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El otoño y el invierno pasados, diplomáticos israelíes de alto rango contactaron con urgencia a funcionarios y emisoras de televisión de toda Europa para abordar un tema delicado, aunque inesperado: el extravagante Festival de la Canción de Eurovisión.
Algunas emisoras querían excluir a Israel de Eurovisión y amenazaban con boicotear el concurso por la guerra en Gaza. Incluso se acusó al gobierno israelí de influir injustamente en los resultados mediante una campaña masiva de votación.
Podría decirse que Israel tenía preocupaciones diplomáticas más importantes que una competencia de música pop, incluso si esta alcanza a 166 millones de espectadores en todo el mundo. Una comisión de Naciones Unidas había acusado recientemente a Israel de cometer genocidio, algo que el país negó categóricamente. Y líderes mundiales estaban reconociendo el Estado de palestino, algo a lo que se había opuesto durante mucho tiempo.
“Me sorprende un poco que este sea un asunto del que la embajada se esté ocupando”, escribió Stefan Eiriksson, director de la emisora pública de Islandia, a un diplomático israelí que quería hablar sobre Eurovisión en diciembre pasado.
Esta ofensiva diplomática, hasta ahora desconocida, para mantener a Israel en Eurovisión fue apenas uno de los aspectos del drama que se desarrolló el último año en torno al evento cultural más visto del mundo. Para el gobierno israelí, Eurovisión pasó a ser mucho más que una celebración de vestuarios brillantes, orgullo gay y montajes pirotécnicos. Se convirtió en una oportunidad para —a través de las buenas actuaciones de sus representantes– mejorar la deteriorada imagen del país y movilizar apoyo internacional.
El concurso de este año comenzó el martes, tras la mayor crisis en los 70 años de historia de Eurovisión. Islandia y otros cuatro países están boicoteando en protesta por la participación de Israel. La Unión Europea de Radiodifusión, organización sin fines de lucro que organiza el concurso, enfrenta dificultades financieras.
Una investigación de The New York Times descubrió una campaña bien organizada por el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu, que adoptó Eurovisión como una herramienta de poder blando, y una organización del concurso hermética y mal preparada para responder.
Mientras el concurso, habitualmente ligero y festivo, se transformaba en una batalla indirecta sobre Medio Oriente y los derechos humanos, Eurovisión tuvo dificultades para defender uno de sus principios fundamentales: que la política no tiene ningún lugar en el evento.
Los esfuerzos de Israel por influir en la votación de Eurovisión fueron más amplios y comenzaron años antes de lo que se sabía hasta ahora. Incluso antes de que estallara la polémica sobre la votación, según muestran los registros financieros, Israel gastó al menos USD 1 millón en labores de promoción relacionadas con Eurovisión. Parte de ese dinero provino de la oficina de hasbará de Netanyahu —un eufemismo para la propaganda en el exterior— con el objetivo de promocionar a la representante israelí.
Se supone que los gobiernos no deben intervenir en la votación. Eurovisión es un concurso de emisoras públicas y cantantes, no de gobiernos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel no respondió a solicitudes detalladas de comentarios. Un portavoz de la oficina de Netanyahu dijo que revisaría las preguntas y consideraría responder. No respondió.
El director de Eurovisión, Martin Green, dijo en una entrevista que las acciones de Israel el año pasado fueron excesivas, pero no contribuyeron al inesperado segundo puesto de Israel.
Sin embargo, una investigación del Times basada en datos de votación hasta ahora desconocidos, documentos internos de Eurovisión y entrevistas con más de 50 personas, concluyó que la campaña fácilmente podría haber alterado el resultado del concurso.
La representante israelí ganó el voto popular en países donde las encuestas muestran que Israel es sumamente impopular. Un análisis de la votación muestra que, en algunos países, habrían bastado apenas unos cientos de personas para inclinar el voto popular, lo que a su vez puede modificar el resultado final debido al sistema de votación del concurso.
No hay pruebas de que Israel, como especularon algunos seguidores de Eurovisión, haya utilizado bots u otras tácticas encubiertas para manipular la votación.
Los organizadores han mantenido los datos completos de la votación bajo estricto secreto, incluso frente a las propias emisoras participantes. Frente a una revuelta interna y amenazas de aliados de Israel de abandonar el concurso, minimizaron públicamente la campaña de votación israelí y nunca la investigaron a fondo.
