Del estupor a la banalización, la percepción de la extrema derecha cambia en Francia

Marine Le Pen, de 48 años, pasó a la segunda vuelta con un resultado histórico de 21,30%, sumando 7,7 millones de votos, frente a los 4,8 millones que obtuvo su padre en 2002. 

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27 de abril de 2017 – 05:33 a. m.
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En 2002, cuando Jean-Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta de las presidenciales, hubo estupor en Francia y cientos de miles de personas salieron a las calles. Pero 15 años después la presencia de la extrema derecha genera mucha menos inquietud.

Un día después de que la representante del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, pasara a segunda vuelta, la gran mayoría de las portadas de los diarios franceses se centraron en la imagen de Emmanuel Macron.

La prensa destacó que la verdadera sorpresa era la calificación de este centrista, un exbanquero de 39 años, desconocido hace tres años, más que la presencia de Le Pen, profundamente antieuropea y contraria a la inmigración. 

El único que retrató en su portada Le Pen fue el diario comunista L’Humanité, que tituló «Jamás» y pidió unidad para «bloquearle el camino».

El 21 de abril de 2002, la imagen de Jean-Marie Le Pen, padre de la candidata actual, conocido por sus comentarios xenófobos y antisemitas, generó una ola de indignación e incluso se acuñó la expresión «es otro 21 de abril» como sinónimo de terremoto político. 

El domingo algunos medios hablaron de «un doble 21 de abril» pero sólo para destacar la descalificación de los partidos tradicionales, el saliente partido socialista y la formación de derecha Los Republicanos, que se han alternado en el poder en el último medio siglo.

Hace 15 años, el mismo día de las elecciones, muchas personas salieron a las calles con pancartas de «Vergüenza de ser francés» y denunciando al FN como Frente del Odio. 

El 24 de abril de 2002 se manifestaron 60.000 personas, un día después 250.000 y el 1º de mayo 1,3 millones de personas salieron a las calles en toda Francia, cerca de 400.000 sólo en París. 

En comparación el pasado domingo unos 300 militantes «antifascistas» y «anticapitalistas» se manifestaron en París «contra Marine y Macron». En otras 40 localidades hubo movilizaciones similares que reunieron a 2.000 personas bajo el lema «Ni racista ni banquero».

«Hoy ya no existe la misma convicción de que el FN sea un peligro para la democracia y los resultados anunciados son extremadamente inquietantes», comenta a la AFP Dominique Sopo, presidente de la oenegé SOS Racisme.

Según él, hay que ser «pedagógico» para explicar «las extremadamente claras diferencias hay entre los dos candidatos». 

De acuerdo con un sondeo publicado el lunes, Marine Le Pen obtendría un 40% de los sufragios en la segunda vuelta. 

Su padre, confundador del partido fundado en 1972, fue derrotado con contundencia en 2002 en la segunda vuelta por el candidato de la derecha, Jacques Chirac (82% frente a 18%).

Marine Le Pen, de 48 años, pasó a la segunda vuelta con un resultado histórico de 21,30%, sumando 7,7 millones de votos, frente a los 4,8 millones que obtuvo su padre en 2002. 

Desde 2013, los sondeos auguraban que Le Pen estaría en la segunda vuelta. 

«Es todavía más grave que en 2002, ya que esta situación parece generar menos reacciones que hace 15 años, pero la hija es lo mismo que el padre», dijo alarmado Laurent Berger, líder de CFDT, un importante sindicato francés.

Muchos electores, desencantados de las políticas de derecha hasta 2012 y luego del gobierno socialista de François Hollande, miran hacia los extremos.

«Es la única solución que no hemos intentado» es una frase que se escucha frecuentemente.

En consonancia con otros movimientos europeos, Marine Le Pen basa su campaña en conceptos como la «preferencia nacional» para los franceses, la lucha contra la inmigración y la vuelta a la prosperidad. 

Desde que tomó el liderazgo del partido en 2011, ha intentado suavizar la imagen incendiaria del FN, una estrategia que ha surtido efecto.

El martes, François Hollande lamentó que «no haya habido una toma de conciencia de lo que pasó el domingo». «No es banal cosa que la extrema derecha esté en la segunda vuelta», destacó. 

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