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Las fachadas de las casas y edificios con las banderas de Rusia y de Moscú. La gente en las calles luciendo la Cinta de San Jorge en sus chaquetas, bolsos, morrales o atada en las antenas de los carros. Carteles y pasacalles que invitan a la celebración. Ensayos día y noche en los alrededores de la Plaza Roja para el imponente desfile militar.
Así se viene preparando Moscú desde hace varias semanas para la celebración del Día de la Victoria. El día en que la sentida firma del general de la Alemania nazi Wilhelm Keitel hizo oficial la rendición de sus tropas frente al mariscal del Ejército Rojo Georgi Zhúkov. Se trata de la fiesta patria más importante, representa el triunfo de la Unión Soviética y los aliados sobre el proyecto expansionista fundado por Adolf Hitler.
“Es una celebración muy importante. Si nuestros abuelos y abuelas no hubieran ganado la guerra, no existiríamos ahora como país. La fiesta del 9 de mayo es grandiosa, es como nuestro cumpleaños”, opina Kate Melnikova, recepcionista de un centro comercial del centro de Moscú.
Este año la conmemoración de la llamada Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia a la Segunda Guerra Mundial, tiene un sabor especial. Se cumplen 65 años del fin del conflicto. Por eso habrá algunas novedades, especialmente en el desfile que recorrerá varias calles del centro de Moscú.
El desfile comenzará a las 10:00 de la mañana (hora de Moscú) y se espera la presencia de cerca de 40 jefes de Estado en la capital rusa para homenajear a las 27 millones de víctimas soviéticas que dejó el conflicto, entre militares y civiles. También se festeja la noticia de que a partir de ese día, en los libros de historia soviética, Rusia aparece como la gloriosa vencedora, una sólida barrera militar que se encargó de arrinconar y eliminar el fascismo del mundo.
En la parada desfilarán cerca de 10 mil uniformados, 127 aviones y helicópteros y unos 160 equipos terrestres. Luego vendrá lo más llamativo: el increíble despliegue armamentista con carros de combate, tanques blindados, lanzamisiles y otros tipos de máquinas bélicas. El show se lo robarán los famosos tanques soviéticos T-34 que lideraron la guerra en tierra firme, los mejores acorazados de entonces, y los misiles balísticos intercontinentales Tópol-M, los más poderosa del arsenal ruso actualmente.
Alejados de la zozobra de los días de guerra, era común por estos días que los rusos vieran por tierra y aire a las tropas durante los ensayos. Afinaban el majestuoso recorrido en el que desfilarán las compañías de infantería, de la Fuerza Aérea y de la Marina, luciendo uniformes de la Gran Guerra.
Quizá por la curiosidad por el pasado, son precisamente los jóvenes uno de los grupos que muestra más interés en la celebración del Día de la Victoria. Hasta ahora eso se ha evidenciado con la llamada Cinta de San Jorge, un símbolo más que por estos días está ‘de moda’ entre los rusos.
En los últimos días, en distintas casetas en las calles, estaciones del metro o bancos se entrega a la gente esta banda con los colores naranja y negro, que hacen referencia al fuego y el humo de los tiempos bélicos. Es un símbolo adoptado para conmemorar la victoria rusa, que para los pueblos de la antigua Unión Soviética comenzó el 22 de junio de 1941, cuando la ambiciosa operación ‘Barbarroja’ fue lanzada por Hitler con el fin de invadir las tierras soviéticas y derrotar el comunismo.
Apenas hace seis años se inició esta tradición, pero el furor apareció hace cinco. Desde entonces se han entregado cerca de 55 millones de cintas. Esta costumbre se replica por la comunidad rusa en países como Gran Bretaña, Estados Unidos, México, Turquía, Argentina, China, Islandia, Grecia y Vietnam.
La iniciativa surgió de diversos grupos sociales que quisieron instaurar un símbolo que sirviera para rememorar esos momentos de dolor y a la vez fomentar el orgullo de pertenecer a una nación victoriosa. No inventaron nada nuevo, sino que retomaron de la historia rusa un elemento perfecto: la Cinta de la Orden de San Jorge, que fue establecida en 1769 por Catalina La Grande, era la máxima condecoración para los militares durante la época imperial.
“La cinta es muy importante, especialmente para los jóvenes, porque si la lucen se empiezan a preguntar qué significa, pueden averiguar en internet de dónde viene y qué representa. Nuestras generaciones más jóvenes olvidan y con frecuencia no recuerdan los viejos tiempos”, destaca Oxana Tsurica, quien trabaja como secretaria.
Aunque el mundo se enfrenta hoy en día a otros problemas tan graves como la carrera nuclear o el calentamiento global, el fin de la Segunda Guerra Mundial es un logro que debe celebrar toda la humanidad. El rojo regresa a Moscú como el recuerdo admirable de la gran unión de repúblicas que alguna vez existió.