Los organizadores del concurso encargaron un informe sobre la postura de las emisoras hacia Israel, pero mantuvieron el documento completo en secreto. Convocaron una votación sobre la permanencia de Israel en el concurso y luego la cancelaron abruptamente. Desalentaron a las emisoras de hablar con periodistas.
“El gobierno israelí ha cooptado Eurovisión”, dijo Stefan Jon Hafstein, presidente del consejo de administración de la emisora pública islandesa.
Comprar publicidad y coordinar mensajes en redes sociales no es ilegal. Al fin y al cabo, Eurovisión no es más que un concurso de canto, aunque sea el mayor del mundo. Pero aunque los gobiernos intentan a menudo sacar provecho de la publicidad que generan sus representantes, ningún esfuerzo promocional impulsado por un gobierno ha sido tan amplio y controvertido como el de Israel.
“La voz de Israel debe escucharse en todas partes”, dijo el presidente de Israel, Isaac Herzog, cuyo cargo es en gran medida ceremonial y que el año pasado planteó el tema del boicot en reuniones con líderes mundiales. “Debemos participar, debemos izar bien alto nuestra bandera y debemos llevar a los mejores intérpretes a Eurovisión”.
Eurovisión, que en su momento impulsó las carreras internacionales de ABBA y Celine Dion, se enfrenta a un futuro incierto. Proyecciones financieras revisadas por el Times estimaban el año pasado que los boicots le costarían a la organización cientos de miles de dólares en cuotas de participación. Green dijo que las finanzas de Eurovisión eran sólidas, pero reconoció tener dificultades para encontrar patrocinadores.
“Es sin duda uno de los mayores retos a los que nos hemos enfrentado”, dijo Green sobre la controversia en torno a Israel. Pero Eurovisión, añadió, existe para demostrar la armonía global, “para mostrar el mundo como podría ser”.
Esta es la historia interna de la polémica que estuvo a punto de quebrar a Eurovisión.
Eurovisión como poder blando
En mayo de 2024, los aficionados se reunieron en la ciudad costera sueca de Malmö para la primera edición de Eurovisión desde el inicio de la guerra en Gaza.
A pesar de su nombre, Eurovisión reúne a cantantes y locutores de todo el mundo. Israel debutó en 1973. Los músicos compiten bajo banderas nacionales, pero las presentaciones son financiadas por emisoras.
En aquel momento no existía una regla explícita que prohibiera la promoción gubernamental, aunque la independencia es uno de los principios fundamentales de Eurovisión.
Sin embargo, según Doron Medalie, excompositor de Eurovisión para Israel, el gobierno israelí venía promocionando discretamente a sus representantes al menos desde 2018. Ese año, dijo, el gobierno gastó más de USD 100.000 en promoción en redes sociales. Israel ganó.
Medalie dijo que esa victoria convenció a los dirigentes israelíes de que Eurovisión, que es enormemente popular en Israel, era una buena inversión.
El gobierno de Netanyahu aumentó el gasto antes del concurso de Malmo, según los registros.
La opinión pública europea se oponía a la guerra, y algunos grupos de la industria musical ya pedían expulsar a Israel de Eurovisión. Una buena actuación israelí demostraría que Israel era querido por el público europeo, según funcionarios israelíes. Ellos, junto con personas cercanas a Eurovisión, hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a hacerlo públicamente o porque temían represalias de los organizadores del concurso.
En Malmo, el gobierno israelí gastó más de USD 800.000 en publicidad relacionada con Eurovisión, según datos de la Agencia de Publicidad del Gobierno de Israel. Los datos, obtenidos por el observatorio de medios israelí The Seventh Eye y entregados al Times, revelan que la mayor parte del dinero provino del Ministerio de Relaciones Exteriores. Una partida presupuestaria de la oficina de hasbará del primer ministro mostraba además fondos destinados a la “promoción del voto”.
La emisora pública israelí Kan declaró al Times que no tenía conocimiento previo de las campañas gubernamentales y que, según entendía, “no se violaron las reglas del concurso”.
En 2024, la representante israelí Eden Golan quedó segunda en la votación popular y encabezó la votación en muchas naciones donde el sentimiento propalestino es fuerte. “Parece que el mundo no está contra nosotros”,escribió el sitio de noticias israelí Ynet.
Ynet señaló que la cancillería israelí había difundido publicidad en YouTube durante Eurovisión. Pero tanto esa historia como los patrones inusuales de votación, recibieron escasa atención.
