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El pasado 13 de marzo, justo un día antes de que toda la población española fuera confinada ante el avance del coronavirus, el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, reclamaba unidad a los partidos políticos de la nación para “salvar vidas, empresas y empleos”. Si bien nunca conseguiría su objetivo gracias a las constantes críticas del Partido Popular (PP) a las prórrogas del estado de alarma y a su plan de reactivación económica en la nación, otro adversario planeaba un golpe más certero, justo en medio de la primera fase del regreso a la normalidad tras la pandemia.
Mientras que Madrid, Barcelona y Castilla y León apenas recibían la noticia de que se les permitía avanzar en el camino hacia la nueva normalidad, con varias semanas de atraso frente al resto del país, el partido de extrema derecha ‘Vox’ convocaba una serie de manifestaciones vehiculares en todo el territorio nacional para el 23 de mayo, denominadas “caravanas de la libertad”. Su objetivo era pedir la dimisión de Sánchez por su gestión de la crisis.
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El mitin ocurrió justo dos días antes de que la fase 1 del desconfinamiento entrara en vigor en los tres territorios previamente mencionados. Y si bien la población aún tenía franjas separadas por edades para salir a la calle, las posibilidades se extendían más allá del terreno deportivo.
Los principales beneficiados fueron los comercios, a los que se les permitió operar con una superficie máxima de 400 m2, sin cita y con 30% de aforo, aunque se exigió el establecimiento de horarios preferentes para mayores de 65 años. Otros casos incluyeron los mercados al aire libre, donde se permitió hasta 25% de los puestos abiertos y un tercio del aforo, así como los bares y restaurantes, que solo pudieron habilitar las terrazas con 50% de capacidad.
A pesar de que algunos locales se beneficiaron con esta medida, otros no corrieron con la misma suerte, pues aquellos que solo toman clientes dentro de sus instalaciones tuvieron que esperar hasta la fase 2 para reabrir sus puertas. Esto les impidió solventar los gastos de su eventual regreso a las actividades normales y los llevó a cesar a algunos empleados.
“Mi jefa me ha llamado y me ha dicho que es posible que no me vuelvan a contratar, pues no están ganando dinero porque no tienen terraza”, comentó Gabrielle, estudiante francesa que llegó a Barcelona hace nueve meses y que, hasta antes del confinamiento, trabajó en un café cerca al Paseo de Gracia, una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad.
Considerado el sector de mayor peso en las finanzas españolas al generar más de 12% del PIB, Sánchez anunció a finales del mes pasado la apertura al turismo extranjero desde el 1 de julio, ayudando a que las aerolíneas, los hostales y cada actor de esta rama económica se preparara para revivir actividades que cayeron en su totalidad dentro de la pandemia, incluyendo a los míticos mercados populares.
“La verdad es que los mercados populares nunca cerraron, pero siempre estuvimos solos durante el confinamiento, sobre todo porque estamos pensados para un público turista principalmente. Ahora estamos reactivando todo, pero vendemos la mitad de la mitad de la mitad de lo que solíamos ganar a diario”, dijo Manel, uno de los pocos comerciantes que mantiene su puesto de frutas abierto al público.
Pese a que la vida en Barcelona se reactiva con mayor rapidez a medida que avanza la desescalada, Manel prefiere ser cauto con la recuperación económica de la Boquería. “Siendo generoso, ganamos una novena parte de lo que lográbamos en un día normal antes de la cuarentena. No creo que volvamos a la normalidad antes de 2021”, agregó.
Su pesimismo es comprensible dado el panorama que rodea los locales de La Rambla y que acompañan al mercado. Las pocas terrazas abiertas están casi desoladas, expectantes a que los caminantes que pasan cada día en mayor número decidan parar a beber algo, y los pequeños establecimientos culturales ubicados a unas pocas cuadras aún no abren sus puertas pese a que los teatros, cines y museos tenían permitido operar con un tercio del aforo.
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Reactivar la economía se convirtió en el asunto prioritario del momento, y el líder del PP, Pablo Casado, se encargó de recordarlo a través de su cuenta de Twitter el pasado 6 de junio. “La producción industrial ha caído en abril un 34% en interanual, el mayor desplome de la serie histórica. La automovilística cayó un 92%, lo nunca visto. Y la textil el 77%. Otra vez la mala gestión de la izquierda lleva a España a más paro, crisis y recesión”.
Estos datos le dieron la bienvenida a la fase 2 del proceso de desconfinamiento que adelantaba España y que siguió dando más alivios económicos a la nación. Para el 8 de junio estaba permitido el consumo dentro de los bares y restaurantes, exceptuando discotecas, con permiso para utilizar entre 40% y 50% de su capacidad. Por otro lado, los centros comerciales reabrieron sus puertas con un aforo máximo de 30%.
Sin embargo, el mayor alivio venía con la posibilidad de reducir la duración de las fases restantes desde ese momento. Mientras que la contención del virus revelaba datos prometedores con 48 contagios y cero fallecidos al comienzo de la segunda etapa del desconfinamiento, el gobierno de España empezaba a contemplar la apertura de fronteras al menos una semana y media antes de lo pactado inicialmente, dejando el 21 de junio como fecha de reactivación del turismo en el país.
Para explicar el proceso, Sánchez anunció el pasado 14 de junio que la medida sería efectiva para los países del espacio Schengen con excepción de Portugal, nación con la que mantenían el 1 de julio como fecha límite. Esto provocó que se eliminara el requisito de la cuarentena de dos semanas para todo turista que ingresara en España y que la fase 2 cerrara antes de lo esperado, tan solo tres días después del anuncio del mandatario, y diera entrada a la tercera etapa del desconfinamiento, cuyas novedades incluyeron la posibilidad de viajar con grupos de hasta 30 personas y la capacidad de moverse dentro de la misma provincia.
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La principal novedad tuvo que ver con el poder de gestión de la pandemia por parte de las comunidades autónomas, que pactaron con el Gobierno central la obtención de independencia total para decidir el rumbo que tomaría su territorio. En el caso de la Generalitat de Cataluña, la decisión solo tardó un día en llegar, pues el Govern anunció la entrada de la comunidad autónoma en la nueva normalidad cuatro días antes de que terminara el estado de alarma, en la medianoche del 17 de junio.
No es extraño que el ciudadano de a pie sospeche que habrá un posible regreso del virus y tema perder lo que se ha ganado en este último mes. Al menos así me lo dijo una de mis vecinas, de unos 70 años, cuando me la encontré en el ascensor de mi edificio tras ayudar a un amigo del máster con su mudanza a Tenerife. “¿Sabes? Con este calor, la mascarilla no te deja respirar, y con los rebrotes, hay que tener cuidado. Yo quisiera creer que nada pasará, pero tengo claro que en julio habrá un rebrote”.