobernante de El Salvador por “estrictas razones de seguridad”. Un día después, el canciller venezolano, Nicolás Maduro, confirmó que Chávez no fue a El Salvador por el riesgo de ser asesinado.
“Efectivamente, gracias a fuentes de inteligencia sobre grupos de ultraderecha internacional, se pudo captar que había un alto riesgo y se tomó la decisión correcta de suspender la visita del presidente Chávez y reprogramarla para otra oportunidad”, dijo Maduro.
Chávez responsabilizó al “terrorista” Luis Posada Carriles y al “aparato de inteligencia de Estados Unidos” de ese presunto plan para matarlo, que supuestamente se iba a ejecutar durante su viaje a El Salvador. El anticastrista Posada Carriles, de 81 años, está acusado por Venezuela y Cuba de ser el responsable del atentado con explosivos contra un avión en 1976, en el que murieron 73 personas.
Chávez explicó que el supuesto plan para asesinarlo preveía lanzar “uno o varios cohetes” contra el avión de Cubana de Aviación que lo iba a llevar a El Salvador. El atentado, detalló Chávez, podía ocurrir “llegando o saliendo” del país centroamericano, según las “informaciones exactas” que le suministró el presidente Ortega, que fue la fuente “más fidedigna” que le avisó sobre el asunto.