Las emisoras de Eurovisión estaban preocupadas. La activista Greta Thunberg y miles de personas más abarrotaron Malmo para protestar contra la participación de Israel. En el escenario, varios cantantes llevaban símbolos palestinos. El rapero neerlandés Joost Klein fue expulsado por un altercado no relacionado con una camarógrafa.
Pero una emisora, la de Eslovenia, detectó el resultado inusual de la votación y pidió a Eurovisión que publicara más datos. Según la emisora, los organizadores nunca respondieron.
Eurovisión dijo la semana pasada que no consideró excesivas las promociones israelíes de 2024.
Eurovisión había dejado atrás Malmo, pero sus problemas apenas comenzaban.
‘¡Vota 20 veces!’
En el concurso de Eurovisión 2025, celebrado en Basilea, Suiza, Israel quedó segundo en la clasificación general y ganó el voto popular, una vez más imponiéndose en países donde amplios sectores se habían pronunciado contra las políticas israelíes.
Esta vez, los resultados inesperados sí llamaron la atención.
Utilizando la biblioteca publicitaria de Google, los periodistas de la emisora finlandesa Yle revelaron que el gobierno israelí había comprado anuncios en internet en varios idiomas, exhortando a votar por la representante israelí, Yuval Raphael, hasta el máximo permitido de 20 veces.
No hay cifras disponibles sobre el gasto destinado a ese concurso, pero la campaña israelí fue más amplia y coordinada que en Malmo.
El propio Netanyahu publicó en redes sociales un gráfico animando a la gente a votar 20 veces por Raphael. Grupos proisraelíes en toda Europa difundieron el mismo gráfico y otros similares. El embajador adjunto de Israel en Austria, Ilay Levi Judkovsky, declaró al Times que había contactado a un grupo de la diáspora para movilizar apoyo para Raphael.
Medalie, el compositor israelí, defendió la estrategia. Israel gasta tanto en seguridad, dijo, que era lógico que el gobierno financiara también la promoción.
“Todo el mundo está celoso y alterado porque Israel está obteniendo grandes resultados”, dijo.
Los esfuerzos de promoción de Israel podrían haber afectado fácilmente al voto popular, según un análisis de los datos de la votación. Eso se debe a que, según muestran los registros, en algunos países votan tan pocas personas que bastaría con que unos cientos votaran repetidamente para alterar el resultado.
Después del concurso, la emisora eslovena volvió a exigir datos de votación y amenazó con retirarse. Otras reclamaron en privado una investigación externa.
Green, el director, prometió que el órgano rector de Eurovisión revisaría la votación. Pero ese grupo nunca recibió un análisis completo de los votos, solo datos “generales”, reconoció Green.
Ni él ni el sindicato de radiodifusión encargaron una investigación externa.
“Estamos muy, muy satisfechos de que el resultado sea auténtico, justo y analizado”, dijo Green.
En julio, durante una reunión de organismos de radiodifusión celebrada en Londres, el descontento aumentó. España pidió debatir la participación de Israel y modificar un sistema de votación que consideraba susceptible de manipulación.
En lugar de investigar, Eurovisión contrató a un consultor, el veterano radiodifusor checo Petr Dvorak, para que entrevistara a los miembros sobre la participación de Israel.
Las opiniones eran muy diversas. “A veces sentían simplemente que Israel, como Estado, estaba utilizando este evento como una especie de herramienta promocional”, recordó Dvorak en una entrevista. Otros querían que Eurovisión suspendiera o postergara la edición de 2026. Algunos consideraban que Kan, la emisora israelí, no debía ser responsabilizada por las acciones de su gobierno.
Más tarde, las emisoras recibirían apenas un resumen de las conclusiones de Dvorak, y no el informe completo, reforzando la percepción de que el proceso había sido una pérdida de tiempo.
A fines de septiembre, cinco emisoras —Islandia, Irlanda, Países Bajos, España y Eslovenia— estaban debatiendo abiertamente un boicot.
Una polémica latente termina por estallar
Una reunión de Eurovisión en Croacia ese mes no disipó las preocupaciones. Por el contrario, según dos asistentes, el equipo de Green realizó dos presentaciones aparentemente contradictorias.
La primera sostenía que Israel no había influido en el resultado de 2025. No se presentaron datos detallados. La segunda enseñaba a las emisoras cómo utilizar las redes sociales para conseguir más votos.
Para algunos de los presentes, los organizadores parecían estar diciendo que las campañas en línea sí podían influir en la votación, pero que no había sido el caso de Israel.
