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El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, tomó la palabra este miércoles en la Convención Nacional Republicana con un discurso modesto y ceñido a la estrategia de un hombre de familia que ha aplicado durante los últimos cuatro años.
Desde 2016, Pence ha adoptado el rol de contrapeso frente al drama y la controversia que rodea a Trump. Se ha presentado como una persona de reputación intachable y tendencias religiosas incuestionables. Hay que recordar que él fue quien calmó las aguas en 2016, cuando la candidatura del presidente casi descarrila después de que se conocieran las grabaciones antiguas en las que Trump se vanagloriaba de agarrar a las mujeres «por el coño».
Frente a la imagen polémica de Trump de magnate y «playboy» con tres matrimonios a cuestas, Pence exhibe las credenciales de un hombre religioso, que supuestamente se niega a cenar a solas con ninguna mujer que no sea su esposa.
En la noche del miércoles vimos a un vicepresidente que volvió a presentarse a sí mismo y a su familia a una audiencia nacional mucho más grande a la que está acostumbrado, reconociendo que con la noche de hoy comienza a levantar su propia plataforma para aspirar a la presidencia en 2024.
Algunos analistas, como Maggie Haberman, corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca, comparan la relación de Pence y Donald Trump con la del expresidente Ronald Reagan y su fórmula, George H.W. Bush. Durante esa administración, Bush trabajó en la oscuridad, relegado, mientras esperaba su turno postularse.
Pence no ha tenido mucho trabajo en esta administración. Sin embargo, antes de la pandemia, informa Haberman, viajaba por todo el país para conectarse con los ciudadanos, manifestando que ahí estaba él trabajando para ellos. Es por eso por lo que su introducción es tan significativa. El vicepresidente le estaba hablando de nuevo a aquellos con quienes conectó de una manera personal e íntima, mostrando que él será el futuro.
“Pence ha celebrado una serie de almuerzos con consultores políticos republicanos, incluidos algunos que no trabajan para la campaña de Trump, reuniéndolos en el Observatorio Naval o en el Hotel Trump en el centro de Washington para conversar sobre temas políticos de gran alcance. Las personas invitadas a participar han interpretado las sesiones como un esfuerzo del Pence para expandir su confianza mental antes de 2024”, señaló Haberman en The New York Times.
Todo eso explica por qué Pence se tomó un buen tiempo para saludar y agradecer a sus familiares antes de comenzar sus ataques a los demócratas y su defensa a la reelección del presidente Donald Trump.
Ante un pequeño grupo de republicanos, que no guardaron distancia de seguridad o usaron tapabocas, el vicepresidente presentar una visión muy alejada de la realidad respecto a la gestión del Gobierno de Estados Unidos durante la pandemia de coronavirus, pero, por otro lado, muy patriótica.
El vicepresidente destacó que “la unidad” de los estadounidenses los había llevado a estar cerca de triunfar sobre la pandemia y que la prohibición de vuelos desde o hacia China por parte de Trump había salvado un número “incalculable” de vidas.
“La semana pasada, Joe Biden dijo que ‘no se avecina ningún milagro’. Pero lo que Joe no parece entender es que Estados Unidos es una nación de milagros. Después de todo el sacrificio de este año como ningún otro, y todas las dificultades, estamos encontrando el camino hacia adelante nuevamente”, señaló Pence.
Pero esta visión de heroísmo no solo está errada, sino que ignora la desatención del Gobierno frente al problema. La única decisión de Trump sobre la pandemia que ha sido resaltada por los republicanos ha sido la del cierre de viajes desde China. Nada más.
Pence, quien dirige el equipo de respuesta a la pandemia, no reconoció que las políticas de la administración Trump pusieron en riesgo a millones de estadounidenses al usar la ayuda humanitaria como un instrumento de chantaje político. Su discurso estuvo cargado de tanto patriotismo como de mentiras, aunque tiene un efecto demoledor en la base republicana que queda fascinada con ese tipo de narrativa heroica y esperanzadora.
A diferencia de los otros oradores de la noche, Pence mostró algo de empatía con las víctimas de la pandemia, una ruptura con lo que se había visto en la Casa Blanca en los últimos meses y que también se pudo ver en el discurso de Melania Trump del pasado martes.
“Nuestros corazones están con todas las familias que han perdido a sus seres queridos. Lloramos con los que lloran”, dijo Pence. De nuevo, una estrategia para conectar con los votantes más allá de estas elecciones.
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El vicepresidente también defendió la gestión de Trump en materia de seguridad en el exterior poniendo como ejemplo la muerte del general iraní Qasem Soleimaní. Este episodio, aunque ha sido resaltado como un gran trofeo para los partidarios de Trump, llevó al país al borde de la guerra con Irán a principios de 2020, por lo que ha sido ampliamente criticado tanto por el Partido Demócrata como por miembros antiguos del Partido Republicano. Por otro lado, citó la creación de la Fuerza Espacial de Estados Unidos, la sexta rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, y su trabajo con los veteranos.
El resto de su discurso estuvo cargado de ataques a los demócratas, algunos llenos de falsedades. Por ejemplo, Pence dijo que el candidato demócrata Joe Biden quiere darle atención médica gratuita a los migrantes irregulares en Estados Unidos. Lo que ha propuesto el candidato demócrata es permitirles a estos migrantes en condición irregular comprar un plan de salud del gobierno con su propio dinero. No ha hablado de salud gratuita.
También dijo que Biden defiende un recorte de presupuesto para los policías, algo que también es erróneo. De hecho, lo que ha propuesto el demócrata es redirigir algunos fondos para fortalecer la atención en servicios de salud mental y viviendas asequibles para estos.
Pence también se quejó de que los demócratas no presentaron una agenda política durante su convención y se dedicaron a atacar al presidente Trump. Sin embargo, la única agenda que han presentado los republicanos ha sido la defensa de la reelección del presidente. Nada más.
Además, Pence aseguró que Biden quieren quitarle todos los aranceles a China para perjudicar a los trabajadores estadounidenses. Esto no es cierto. Biden es reacio a eliminar los aranceles, por ahora. Sus asesores han dicho que reevaluarán la función de estos al llegar a la Oficina, midiendo cuál es el impacto que causan en la clase media del país.
El vicepresidente aseguró que el candidato demócrata Biden era un “caballo de Troya de la izquierda radical” y advirtió que si el pueblo estadounidense lo elige no estará “a salvo”. Hay que recordar que el vicepresidente apela a un voto ideologizado sobre la base de creencias religiosas conservadoras y motivado por temas como la oposición al aborto. Y ese fue precisamente su mensaje final.
“Con la ayuda de Dios, volveremos a hacer grande a Estados Unidos”, concluyó el vicepresidente.
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