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La desestabilización de las economías y la falta de confianza que la crisis sanitaria ha generado en la sociedad hacia los gobiernos de todo el mundo han permitido que algunas naciones tomen ventaja del contexto creado por el coronavirus, dándole forma a la narrativa internacional del virus para su propio beneficio.
Rusia, que por años ha sido señalado como difusor de campañas de desinformación en diferentes escenarios, como en la crisis de la península de Crimea en 2014 o las elecciones de Estados Unidos en 2016, ha sido una de las naciones que ha sacado provecho de la pandemia para limpiar su imagen y sembrar dudas sobre sus contrincantes.
Junto a los rusos, el gobierno chino ha empezado a aplicar este tipo de procesos para contrarrestar los efectos de haber sido el país donde surgió el virus, que ha contagiado a casi tres millones de personas en todo el planeta. Sin embargo, varios analistas aseguran que, en comparación con Rusia, es un “relativo novato”.
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“China está en una curva de aprendizaje, y en comparación con Rusia, es un relativo novato. Si bien sigue más en la onda de propaganda y diplomacia pública, esto puede cambiar rápidamente teniendo en cuenta que ha estado siguiendo las campañas de desinformación provenientes de Rusia por años”, comentó la coordinadora de proyectos de la Asociación de Asuntos Internacionales de República Checa, Ivana Karásková.
Mientras que los rusos se han enfocado en esparcir mensajes con la intención de dividir para desestabilizar, lo que los chinos han hecho antes y durante la expansión del COVID-19 va más enfocado a la propaganda, tratando de lavar la imagen un mensaje de la nación.
Para la presidente y CEO del Centro de Análisis de Políticas Europeas (Cepa por sus siglas en inglés), Alina Polyakova, esta es la primera vez alrededor del COVID-19 donde estamos viendo estas operaciones de influencia de la información alrededor de un tema de salud pública, que a su vez provienen de actores de estados extranjeros y que se expanden no solo a países de Europa Occidental, sino a nivel global
“Lo que también ha sido nuevo son las acciones de China: por mucho tiempo nos hemos preguntado cuando van a tomar la palabra, no solo en términos de soft power y diplomacia pública, sino en términos de su capacidad masiva”, añadió.
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A su vez, Ivana Karaskova menciona que las protestas en Hong Kong del año pasado para exigir la retirada del proyecto de ley de extradición a China fueron un momento clave para la propaganda, pues el gobierno de Xi Jinping aumentó sus acercamientos con medios de Europa Central y Europa del Este a través de un “ambassadorial hall pass”, que consistió en una gran actividad de embajadores chinos que decidieron hablar ante la prensa.
“Sus entrevistas contienen frases y citas idénticas en seis lenguas diferentes tanto en seis estados miembros de la UE, como en Montenegro, Bosnia-Herzegovina y al norte de Macedonia, mostrando esfuerzos coordinados”, subrayó.
Con respecto al COVID-19, el primer caso de desinformación proveniente de Rusia fue una historia de la agencia nacional Sputnik. En ella se sugería que el virus podría haber sido creado en laboratorios de la OTAN para atacar a China y su economía.
Si bien la experta aclaró que esta información no es coordinada por el Kremlin y no hay estrategia del gobierno ruso detrás, los medios han adoptado sus narrativas al contexto de la pandemia. “El Kremlin no siempre está detrás de estas campañas de desinformación, pero es claro que lidera las estrategias en los casos de propaganda”, señaló.
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Frente al caso de China, Kárázková resaltó el uso de los medios de comunicación alternativos, mediante los cuales ha logrado que “la gente que es pro rusa también sea pro China”. “Se puede sugerir una colaboración corporativa entre los chinos y rusos para trazar rutas de apoyo. Podemos poner el dedo en Bulgaria, donde Russia Today y China Daily tienen la misma oficina, comparten publicador y editores”, asegurq.
Otro ejemplo destacado en este panorama según las analistas es la estación China Radio Internacional. Además de transmitir en muchos lenguajes de los Estados Miembros de la UE, incrementó de su actividad en redes sociales en medio de la pandemia, especialmente en medios bloqueados en China, como Facebook y Twitter, donde su actividad “crece significativamente”.
“China Radio Internacional empezó subiendo el número de seguidores y pagando contenido. Además, los sitios en lenguaje checo tienen 850.000 seguidores en un país de 10 millones de personas, equivalente a una décima parte de la población, por lo que esos números pueden llegar a ser falsos o de cuentas que no pertenecen a ningún checo hablante, que están por ejemplo en árabe”, explicó Karázková.
El director del Real Instituto Elcano, Charles Powell, destacó que Twitter ha adquirido 12 millones de usuarios nuevos en los tres primeros meses de 2020, estadísticas similares a las de Facebook e Instagram. “Con el funcionamiento la gente tiene más tiempo, y unido a la preocupación de la gente por lo que pasa afuera, está creciendo la población de que las campañas de desinformación alcancen sus objetivos”, dijo.
Frente a esa posibilidad, Polyakova concluyó que estas estrategias a largo plazo son diferentes a las rusas de más corto plazo, que tienen efectos más corrosivos con el paso del tiempo. “En esta situación, este tipo de actividades de los chinos afectan y amenazan la libertad de expresión, especialmente en países donde no hay medios independientes del todo desarrollados. Están haciendo inversiones que tengan alto impacto”, dijo.