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Torre de Tokio: precariedad virtual

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Japón
Jugador en feria de videojuegos en Tokio.
Foto: Gonzalo Robledo

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Desanimados por la precariedad laboral de su futuro inmediato, los jóvenes japoneses renunciarán a sus aspiraciones en la vida real y se resignarán a verlas cumplidas, por una módica cuota y en colores saturados, dentro del mundo virtual. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

El pronóstico me lo explica el sociólogo Masahiro Yamada, una autoridad en tendencias sociales de Japón, cuando le consulto el porvenir del archipiélago.

Nuestra conversación empieza con la caída demográfica, un fenómeno que preocupa a Japón desde finales del siglo pasado, cuando el profesor Yamada identificó a miles de hijos de 30 y 40 años, reacios (o impedidos por la falta de trabajo), a abandonar el nido familiar.

Como muchos aprovechaban la gratuidad de techo, comida y ropa para vivir en una indolente espera, los bautizó los “solteros parásitos”.

No tengo que contarle, porque ya lo investigó, que en las culturas latinas de Europa y América el fenómeno es una costumbre arraigada y se le conoce con etiquetas menos descarnadas como “mantenidos” o “inmaduros”.

En Japón el término “solteros parásitos” fue polémico y se volvió recurrente en los análisis periodísticos y académicos. El japonés promedio, y con él los periodistas extranjeros, nos empezamos a interesar por un problema que hasta entonces parecía terreno acotado para sociólogos apocalípticos.

Como en Japón la regla es tener hijos solo dentro del matrimonio, el aumento de solteros redujo de forma drástica la población.

Cuando el descenso de nacimientos se tradujo a consumidores, comensales y contribuyentes, el gobierno vio un problema y el profesor Yamada fue invitado a dar clases de crisis demográficas y a sugerir soluciones al problema.

Debido a que sus propuestas requieren impopulares subidas de impuestos los políticos las ignoran, me explica el profesor. La demografía es un problema a largo plazo y gana pocos votos en tiempo de elecciones, añade.

Por eso vaticina un descenso paulatino de su país con lentos y pausados sacrificios sociales que evocan el síndrome de la rana en la olla de agua tibia: se acostumbra al calor y solo nota que la temperatura subió hasta que muere cocinada. Asfixiadas por la escasez de mano de obra, las empresas ofrecerán salarios de subsistencia.

Casarse, formar una familia, educar hijos y tener propiedades serán sueños imposibles de alcanzar y se trasladarán a mundos virtuales muy parecidos a los videojuegos en los que muchas personas viven enganchadas y encerradas en sus casas desde hace años. Los mundos virtuales prometen itinerarios de ensueño, una casa espectacular, la pareja ideal y los mejores amigos.

Ninguno advierte, por ahora, la posibilidad de que en aquel universo colorido y gaseoso se perpetúen las desigualdades del mundo real y haya casas virtuales que tengan menos ventanas que otras.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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