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El costo del imperio

Rusia deberá nivelar financieramente a Crimea y, además, puede haber perdido la influencia sobre Ucrania, que ayer firmó acuerdos para acercarse más a la Unión Europea.

Mujeres pensionadas de Simferopol, capital de Crimea, observan un discurso de Vladimir Putin. / EFE
Mujeres pensionadas de Simferopol, capital de Crimea, observan un discurso de Vladimir Putin. / EFE
Foto: EFE - YURI KOCHETKOV

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Vladimir Putin, presidente ruso, promulgó ayer la ley que convierte a Crimea en parte de Rusia. El acto legislativo ya había sido aprobado por ambas cámaras del Parlamento de este país.

Nadie duda de la capacidad rusa para hacerse con territorio de otros países, aunque no resulta del todo claro qué gana con estas maniobras, como lo anotó William Hill, profesor de la Escuela Nacional de Guerra de Estados Unidos, en el sitio web de la revista The Atlantic.

Hasta hoy, Crimea aportaba el 3% del PIB de Ucrania y sus mayores ingresos (además de fondos estatales) provenían de una economía basada principalmente en la agricultura y el turismo. Más del 80% del consumo de agua y electricidad era proveído por el gobierno de Kiev.

Además de las consecuencias inmediatas en los mercados, el efecto Crimea comenzará a sentirse en el largo plazo, pues al menos el 40% del presupuesto de la península (aproximadamente US$500 millones) era subsidiado por el gobierno central ucraniano, una cuenta que hoy deberá pagar Moscú (que ya prometió un primer paquete de ayuda de US$400 millones). En palabras de Igor Slyunyayev, ministro ruso para el Desarrollo Regional, esta región tiene una economía “que se ve muy similar a la de Palestina”.

El gobierno ruso ya comenzó a diseñar un plan de gastos para integrar a la región con Rusia, país con el que no tiene una línea de tren ni una carretera, apenas una vía marítima sobre el estrecho de Kerch. La lista comienza con un puente en este punto, que costaría más de US$1.400 millones; también se ha discutido la construcción de un túnel y un corredor férreo subacuático, cuyos costos aún no han sido estimados. Las inversiones continúan con la edificación de una planta de electricidad en la península (que rondaría los US$1.700 millones) o la instalación de un sistema de abastecimiento que corra por debajo del estrecho, como ya prometieron autoridades de la región rusa de Krasnodar.

Buena parte de los votos en el referendo separatista de Crimea fueron depositados bajo la promesa de una mejor vida bajo las alas de la madre Rusia, país que tiene un PIB per cápita promedio de US$14.000, mientras que el de Crimea es de US$5.000, diferencia que, al menos siguiendo las promesas de la anexión, debería igualarse.

En el lado demográfico de la ecuación hay que tener en cuenta que casi un cuarto de la población de la península está constituido por pensionados: alrededor de 500.000 ciudadanos que recibían, bajo la bandera ucraniana, un pago que, cuando menos, es la mitad del que reciben sus contrapartes rusas. Se calcula que para igualar esta diferencia, Rusia deberá invertir casi US$2.000 millones por año. Curiosamente, este era el descuento que los rusos le otorgaban a Ucrania en la factura nacional del gas mientras todavía gobernaba Víktor Yanukóvich.

De acuerdo con algunos cálculos, además de las ganancias políticas y militares, el costo de la anexión de Crimea puede no resultar tan alto si se tiene en cuenta que Rusia cuenta con reservas por el orden de US$170.000 millones, amplios bolsillos de donde estaba dispuesta a sacar US$15.000 millones para ayudar a la Ucrania de Yanukóvich, dinero que ya no girará.

Pero la factura de los intereses extranjeros rusos no acaba con Crimea. Viene ampliándose, desde 2008, con Osetia del Sur y Abjasia, regiones que solían ser parte de Georgia y que, gracias a la intervención militar rusa, hoy son países independientes, así gocen de un reconocimiento internacional de 4,5% entre los dos.

De acuerdo con un informe del International Crisis Group (ICG), publicado en abril del año pasado, el presupuesto de Abjasia es subsidiado por lo menos en 70% por Rusia. Entre 2010 y 2012, el Kremlin le giró a este gobierno alrededor de US$350 millones como parte de un paquete de ayuda integral: según una auditoría oficial rusa, casi la mitad de estos recursos nunca fueron gastados debido a varias fallas en la ejecución de los proyectos (corrupción, retrasos en obras, mala administración). El sistema de pensiones de este país consume, cada año, US$70 millones de los contribuyentes rusos.

En Osetia del Sur, de acuerdo con un análisis de 2010 hecho por el ICG, Rusia invierte US$28.000 al año en cada ciudadano, el doble del PIB per cápita de un ruso promedio. El nivel de corrupción en la región es tal (un fenómeno alimentado por los paquetes de ayuda que Moscú ha puesto a disposición del Gobierno para reconstruir la región después de la guerra de 2008 contra Georgia) que la Fiscalía tiene abiertas más de 70 investigaciones que involucrarían a funcionarios locales de alto nivel, según William Schreiber, autor del libro Moldova: Arena of International Influences. Pero quizá la mayor pérdida de Putin con la anexión de Crimea sea el impulso que le dio al gobierno ucraniano para acercarse a la Unión Europea.

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