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En diciembre de 2019, el presidente Donald Trump lanzaba oficialmente una fuerza del Pentágono dedicada exclusivamente a cuidar el más allá: la Fuerza Espacial de Estados Unidos. La nueva unidad, que el mandatario estadounidense describió como “el más nuevo dominio en el mundo para combatir la guerra”, tiene como objetivo “vigilar la seguridad y superioridad estadounidense en el espacio”, según el discurso oficial.
Y no se trata de enviar tropas al espacio exterior, sino de poner en órbita cientos de satélites para comunicación y vigilancia. Llegaron con retraso: cinco años antes de este anuncio Rusia ya había creado la unidad de defensa para supervisar la atmósfera de la Tierra.
La semana pasada, el Comando Espacial de EE. UU. confirmó sus peores temores: aseguró tener evidencia de que Rusia realizó una prueba con un arma antisatélite en el espacio. El Comando Espacial de Estados Unidos indicó en un comunicado que ”el pasado 15 de julio Rusia “inyectó un nuevo objeto en órbita desde (el satélite inspector) Cosmos 2543. Rusia lanzó este objeto en las inmediaciones de otro satélite ruso, lo cual es similar a la actividad en órbita realizada en 2017, e inconsistente con la misión declarada del sistema como satélite inspector”.
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El jefe de la Fuerza Espacial, general John Raymond, explicó que el sistema de satélites ruso utilizado para esta prueba es el mismo sobre el que plantearon “preocupaciones a principios de este año, cuando Rusia maniobró cerca de un satélite del gobierno de Estados Unidos”. Y agregó que “estos hechos son otro ejemplo de que las amenazas a los sistemas espaciales estadounidenses y de sus aliados son reales, serias y crecientes”. La finalidad de estos satélites rusos es, según expertos, destruir los satélites de observación y de transmisión del adversario en caso de conflicto. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, no habló de la prueba espacial, pero aseguró que “Rusia apoya la desmilitarización del espacio”.
Pero en EE. UU. están preocupados desde hace tiempo; hace un año, el vicepresidente, Mike Pence, dijo que China y Rusia tenían láseres y misiles antisatélite y que su país debería contrarrestarlos. “El ambiente espacial ha cambiado fundamentalmente en la última generación (…) Lo que una vez fue pacífico e incontestado ahora está abarrotado y es antagónico”, señaló.
Y por eso la cumbre que se desarrollará hasta mañana en Viena es clave para comprometer a las potencias a desmilitarizar el espacio, un tema del que no se habla desde 2013. Funcionarios de Moscú y Washington también debaten el futuro del tratado bilateral New START sobre la limitación del número de ojivas.
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Este Tratado, firmado en 2010 por los entonces presidentes Barack Obama (EE. UU.) y Dimitri Mevdévev (Rusia), limita el número de armas nucleares estratégicas, con un máximo de 1.550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos para cada una de las dos potencias, en tierra, mar o aire. El pacto se vence el 5 de febrero del próximo año, pero lo que quiere EE. UU. es prorrogarlo por cinco años más, hasta 2026.
Los expertos temen que la expiración del Nuevo START lleve a una nueva carrera de rearme nuclear, ya que por primera vez desde 1972 no habría ningún acuerdo de control de armas atómicas en vigor entre las dos mayores potencias nucleares del mundo. Rusia y Estados Unidos tienen un 90 % de todas armas nucleares que existen en el planeta.
Pero queda un cabo suelto: China, que también hace avances en la última frontera militar. El Departamento de Estado ha insistido en incluir a los chinos en la cita, pero las tensiones crecientes con Donald Trump provocaron que la potencia asiática se marginara del encuentro. China tiene planeado este jueves el lanzamiento de un vehículo que explorará la superficie de Marte, una misión que coincide con otra similar de Estados Unidos.
Una rivalidad entre potencias que llegó al espacio.