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En el primero fue asesinado Antonio Celiento, de 53 años, un italiano dueño de un negocio de videojuegos. Su cuerpo recibió 20 impactos de bala.
Veinte minutos más tarde, en el kilómetro 43 de la carretera que une a Nápoles con Roma, un grupo de sicarios acribilló a tres inmigrantes en un local comercial. En esa acción murieron otras tres personas que se encontraban cerca del lugar. Las seis víctimas eran inmigrantes africanos.
Acto seguido, la Policía italiana fue recibida por una multitud de inmigrantes que, armados con palos, protestó por las muertes de sus compañeros, calificándolas de “actos racistas”.
Las autoridades creen que todo obedece a un ajuste de cuentas de La Camorra, la mafia napolitana, pues Celiento era un capo del grupo Schiavone. Todo indica que los africanos vendían droga y tenían cuentas pendientes con los camorristas.