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La visita a Tokio de la novelista colombiana Pilar Quintana confirmó lo inesperado del punto de vista de los lectores de otros hemisferios y favoreció una reflexión sobre la discriminación de género en la literatura japonesa. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
“¿Por qué en La perra dejó sin desvelar los culpables de algunas de las muertes?”, le preguntó una asistente a su presentación en el Instituto Cervantes de Tokio después de explicarle que los japoneses están acostumbrados a novelas que no dejan cabos sueltos.
La también autora de Los abismos, Premio Alfaguara de Novela 2021, citó en su respuesta la impunidad imperante en los asesinatos de líderes sociales en Colombia y la normalización de la muerte propiciada por el largo conflicto armado.
Hispanistas presentes comentaron después cómo la violencia sigue siendo un tema central en la literatura colombiana, 99 años después de la publicación de La vorágine, la novela de José Eustasio Rivera, cuyo comienzo define, para algunos críticos, la impotencia para cambiar las cosas: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar, y me lo ganó la violencia”.
Tras presentar la colección “Biblioteca de Escritoras Colombianas”, una serie de 18 autoras nacidas entre la época colonial y la primera mitad del siglo pasado, la escritora caleña afirmó que las mujeres “escriben igual que los hombres”.
Se desmarcaba así de la etiqueta “literatura femenina”, considerada por algunas autoras como una estrategia editorial para vender más libros o rechazada por otras como calificativo paternalista para restar trascendencia al trabajo intelectual de las mujeres.
Lo comenté con japonesas amigas de la lectura y me advirtieron que, para empezar, el Quijote de las letras niponas, La historia de Genji, fue escrito por una mujer (Murasaki Shikibu) en el siglo XI.
Hablar de escritura femenina en Japón tiene otros matices, me dijeron, y añadieron que las escritoras han tenido un papel destacado a lo largo de la historia pese al machismo rampante de la sociedad nipona. Casi la mitad de las galardonadas en la última década con los dos principales premios literarios, el Naoki y el Akutagawa, son escritoras.
Las listas de libros más vendidos en Amazon, en un país donde los puestos directivos femeninos son una anécdota, suelen estar ocupadas, casi a la par, por autores y autoras.
Escritoras contemporáneas como Mieko Kawakami, autora de Pechos y huevos, contribuyen a una sociedad más equitativa y comprensiva cuando narran condiciones fundamentales como el embarazo o la depresión posparto.
Las escritoras japonesas siguen produciendo gran calidad, ajenas a debates de etiquetas y a los rumores de que ese Premio Nobel, tan esquivo con Haruki Murakami, podría ser entregado antes a una autora nipona.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.