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Torre de Tokio: Carmen urbana


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Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

La mezzosoprano Samantha Hankey en el papel protagonista de la ópera Carmen en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio.
La mezzosoprano Samantha Hankey en el papel protagonista de la ópera Carmen en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio.
Foto: Cortesía de Rikimaru Hotta/NNTT

El director de escena catalán Alex Ollé, embarcado desde hace más de treinta óperas en la titánica misión de modernizar el género lírico, acaba de conquistar al público de Tokio con una Carmen, de Bizet, empoderada y en minifalda. (Lea aquí más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

“El modelo es la cantante Amy Winehouse”, me dice Ollé en medio de un ensayo general en el Nuevo Teatro Nacional de Tokio (NNTT por sus siglas en inglés).

Su Carmen, contemporánea y temperamental, sigue siendo la mujer dueña de su destino que calcula mal sus sentimientos y entrega su corazón a don José, un hombre posesivo que, loco de celos, la apuñala.

“Una tragedia así aparecería hoy en las noticias como un caso de violencia de género”, dice Ollé que, además de mirar desde un ángulo crítico uno de los crímenes pasionales más conocidos del arte mundial, reduce los estereotipos españoles a lo esencial: un vestido rojo de lunares, una guitarra, las castañuelas y el traje de luces del matador.

Ollé se confiesa alérgico al habitual escenario grandioso de columnas, buhardillas, candelabros y bosques oscuros donde suelen terminar enfermas, se suicidan o son asesinadas las heroínas de óperas célebres como La traviata, Tosca o la propia Carmen. “No me gustan las escenografías de cartón piedra”, afirma.

En vez de la soleada Andalucía del siglo XIX, con gitanas seductoras que leen las cartas y se asocian con contrabandistas, Ollé ambienta la obra en el Tokio nocturno de hoy.

Un célebre torero español, invitado a Japón para una semana cultural, encuentra a Carmen, una paisana dedicada al rock que se mueve en un ambiente promiscuo de fiestas, alcohol, drogas y, por supuesto, muchos policías. Todo ocurre en una gigantesca y fría estructura metálica semejante a las usadas para los conciertos de rock, que al final hace las veces de ruedo donde don José, vestido de negro, apuñala a Carmen vestida de un rosa taurino.

Quien se atrevió a pedirle a Ollé que interpretara en clave urbana la ópera española por excelencia fue Kazushi Ono, director artístico del NNTT, conocido en Europa por su labor social para llevar la ópera a las prisiones. “Carmen es ya como un cuento de hadas. Pero Ollé le ha imbuido una nueva vida y muestra una faceta diferente”, dice Ono.

Al finalizar el estreno, con lleno total en las 1.814 butacas, y después de largas ovaciones, encuentro a un grupo de jóvenes espectadores que aprecian agradecidos la versión moderna. Frases como “la he sentido cercana”, “era como estar dentro de la obra” y “fue muy fácil de entender” confirman que el arte clásico mantiene su esencia y nunca pierde vigencia si se le trata con sensibilidad.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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