Reunión Trump y Moon Jae-in se centrará en Corea del Norte

El presidente estadounidense y su homólogo surcoreano concentrarán su diálogo en el encuentro entre Trump y el mandatario norcoreano Kim Jong-un. Pese al acercamiento entre las naciones, las declaraciones de Seúl de las últimas semanas han generado incertidumbre en Washington.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in (izquierda), y su esposa, Kim Jung-sook (derecha), llegaron el lunes a suelo estadounidense para hablar con el presidente Donald Trump antes de la próxima cumbre entre el mandatario y el líder norcoreano Kim Jong-un.
El presidente surcoreano, Moon Jae-in (izquierda), y su esposa, Kim Jung-sook (derecha), llegaron el lunes a suelo estadounidense para hablar con el presidente Donald Trump antes de la próxima cumbre entre el mandatario y el líder norcoreano Kim Jong-un.
Foto: EFE - YONHAP

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe este martes en la Casa Blanca al mandatario surcoreano Moon Jae-in, para un diálogo que tiene como tema central el esperado encuentro del norteamericano con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un. Moon llega a la Casa Blanca en un desesperado intento por mantener sobre rieles el proceso de aproximación entre Washington y Pyongyang, proceso que ya había tenido efectos positivos en la propia relación entre el norte y el sur de la península coreana.

Trump y Kim habían acordado reunirse el 12 de junio en Singapur para discutir la desnuclearización de la península coreana, y en ese contexto Kim y Moon protagonizaron un histórico encuentro en la zona desmilitarizada que les divide. En marzo, cuando Corea del Norte parecía cada vez más cerca de unir la ya probada tecnología de artefactos nucleares con la de los sofisticados misiles balísticos de largo alcance, el mundo fue tomado de sorpresa por el anuncio de esta cumbre.

En contexto: ¿Por qué Estados Unidos ahora sí quiere dialogar con Corea del Norte?

Esta aproximación incluyó pasos que meses atrás habrían sido impensables, como el viaje secreto que realizó a Pyongyang el entonces director de la CIA, Mike Pompeo, viaje que repitió en mayo ya en forma pública y como Secretario de Estado, para reuniones personales con Kim. Como gesto de buena voluntad, el gobierno de Corea del Norte puso en libertad de tres ciudadanos estadounidenses que estaban arrestados en Pyongyang.

Ruido en la línea

Sutilmente, sin embargo, los dos interlocutores parecían hablar de cosas levemente diferentes. Washington adelantó que el objetivo es convencer a Corea del Norte de renunciar «de inmediato» a sus armas nucleares. En tanto, Pyongyang insistía en que el fondo de la cuestión era la desnuclearización de la península coreana, en referencia también a la presencia de 30.000 soldados estadounidenses en Corea del Sur.

Sin embargo, súbitamente todo ese delicado proceso de aproximación pareció al borde de descarrilar, haciendo encenderse todas las luces de alarma en el gobierno de Corea del Sur ante la gravedad de un fracaso. Inicialmente, Corea del Norte reclamó porque Corea del Sur y Estados Unidos decidieron seguir realizando gigantescos ejercicios militares conjuntos.

A raíz de esos ejercicios, Pyongyang canceló una importante reunión de alto nivel prevista con representantes de Seúl la semana pasada, gesto que cayó literalmente como un balde de agua fría sobre el entusiasmo reinante. En el paso siguiente, Washington decidió elevar el tono, al punto que Trump sugirió a la prensa que la reunión tanto podría ocurrir como podría cancelarse, sin mostrar preocupación por un eventual fracaso del proceso.

De su lado, el vicepresidente Mike Pence afirmó en una entrevista que no debería haber dudas de que Trump se retirará de la mesa de negociaciones si piensa que el encuentro con Kim no le permitirá conseguir los resultados esperados. «Sería un grave error de Kim Jong Un pensar que puede engañar a Donald Trump», aseguró Pence.

A punto de descarrilar

El ruido en la comunicación se tornó ensordecedor cuando el asesor de Seguridad de la Casa Blanca, el hiper agresivo John Bolton, sugirió una solución que siga el «modelo libio» para forzar una desnuclearización de Corea del Norte. De inmediato Pyongyang amenazó con cancelar la reunión si Washington insistía en considerar un «modelo libio», es decir, un escenario que incluya la destrucción total del país.

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En la Casa Blanca, Trump afirmó que el llamado «modelo libio» «no está en los planes», aunque apuntó que la idea de Bolton se refería a un escenario en el que Washington y Pyongyang no se pongan de acuerdo. Casi simultáneamente, Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo laboriosamente firmado por varios países occidentales con Irán, por su programa nuclear, gesto que abrió un interrogante sobre las garantías de un acuerdo similar con Corea del Norte.

En este escenario, la visita de Moon debe buscar volver a colocar el proceso de aproximación sobre rieles. Para el analista Eric Gomez, del instituto CATO, las actuales tensiones «reflejan un foso muy peligroso en las expectativas de Estados Unidos y Corea del Norte».

El abandono de las armas nucleares «no está fuera de la mesa para Corea del Norte, pero obviamente espera que Estados Unidos ponga punto final a su ‘política de hostilidad’ como condición para la desnuclearización», añadió el experto.

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