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Visiblemente afectado por su intempestiva salida del consulado en Maracaibo, Carlos Galvis, quien hasta el pasado domingo fuera titular de esa dependencia en el estado fronterizo de Zulia, en Venezuela, salió este lunes a defenderse ante la opinión pública. “Les aseguro a los colombianos que eso es una tergiversación y que lo que quieren hacer es un espectáculo”, dijo Galvis, después de que el presidente venezolano, Hugo Chávez, pidiera su cabeza.
Y aunque voces desde Venezuela y Colombia reconocen que el gobierno de Chávez no debió grabar la conversación, sí destacan lo inapropiado de las declaraciones. “Lo primero es que el gobierno venezolano no tiene por qué grabar a funcionarios diplomáticos y esto deberá explicarlo el presidente Chávez, quien encuentra la gasolina para sus despropósitos en Colombia con este tipo de revelaciones”, aseguró Javier Pérez Blanco, analista político de la Universidad Central de Venezuela.
Para Arlene Tickner, experta en relaciones exteriores de la Universidad de los Andes, más allá de las molestias que puedan existir en el Gobierno colombiano por la intervención telefónica, el impasse pone en evidencia que el manejo de los temas de política exterior, que debería estar exclusivamente en manos del canciller Jaime Bermúdez, sigue con la injerencia de funcionarios del Gobierno que nada tienen que ver. “Esto pone sobre la mesa el alto nivel de participación en política exterior de Palacio”, aseguró.
Muchos anuncian desde ya que, antes de que termine la actual legislatura, podrían citar al asesor de la Casa de Nariño para que explique ante el Congreso por qué un cónsul le pidió “luces” para poder realizar su labor diplomática. Otros van más allá al criticar que se haya dado la renuncia de Galvis “y no la de José Obdulio”, como afirmó un parlamentario uribista que pidió la reserva de su nombre.
Sin embargo, el senador del Polo Democrático Jesús Bernal Amorocho consideró que a José Obdulio Gaviria no se le puede citar al Congreso, sencillamente porque, al menos en teoría, no tiene funciones de empleado público, ni devenga sueldo del Estado. “No se le puede citar, pero sí invitar. A pesar de eso, yo no quiero invitarlo. No es bienvenido. Sería una visita poco grata”, agregó.
En declaraciones a medios nacionales, el controvertido consejero aseguró profesar una profunda admiración por el Presidente del vecino país y dijo que sería un “error” que tanto Colombia como Venezuela intentaran intervenir en la política de su vecino.
Los nombramientos
Carlos Daniel Galvis Fajardo, de 57 años, fue nombrado en el Consulado de Maracaibo en julio de 2007 por orden presidencial. En su reemplazo entraría el actual vicecónsul Azael Antonio Ortegón Páez, quien forma parte de la polémica nómina de nombramientos políticos. Según consta en su hoja de vida, el funcionario fue recomendado por Fabio Echeverri Correa y Alberto Velásquez.
Claudia Giraldo, presidenta del Sindicato de Empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores, reconoció el esfuerzo que el ministro Jaime Bermúdez está haciendo por un cambio institucional en la Cancillería, pero señaló que “eso será posible hasta que se respete la independencia del Ministerio”. “Nosotros en Cancillería somos sencillos tramitadores de las órdenes de Presidencia y eso queda evidenciado porque el señor cónsul se comunica con un asesor presidencial y desarrolla actividades que nada tienen que ver con su actividad como cónsul”, agregó Giraldo.
No es el único problema. La conversación pone en evidencia el preocupante favoritismo que tanto el cónsul como el asesor presidencial expresan abiertamente por la oposición en Venezuela. Juan Manuel Galán, miembro de la Comisión Segunda de Relaciones Exteriores, asegura que la conversación evidencia una injerencia totalmente absurda e ilegal de parte de Colombia en los asuntos internos de Venezuela. “No es coherente el Gobierno colombiano, porque por un lado anuncia una nota de protesta por la ‘chuzada’ y por el otro retira al cónsul”.