Los organizadores quedaron atrapados entre facciones enfrentadas. Corrían rumores de que Noruega y Portugal podrían sumarse a los cinco países disidentes si Israel permanecía en el escenario. Los documentos muestran que aliados de Israel como Alemania y Estonia se oponían a una exclusión.
Los organizadores calcularon las consecuencias financieras de ambos escenarios: perder a los críticos de Israel o perder a Israel y a sus defensores. Ninguno de los dos resultados era favorable, muestran los registros. Según algunas estimaciones, Eurovisión iba a perder más de USD 600.000 en cuotas de participación.
La situación se había deteriorado tanto que incluso el director de la radiodifusión pública austríaca planteó, en una conversación interna, la posibilidad de que su país se retirara en apoyo a Israel, según una persona familiarizada directamente con la discusión. Eso habría dejado a la edición de 2026, prevista en Viena, sin país anfitrión.
(Un portavoz de la emisora austríaca dijo que “siempre estuvo claro” que Viena sería la sede. Desde entonces, el director renunció).
En una carta enviada a los miembros a fines de septiembre, Eurovisión reconoció que “nunca había enfrentado una situación tan divisiva” y anunció una votación de emergencia sobre la participación de Israel.
En privado, los abogados de Eurovisión dieron un consejo extraordinario: los organizadores podían excluir legalmente a Israel si así lo deseaban.
Eurovisión, dividida
Unas semanas después, Eurovisión canceló la votación de emergencia, alegando el nuevo alto al fuego en Gaza. La cuestión fue postergada hasta diciembre.
Las emisoras seguían teniendo dudas sobre los derechos humanos y la campaña de marketing israelí. Pero Eurovisión parecía querer que la controversia desapareciera. Su equipo de comunicación había enviado un correo electrónico desalentando a las emisoras a hablar con periodistas.
La demora le dio tiempo al gobierno israelí para desplegar una ofensiva diplomática.
Según documentos y entrevistas con personas involucradas, embajadas israelíes contactaron a emisoras en al menos tres países. En un cuarto país, el gobierno israelí se puso en contacto con el ministerio de Relaciones Exteriores para hablar sobre Eurovisión.
Finalmente, en diciembre, tras meses de debate y demoras, las emisoras se reunieron en Ginebra para abordar la participación de Israel.
Una vez más, Eurovisión eludió la cuestión.
El sindicato de radiodifusión organizó una votación sobre si limitar a cada espectador a 10 votos y “desalentar campañas promocionales desproporcionadas”.
Pero había un giro: si los miembros aprobaban los cambios, estarían aceptando mantener a Israel en Eurovisión sin votar nunca explícitamente sobre el tema. (Algunos miembros le habían dicho a Dvorak que no querían ser responsabilizados en sus países por una votación así).
La presidenta del sindicato de radiodifusión, Delphine Ernotte Cunci, reconoció que el acuerdo “podría parecer bastante extraño”. Pero, explicó, “la solución más democrática posible” era no votar, según el acta de la reunión.
Frederik Delaplace, de la emisora belga VRT, no quedó convencido. Eurovisión, dijo en la reunión, estaba “escondiéndose detrás de directrices” en lugar de debatir sobre derechos humanos.
En una votación secreta, las emisoras aprobaron los cambios de reglas. Israel seguiría en Eurovisión, sin que nadie tuviera que votar al respecto.
Las cinco emisoras disidentes boicotearon rápidamente el concurso.
Green dijo que las nuevas normas abordaban “una cuestión de percepción”, no problemas reales.
En la edición de Eurovisión de este año en Viena, otros países están poniendo a prueba las nuevas normas, movilizando a sus diásporas para votar.
Y una publicidad israelí vuelve a generar polémica. Un equipo detrás del concursante israelí, Noam Bettan, hizo circular promociones en las redes sociales pidiendo a la gente que votara por él 10 veces.
Los organizadores de Eurovisión, apresurándose para evitar una repetición de lo ocurrido el año pasado, advirtieron formalmente a la emisora y pidieron que se retiraran los mensajes. “Utilizar un llamado directo a votar 10 veces por un artista o canción tampoco está en línea con nuestras reglas ni con el espíritu de la competencia”, dijo Green.
Volvió a asegurar al público que campañas de ese tipo no pueden afectar al resultado.
*Kirsten Noyes colaboró en la investigación. Elisabetta Provoledo, Natan Odenheimer y Gabby Sobelman colaboraron con la reportería.
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