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Acostumbrados a elaborar a diario obras excelentes sin hacer grandes aspavientos sobre su calidad, los artesanos japoneses se sorprenden cuando escuchan la frase occidental: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Originada en Italia y popularizada por Voltaire, la máxima implica que dedicar horas interminables a lograr una textura única, un matiz cromático inusual o un brillo superlativo suele ser una pérdida de tiempo. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Basta con entregar un producto razonablemente bien hecho, en un plazo de tiempo prudencial y a un precio moderado, recomiendan los que citan el precepto italiano para priorizar lo bueno sobre lo perfecto. “Contenga sus impulsos perfeccionistas” es otra sugerencia habitual de quienes atribuyen a la obsesiva búsqueda de la perfección males como la ansiedad, la depresión y el aislamiento.
“En Japón lo perfecto es lo básico”, me dijo Teruo, un técnico comercial al que admiro por su eficaz gestión como intermediario de empresas extranjeras que empiezan a hacen negocios en Tokio.
Además de elaborar una lista exhaustiva de potenciales clientes, Teruo examina empresas parecidas, evolución de precios del sector respectivo y otros factores que, sin costo adicional, le dan la satisfacción de ser un “artesano” que entrega un servicio insuperable.
Teruo me aclaró que en japonés el término “artesano” engloba calificativos como experto, especialista o perito. Incluye a individuos que usan sus manos para hacer sombreros, raciones de sushi, puertas de madera o semiconductores.
Pero también se lo adjudican con orgullo técnicos como Teruo, economistas, abogados, pianistas, fotógrafos, escritores y casi cualquier persona que ama su trabajo y contribuye desinteresadamente el número de horas necesarias para que una vez logrado lo básico -la perfección- se pueda pasar a lo excelso.
Teruo reconoció que el camino hasta la perfección puede causar estragos en la salud mental o física del extenuado artesano que repite hasta la saciedad un procedimiento, una operación o un texto.
Me explicó que deja víctimas colaterales como parejas o familias abandonadas por alguien que, en su maniática búsqueda, se aísla y encima no se preocupa de si su número ingente de horas extras es o no recompensado.
La obsesión nacional nipona con la perfección, añadió, ha sido señalada como una de las causas del declive de su industria electrónica, incapaz de rebajar la calidad de sus productos para hacerlos más competitivos.
Entre las causas de la racha de suicidios juveniles que tienen lugar tras las épocas de exámenes figuran las severas exigencias del perfeccionista sistema educativo nipón.
Pero el perfeccionista nipón es un héroe y en las películas el artesano es retratado como un profesional impaciente, y a menudo impertinente, cuya intransigencia con la calidad de su producto decide a menudo el final feliz de la trama.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.