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Pasar del amor al desdén en un instante, y por una causa trivial e irracional, se denomina en Japón “el fenómeno de la rana”, una referencia irónica al cuento romántico con final feliz de los hermanos Grimm que vuelven a poner de moda los jóvenes de la generación Z. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Los psicólogos japoneses acuñaron, a principios de este siglo, la etiqueta el “fenómeno de la rana” para catalogar los casos de personas que huyen asustadas cuando el anhelado objeto de sus sueños finalmente les corresponde y les manifiesta su interés.
Entre las causas de darse a la fuga figuran el miedo a no poder responder a la otra persona, la reticencia a una relación amorosa por considerarla algo farragoso, o la falta de autoestima.
En 2023 “el fenómeno de la rana” se posicionó como una de las expresiones más usadas por la generación Z nipona.
Los jóvenes usuarios la emplean para describir episodios contrarios al del cuento de hadas alemán “El príncipe rana”, cuya protagonista se casa con un guapo príncipe descubierto después de lanzar un repugnante anfibio contra la pared, en la historia original, o de besarlo, en casi todas las versiones traducidas.
Decenas de japonesas y japoneses nacidos después de 1994 han empezado a ver a sus enamorados como repulsivos batracios y cortan su relación por causas nimias, como verlos pagando una cuenta con cupones, llevando una prenda de gusto dudoso o pedaleando, de forma supuestamente ridícula, su bicicleta.
Muchos medios organizan coloquios para explicar una tendencia social que además agrava el omnipresente problema de la falta de sexo y la crisis demográfica. Ruriko Kohinata, consejera sentimental consultada por la plataforma Abema TV, atribuye el aumento de las rupturas amorosas por causas intrascendentes a la distorsión de la realidad que sufren los más jóvenes con las redes sociales.
El uso habitual de filtros para falsear la apariencia, la constante búsqueda de aprobación social a través de los “me gusta” y la angustia por acumular comentarios elogiosos inculcan ideales de belleza y personalidad imposibles de satisfacer, según la experta. La misma plataforma reveló que el 53 % de los participantes en una encuesta considera que “el amor es innecesario” y prefiere vivir como una solitaria rana.
Aunque el desencanto amoroso no es un fenómeno nuevo, la etiqueta ha servido para que el cuento donde los Grimm nos exhortan a aceptar a los demás como son, sea revisitado por una generación de muchachas y muchachos analizados a menudo como si fueran seres extraterrestres. Al señalar las erradas consecuencias de los juicios basados en las apariencias y recordarnos el poder transformador del amor, el viejo relato sigue invicto en la era digital.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.